sábado 15 de mayo de 2021 - Edición Nº1270
Dar la palabra » Sociedad » 23 abr 2021

Historias y reflexiones

PODCAST. NOSOTROS los Fueguinos II. Capítulo 12. La farsa de Klass (Por Gabriel Ramonet)

Hay dos cosas que me parecen inverosímiles en lo que voy a contar. Una es que esto efectivamente haya ocurrido. O sea, que yo lo escriba, ahora. Y que nadie venga a buscarme para meterme preso. La segunda cosa que me parece increíble es la existencia de pruebas concretas sobre este fraude.


 

 

Esta es la historia de cómo un presidente del Superior Tribunal de Justicia de Tierra del Fuego se copió el examen para acceder al cargo.

Leyeron bien. La máxima autoridad del Poder Judicial truchó la prueba para ganar el concurso donde fue elegido.

Hay dos cosas que me parecen inverosímiles en lo que voy a contar. Una es que esto efectivamente haya ocurrido. O sea, que yo lo escriba, ahora. Y que nadie venga a buscarme para meterme preso.

La segunda cosa que me parece increíble es la existencia de pruebas concretas sobre este fraude, tal vez uno de los más escandalosos de estas tierras australes.

Primero hagamos una semblanza breve del personaje en cuestión. Se llama Ricardo Klass, y entre 2002 y 2006, fue el integrante del Superior Tribunal de Justicia con más poder en la historia de la Justicia, al menos hasta ese momento.

Klass llegó al cargo a partir de la decisión del ex gobernador Carlos Manfredotti de intervenir de lleno en el funcionamiento de la institución judicial.

Fue a través de la instauración de un régimen de jubilación anticipada de magistrados que descabezó a la cúpula judicial y le permitió nombrar reemplazos a su antojo.

Este abogado de aspecto soberbio y perfil más político que académico, había sido secretario de Justicia durante la presidencia de Carlos Menem, además de abogado personal del ex primer mandatario.

Antes de ser elegido en el cargo, el 23 de septiembre de 2002, concedió una entrevista en la que estuvo lejos de esconder sus lazos políticos. Allí dijo: “soy allegado al Justicialismo. Al gobernador (Carlos) Manfredotti lo he visto hace mucho tiempo, alguna vez, pero no tengo contacto con él. Al (ministro Coordinador Alberto) Revah también lo conozco, aunque no tengo contacto permanente”, reconoció. También admitió que “cuando el Dr. (Saúl) Bouer fue intendente de la ciudad de Buenos Aires, yo fui subsecretario de Gobierno”. Bouer se desempeñaba en 2002 como asesor económico del Banco de Tierra del Fuego.

Cuando lo eligieron juez, Klass ejerció el cargo sin remordimientos: monitoreó expedientes que tocaban de cerca al corazón del poder político que lo nombró, avaló los ajustes económicos de Manfredotti, formó su propio ejército de allegados y amigos en la estructura judicial y protagonizó escándalos de toda laya.

Sin embargo, a partir de la salida de Manfredotti, y del juicio político que le costó el cargo al ex gobernador Jorge Colazo, Klass cayó en desgracia, perdió todo el poder acumulado y debió renunciar en abril de 2006.

Apuró su salida un increíble intercambio de favores. Al día siguiente de firmar una resolución que restituía a Colazo en su cargo (mientras se desarrollaba el juicio político en su contra) el entonces gobernador firmó el decreto 3343/05 que designó a Norma López, en ese momento pareja de Klass, como directora del Banco de Tierra del Fuego.

Cuando finalmente Colazo fue destituido por la Legislatura y en su lugar asumió el vicegobernador Hugo Cóccaro, el Consejo de la Magistratura aprobó el inicio de un jury de enjuiciamiento contra Klass.

El ex hombre fuerte de la Justicia visitó la Casa de Gobierno y pidió una tregua, pero ni siquiera lo recibieron. Ese mismo día presentó su renuncia de puño y letra.

Ahora que tenemos alguna referencia del señor magistrado, volvamos al asunto del examen.

Al momento de “elaborar” su prueba escrita para llegar nada menos que a un puesto en el máximo tribunal de la provincia, Klass reprodujo casi textualmente un escrito perteneciente a un libro ya publicado por su autor, sin citarlo nunca y haciendo creer que era una creación propia.

Klass fue entrevistado en el concurso para ser juez, el 17 de septiembre de 2002. Ese día, una vez concluida la entrevista, fue invitado a elegir “al azar” un tema para elaborar su prueba escrita. Para ello, tuvo que sacar un papel del interior de una caja de zapatos.

Con el papelito en su poder, Klass fue llevado hasta una oficina de la Fiscalía de Estado, cuyo edificio es lindante con el Consejo de la Magistratura (en la avenida Alem de Ushuaia) a los fines de realizar su “examen” en soledad, con una computadora e impresora a disposición. Según el reglamento interno del organismo, el candidato disponía de cuatro horas para completar la tarea.

El abogado presentó un trabajo firmado de puño y letra, al que tituló “Naturaleza institucional de la Suprema Corte de Justicia de la Nación”.

Pero según la denuncia penal presentada en 2009 por los abogados Federico Rauch y Antonio Aciar, ese escrito era prácticamente idéntico, con el agregado de unos pocos párrafos, al que podía leerse en el libro “La Corte Suprema y el control político”, elaborado por el Dr. Alfonso Santiago (h) en 1998 como tesis doctoral y publicado por la editorial Ábaco.

Rauch explicó que este tipo de plagio se conoce en doctrina como “inteligente”, porque no consiste en un mero “copiar y pegar”, sino que conlleva “la tarea intelectual de interpretación del significado y alcances del mismo, eliminando las frases y/o palabras que, en el contexto del trabajo presentado resultaban inconexas o inapropiadas a su criterio. Esta tarea demuestra que el denunciado sabía perfectamente lo que estaba haciendo y los alcances y consecuencias de sus actos, al punto que realizó un maquillaje del texto, modificándolo ligeramente y agregándole un par de párrafos propios para que el trabajo presentado no fuera una copia textual y total del texto plagiado”, razonó el letrado (6).

El denunciante también hizo hincapié en que al momento del concurso, en 2002, el libro de Santiago era muy conocido en la comunidad jurídica, por tratarse de uno de los pocos trabajos que abordaron el tema. Por ello, deslizó como llamativo que desde ese momento y hasta la renuncia de Klass en 2006, en medio de una catarata de pedidos de juicio político, ningún consejero se haya dado cuenta del plagio.

Pero la parte más contundente de las evidencias del caso aparecieron en 2013, cuando trascendió que Rauch y Aciar habían recibido por mail (desde una dirección anónima) el archivo de texto original (del programa Word) donde el ex miembro del Superior Tribunal de Justicia guardó su “examen” para ser juez.

De los datos informáticos del archivo se desprendía información muy valiosa. Por ejemplo, que fue guardado “el 17 de septiembre de 2002 a las 20.59”, es decir, en el mismo momento en que Klass estaba rindiendo el “examen”. También que se lo hizo desde una “organización” llamada “Fiscalía”, probablemente por la Fiscalía de Estado.

Pero el dato clave, proporcionado por el programa Word, es el tiempo de edición del archivo, que fue de apenas 31 minutos.

Ese lapso es insuficiente, no sólo para elaborar un texto de 20 páginas (734 líneas, 132 párrafos, 7501 palabras) sino que tampoco alcanzaría para tipearlo completo.

“Necesariamente, dicho plagio se concretó mediante copiado informático del texto previamente traído o que le fuera aportado al ejecutor del plagio”, concluyó Rauch en su denuncia, dando a entender que Klass sabía del tema a abordar en el “examen”, antes de concurrir a su entrevista en el Consejo de la Magistratura. 

“En síntesis, el denunciado Klass concretó un fraude monumental al Estado y la sociedad fueguina en la noche del martes 17 de septiembre de 2002 entre las 20 y las 21 hs, en las oficinas del consejero permanente y Fiscal de Estado Dr. Martínez de Sucre, adyacentes a la sede del Consejo. Y este plagio fue cometido con el propósito de obtener fraudulentamente el cargo público en cuestión, lo que en efecto ocurrió cuando fue designado como miembro del Superior Tribunal de Justicia”, indicó Rauch.

En la Justicia, el caso fue tomado por el entonces Fiscal Mayor de Ushuaia, Guillermo Massimi, quien elaboró un dictamen admitiendo la existencia del plagio, pero considerando que lo sucedido no constituía un delito, debido a la falta de un “perjuicio económico”, una condición imprescindible de esa figura penal.

“Pese a diferencias triviales, paráfrasis y sucintos agregados propios, lo cierto es que el trabajo cuestionado presenta, en comparación con el otro, una semejanza tal, que permite reconocer que se trata de una misma representación”, señaló Massimi en su dictamen. Y agregó que “el trabajo cuestionado posee sólo ocho párrafos breves de creación propia, y dos párrafos de parafraseados, mientras que tiene 84 párrafos tomados textualmente”.

Sin embargo, el fiscal evaluó después que la conducta del ex miembro de la Corte no se ajustaba a la comisión de un delito penal, porque para ello “tendría que haberse producido un perjuicio económico hacia el autor original del trabajo plagiado”.

Esa postura fiscal llevó a la jueza penal María Cristina Barrionuevo a desestimar sin más trámite la denuncia, el 3 de junio de 2009.

En 2013, cuando este cúmulo de situaciones terminó haciéndose público, el sistema de selección de jueces vigente en la provincia estaba siendo discutido para dar lugar a una eventual reforma. Era en el marco de una de las comisiones de trabajo del Consejo Económico y Social, convocado por la ex gobernadora Fabiana Ríos.

El Consejo dispuso la realización de tres audiencias públicas, en Ushuaia, Tolhuin y Río Grande, para que cualquier persona pudiera opinar sobre el tema.

Adivinen qué pasó. Nada. El sistema de selección de jueces sigue siendo el mismo, ahora, hoy, en este momento.

Pero no nos olvidemos de Klass, al que además le gustaba mucho cantar tangos. Se copió el examen. Fue un mal juez. Intercambió favores con el poder. Y tuvo que renunciar para que no lo echaran. Se vestía con trajes caros. Tenía chofer y hablaba con voz grave. Una vez dijo que los jueces eran la mejor parte de la sociedad.

Como dice la letra de Cambalache, cualquiera es un señor, cualquiera es un ladrón.

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