lunes 12 de abril de 2021 - Edición Nº1237
Dar la palabra » Política » 17 dic 2020

Sahadismo express (Por Guillermo Worman)

Puede definirse como ¨Sahadismo judicial¨ al proceso precipitado de toma de decisión en base a conveniencias y acuerdos políticos dentro del poder judicial fueguino.


Por:
Guillermo Worman

Los tiempos de la acusación por presuntos manejos ilegales contra el juez Raúl Sahade en el Consejo de la Magistratura se mueven a idéntico pulso político con que el magistrado administra la denuncia por presunto abuso sexual contra el Gobernador Gustavo Melella.

 

Ambas causas se manejan por fuera de los parámetros judiciales. La dinámica, sobre todo desde la acusación a Sahade, es propia de una negociación política.

 

La causa contra Melella estaba dentro de un mar de calmas mientras Sahade no era incomodado en su juzgado. Pero los vientos rotaron cuando la acusación que promovió la Cámara de la Apelaciones en su contra tomó estado público y se resolvió abrir la acusación contra el polémico juez de instrucción riograndense, acusado de manipular causas que administra y de intervenir en comunicaciones en donde se habla de cobrar y pagar para agilizar expedientes.

 

En un fuerte golpe de timón, el Sahadismo se puso en marcha. Después de dos años de tener la causa prácticamente paralizada, el mismo juez de instrucción (ahora también denunciado) desparalizó el expediente. Ordenó varias medidas de prueba en el caso en donde está investigado el gobernador Gustavo Melella, y en una suerte de contragolpe judicial llamó a declarar a los tres denunciantes y dispuso que se realice una pericia psiquiátrica al mismo gobernador, ¨tendiente a determinar la estructura de su personalidad, si presenta patología de índole sexual y/o síntomas de perversión en términos psicopatológicos compatibles con los hechos denunciados, así como indicadores de desajustes o desviaciones de la líbido y/o en área de la sexualidad¨.

 

  

Las medidas que jaquean al gobernador Melella volvieron a meter en la agenda nacional la acusación contra el mandatario, diluyendo la presión mediática contra el juez.

 

La decisión judicial (absolutamente observable en el contexto de juez denunciado e investigador) fue leída como una estrategia del juez para mantenerse a flote.

 

Lo cierto es que el método Sahadista dio resultado. La acusación en su contra entró en un cono de silencio y la dinámica que venía teniendo se lentificó.

 

El presidente del Consejo de la Magistratura, el juez de la Corte Javier Muchnik, defendió a ultranza que el candidato Ernesto Löffler debía ser electo antes del 16 de diciembre, ya que vencían los mandatos de los actuales 7 consejeros y que no debían postergarse temas para el ciclo siguiente. Muchnik sorteó así las objeciones del Fiscal de Estado, Virgilio Martínez de Sucre, que advirtió que el concurso debía diferirse hasta que se regularicen las desprolijidades que se habían acumulado en el proceso de selección de los dos cargos nuevos al Superior Tribunal.

Muchnik decidió sobre Löffler y Sahade con la misma rapidez, pero en sentido contrario. A Löffler lo votaron rápidamente en medio de una tormenta de anormalidades (una de las candidatas renunció antes de ser entrevistada aduciendo observaciones al concurso), a la par que a Sahade le postergaron en otro trámite express su acusación, permitiéndole seguir al frente del juzgado y, por ende, continuar al frente de la investigación contra el gobernador Gustavo Melella.

 

Los casos de Löffler y Sahade pusieron nuevamente al desnudo las prácticas políticas del Consejo de la Magistratura, un organismo que fue diseñado en 1991 para distanciar todo lo posible a la política del Poder Judicial.

 

 

Aquel lejano objetivo fracasó estrepitosamente con el correr de los años, ya que, con el paso del tiempo, y la sumatoria de malas prácticas, se transformó en el ámbito de negociación política por excelencia. Mutó de un ámbito de selección y remoción, a una sala de negociaciones alimentadas por el ¨toma y daca¨ en torno al manejo político de la Justicia provincial.

 

Puede definirse como ¨Sahadismo judicial¨ al proceso precipitado de toma de decisión en base a conveniencias y acuerdos políticos dentro del poder judicial fueguino.

 

Es el método que defiende el flamante juez del Superior Tribunal de Justicia, Ernesto ¨Nené¨Löffler, recientemente seleccionado por el mismo sistema que él indica que no debe modificarse.

 

Nota aclaratoria: Löffler sí objeto fuertemente un punto en particular del órgano de selección y remoción de jueces y magistrados. Dijo inmediatamente luego de imponerse en el concurso que había que sacar al Fiscal de Estado del organismo como principal medida para mejorarlo. Virgilio Martínez de Sucre fue el único consejero que no votó a Ernesto Löffler para asumir en la Corte.

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