domingo 25 de septiembre de 2022 - Edición Nº1768
Dar la palabra » Sociedad » 15 sep 2022

Último libro sobre la justicia fueguina

Despedida (Por Gabriel Ramonet)

Justicia Adicta 2 es el último libro de mi autoría sobre la Justicia de Tierra del Fuego. Lo celebrarán algunos enemigos y quizá no lo lamente nadie, pero con este libro se termina mi aporte sistemático al debate sobre la justicia que merecemos.


 

Los especialistas en marketing y los community manager dirían que este anuncio convendría hacerlo en cualquier otro momento y no un día antes de la primera presentación pública de Justicia Adicta 2.

De todas maneras, hace rato que aprendí a prestarle más atención a cierta necesidad de expresarme a través de la escritura que se me manifiesta en el cuerpo de forma más o menos recurrente. Todo empieza con una idea que da vueltas en la cabeza, que va y viene como una mosca, y que acto seguido se convierte en un cosquilleo, una sensación extraña de éxtasis y urgencia a la que solo puede saciarse en el papel o en el teclado.

No tengo idea sobre si esto que voy a escribir es lo más conveniente. Tampoco sé a cuánta gente puede importarle o interesarle. Pero estoy seguro de la realización interna que me producirá poder soltarlo, como quien ha aprendido a curarse a través de la palabra.

Justicia Adicta 2 es el último libro de mi autoría sobre la Justicia de Tierra del Fuego.

Lamento desilusionar a los inconformistas que me pedían el 2 cuando acababa de publicarse el 1, y a los que reclaman el 3 sin haber leído dos páginas del que recién vamos a presentar mañana.

Estoy muy consciente de mi rol periodístico pero desconfío un poco de aquellos que todo el tiempo te incitan a escribir o contar las cosas que ellos prefieren callarse hasta en las sobremesas de los sábados.

La zaga de Justicia Adicta insumió casi treinta años para documentar episodios que pudieran abrir debates públicos sobre la necesidad de contar con un poder judicial más independiente. No sé si lo ha logrado o si lo logrará en un futuro inesperado. No sé si he podido transmitir que una sociedad cuya última palabra se la cede a personas inescrupulosas y focalizadas en el objetivo principal de hacer negocios, es una sociedad condenada a la esclavitud moral y a la indecencia perpetua. No sé si supe decir que acordarse de la justicia solo cuando un fallo perjudica nuestros intereses personales o sectoriales es siempre una reacción tardía e ineficaz, que solo habilita a la catarsis improductiva y carente de fundamentos. No sé si pude explicar que la Justicia no es solo la Justicia, sino el funcionamiento del poder real de la provincia, que cuando se eligen jueces como en Gran Hermano o se arreglan fallos o se declara la impunidad de un acto de corrupción, no se trata de hechos intangibles o lejanos, sino de la piedra fundamental o la garantía para un cúmulo de inmoralidades que devendrán de aquellos episodios iniciales. No sé si habré logrado traducir al castellano ese vocabulario procaz con que ciertos magistrados esconden sus fechorías haciéndonos creer que todo depende del lado de la biblioteca donde uno se pare.

La verdad, no lo sé.

Insto a mis colegas, o a los historiadores o a los sociólogos, que empiecen a escribir sobre la provincia contemporánea. Al período que abarcan los últimos 30 años desde la provincialización a nuestros días. Les pido que analicen mis libros y si hace falta los refuten, pero no dejen de asentar sus propios análisis y puntos de vista sobre temas tan cruciales.

Exhorto a la clase dirigente a despertarse del letargo en el que se sumergieron hace casi una década, dejando de debatir en público, asumiendo el intercambio de ideas como un chisporroteo de poca monta a través de las redes sociales, fingiendo consensos detrás de canjes prebendarios, asociando en lugar de confrontando, convirtiendo a la democracia en esta neblina silenciosa y a la defensa de las ideas en un cementerio.

Pido a la gente común no dejarse embaucar por las fake news, no formarse ideas por lo que leen en sitios anónimos, en cloacas informativas. Exigir contrastaciones mínimas, enamorarse de la búsqueda por la verdad y no de cualquier estupidez que solo sirve para saciar los propios prejuicios.

No estoy abandonando ninguna lucha. No me retiro de ningún lado. Solo anuncio con una tranquilidad que me asombra a mí mismo, la certeza de cambiar de página.

Lo celebrarán algunos enemigos y quizá no lo lamente nadie, pero con Justicia Adicta se termina mi aporte sistemático al debate sobre la justicia que merecemos.

No sé cuántos seremos mañana en Ushuaia o el 1 de octubre en Río Grande. Sé que estaremos unos sujetos raros, que no nos conformamos con esta realidad de marionetas y gacetillas, que nos gusta pensar por nosotros mismos y no le tememos ni al poder hipócrita ni a las togas de juguete.

Mañana estrenamos el último capítulo de Justicia Adicta, una zaga incómoda para gente incómoda. Los acomodadores de ideas sírvanse permanecer con el culo en el sillón.

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