martes 19 de octubre de 2021 - Edición Nº1427
Dar la palabra » Sociedad » 17 sep 2021

Historias y reflexiones

PODCAST. NOSOTROS los fueguinos II. Capítulo 33. Historias de aviones caídos en el Atlántico Sur (por Gabriel Ramonet)

Medio siglo después, la historia salió a flote. No era una historia de la guerra que más nos duele a los fueguinos, sino otra, de un viejo avión de los 60, olvidado en la profundidad de la memoria, y también del Atlántico Sur.


 

El Atlántico Sur en general y la costa de Tierra del Fuego en particular constituyen una zona de incontables naufragios. Sus historias suelen ser trágicas pero también apasionantes.

Sin embargo, hablaremos hoy, no de barcos, sino de aviones hundidos. Contaremos dos historias breves y una más detallada que resultó el origen de este podcast.

Dejaremos para otra oportunidad, no por falta de interés sino por su extrema cercanía con los fueguinos, la famosa caída del Lear Jet de la gobernación, en 1984.

En enero de 1994, en la isla Borbón, al norte de las Malvinas, un pastor kelper se topó por casualidad con partes de un Lear Jet de la Fuerza Aérea Argentina que tenía dos cadáveres a bordo y que había sido derribado durante la guerra de 1982. Los cuerpos no pudieron ser identificados debido al estado de deterioro en el que se encontraban, y tampoco se pudo continuar con las excavaciones para determinar si se encontraban enterradas más partes de la nave, por la imposibilidad técnica de operar en el terreno de turba, agua y piedras que caracteriza a las Malvinas.

Sin embargo, en abril de 1994, el gobierno kelper declaró el lugar donde cayó el Lear Jet como tumba de guerra y trasladó los cuerpos al cementerio de Darwin, donde yacen los argentinos caídos durante la guerra, para que también fueran sepultados. 

En 1998, ya a dieciséis años de la finalización del conflicto bélico con Gran Bretaña, fue hallada también en la Isla Borbón, parte de una aeronave con restos presuntamente humanos y municiones en su interior.

Al parecer, el fragmento de un avión Dagger fue encontrado por una persona que caminaba casualmente por la zona. El hecho fue reportado a Londres y luego transmitido a las autoridades argentinas.

Por entonces, el gobierno kelper envió al lugar al jefe del Departamento de Investigaciones de Puerto Argentino, Johnatan Butler, encargado de analizar junto a un equipo especial el escenario de la caída.

El diario de las islas Penguin News vinculó la aparición del Dagger con los sucesos ocurridos el 25 de mayo de 1982,  cuando dos aviones Harriet, de la Fuerza Real británica, derribaron una nave argentina en la Isla Borbón, pero en Buenos Aires la Fuerza Aérea aseguró que el ataque había ocurrido en la tarde del 24 de mayo. Según la documentación argentina, esa jornada cayeron tres Dagger cuando regresaban de una operación en la zona. Dos de los pilotos lograron eyectarse antes de caer a tierra y regresaron a su base con vida, pero el tercero, el teniente primero Carlos Castillo, nunca volvió.

Aunque el ataque y posterior caída en el área de tres aviones Dagger argentinos figuraba en los registros británicos de la guerra, la composición y los movimientos del suelo del archipiélago hicieron imposible su localización, explicaron por entonces autoridades de las islas.

Pero el caso de un avión hundido al que le prestaremos mayor atención ocurrió en marzo de 2008. Por esos días, el buque pesquero San Arawa II, de bandera nacional, realizaba pesca de arrastre entre las Malvinas y la ciudad de Río Gallegos, en la provincia de Santa Cruz. A unos 150 kilómetros de la costa, restos de un avión quedaron atrapados en las redes sumergidas a una profundidad de entre 150 y 170 metros.

Se trataba de partes del tren de aterrizaje, el tablero de mando y una ventana o salida de emergencia de una aeronave, que fueron trasladados a Ushuaia unos días después.

El capitán del buque, Osvaldo Lagana, dijo que “ni bien tomamos conciencia de lo encontrado nos comunicamos por radio con las autoridades navales”.

Según informó el subprefecto Abel Papa, de la Prefectura Naval Ushuaia, los elementos fueron descubiertos a los 51º 35´ latitud sur y a los 66º 55´ longitud oeste, en una zona que de acuerdo a fuentes militares formaba parte de la ruta usada por los pilotos argentinos durante la guerra de1982.

Como el lugar del hallazgo podría situarse sobre una línea recta entre Río Gallegos y las Malvinas.  Y desde 1982 no se habían reportado accidentes aéreos que pudieran corresponderse con los escombros encontrados, creció la hipótesis de que podría tratarse de un avión derribado en combate.

Sin embargo, el peritaje ordenado por el juez federal de la capital fueguina, Federico Calvete, desarticuló la teoría en 24 horas.

Según confirmó el mismo subprefecto, la pericia encargada al integrante de la Junta de Investigación de Accidentes Aéreos, mayor José Luis Arnoriaga,  determinó que los restos encontrados por el pesquero pertenecían a un avión North American SNJ-5C Texan accidentado en la zona, el 12 de diciembre de 1961.

El perito utilizó como principal fuente de prueba un número de serie (90940) aún inscripto en la superficie del tablero de mando, y que sólo era utilizado por este tipo de avión militar. Además cotejó esos datos con el registro de accidentes aéreos conservado por la Armada, y así dedujo la correspondencia entre los elementos hallados y el accidente ocurrido hace casi cinco décadas.

El avión Texan matrícula 2-A-306 construido en 1937 e incorporado a la Marina en 1959, formaba parte de la Tercera Escuadrilla de Ataque con asiento en la Base Aeronaval Comandante Espora de Bahía Blanca, aunque a fines de 1961 era uno de los aparatos utilizado para tareas de apoyo por el portaviones argentino ARA Independencia, que realizaba ejercicios militares en la zona.

Justamente ese modelo de aeronave había incorporado modificaciones técnicas (gancho de apontaje) que le permitían aterrizar en portaviones, según describe el sitio web Histarmar, dedicado a la historia y la arqueología marítima.

Sin embargo, el adelanto tecnológico no debía funcionar lo suficiente o el piloto de aquella precaria máquina no pudo sortear el mal clima, porque según confiaron fuentes de la Armada, el avión cayó al mar durante un aterrizaje y se hundió de inmediato.

Sobre la tripulación, poco se sabe. Sus nombres no trascendieron todavía el hermetismo de la causa judicial. Una versión indicaba que habían logrado salvarse, al escapar del avión mientras se hundía.

Medio siglo después, la historia salió a flote. No era una historia de la guerra que más nos duele a los fueguinos, sino otra, de un viejo avión de los 60, olvidado en la profundidad de la memoria, y también del Atlántico Sur.

 

NEWSLETTER

Suscríbase a nuestro boletín de noticias

OPINIÓN