martes 27 de octubre de 2020 - Edición Nº1070
Dar la palabra » Política » 30 sep 2020

Literatura y Pandemia

Martín Fierro y la viruela negra (Por Alejandro Rojo Vivot)

De cómo el principal poema nacional narra la epidemia de la viruela, en donde fallece el entrañable amigo de Fierro.


Por:
Alejandro Rojo Vivot

“Dejemos ahora aparte la cuestión de quién es más culpable. El hecho es que ha llegado la hora de salvar a nuestra tierra, que nuestra tierra no padece ya por la invasión de los ejércitos de veinte naciones, (1) (2) sino por nuestra propia culpa. Digan si no: al margen de la gobernación legal se ha formado otra, mucho más fuerte que la primera. Y ésa, mucho más fuerte que ninguna gobernación legal, ha establecido sus condiciones, a todo ha puesto precio, y esos precios incluso se han pregonado públicamente. Y ningún gobernante, aunque fuese más sabio que todos los legisladores y todos los hombres de Estado, lograría corregir el mal por más que limitara la acción de los funcionarios desaprensivos mediante la vigilancia de otros funcionarios. Todo será inútil mientras cada uno de nosotros no sienta que, así como en la época del levantamiento, el pueblo se armó contra los enemigos, así debe alzarse él contra la injusticia”. (3) (4)

                                                                                                         Nikolái Vasíevich Gógol (1809-1852)

 

La suerte de gran parte de la humanidad mejoró notablemente cuando cada vez más individuos accedieron a libros pues les era posible leerlos en sus respectivos idiomas, inclusive a escondidas en países gobernados por autoritarios de distintos signos ideológicos y, por caso, la nefasta Santa Inquisición de la Iglesia Católica que quemó numerosas obras y a sus autores.

Entrados en el Siglo XXI, los libros siguen siendo, en varios formatos, una magnífica oportunidad de conocimiento, disfrute, reflexión, etcétera.

En el mismo sentido es dable recordar que parte de la población continúa siendo analfabeta, analfabeta por desuso, atravesada por una anomia profunda y generalizada, pobreza extrema, violencia, lejos de acceder a servicios de salud y saneamiento, etcétera.

En Argentina la inversión en educación es relativamente importante pero, en parte, los niveles de eficacia, en algunos niveles y distritos, poco se corresponden por razones diversas: incumplimiento de las metas de funcionamiento, insuficiente construcción de nuevos edificios y deficiente mantenimiento de los existentes, empleo de algunos recursos pedagógicos del siglo pasado por falta de capacitación, experimentación e innovación, inconstitucional avance del centralismo en desmedro de las autonomías locales y provinciales, injerencia de disputas partidarias y sectoriales que afectan el desarrollo sustancial, etcétera; la significativa voluntad y el compromiso de los involucrados pueden ser causa necesaria pero no son suficientes. Desde luego que existen muchas y notables excepciones mientras algunos dirigentes públicos siguen apelando a la saraza y, por caso, al nepotismo desechando los méritos e idoneidad para los cargos. (5) Es probable que casi todos los argentinos manifiesten su orgullo por su poema nacional, aunque no lo hayan leído o lo conozcan poco. (6)

Si oportunamente la lectura fue atenta y reflexiva seguramente los versos aquí transcritos continuarán muy presentes, en caso contrario es bueno volverlos a repasar.

 

Uno de los pasajes más representativos y de alto contenido en cuanto al sentimiento es el relato de la epidemia de la viruela, donde fallece el entrañable “decente” y “amigazo” (7) Cruz: “Hace mucho que sufrimos/ la suerte reculativa: (8) / trabaja el gaucho y no arriba, / pues a lo mejor del caso/ lo levantan de un sogaso/ sin dejarle ni saliva.

De los males que sufrimos/ hablan mucho los puebleros, / pero hacen como los teros/ para esconder sus niditos: / en un lao pegan los gritos/ y en otro tienen los güevos. (…)

Dentró una virgüela negra/ que los diezmó a los salvajes. (…)

Nosotros nos alejamos/ para no ver tanto estrago; / Cruz sentía los amagos/ de la peste que reinaba, / y la idea nos acosaba/ de volver a nuestros pagos.

Pero contra el plan mejor/ el destino se rebela: / ¡la sangre se me congela!/ el que nos había salvado/ cayó también atacado/ de la fiebre y la virgüela. (…)

Fuimos a estar a su lado/ para ayudarlo a curar; / lo vinieron a buscar/ y a hacerle como a los otros; / lo defendimos nosotros, no lo dejamos lanciar. (…)

Lo apretaba contra el pecho/ dominado por el dolor; / era su pena mayor/ el morir allá entre infieles; sufriendo dolores crueles/ entregó su alma al Criador”. (9)

 

 

NOTAS Y REFERENCIAS

(1) Ejércitos napoleónicos (1812), que produjo centenares de miles de heridos, muertos, huérfanos, viudas, ingentes perdidas económicas, etcétera.

(2) En el Siglo XXI varios mandatarios nacionales fundaron sus fracasos políticos en posibles invasiones extranjeras que nunca sucedieron.

(3) Último párrafo inconcluso de la obra inacabada por su fallecimiento.

(4) Gógol, Nikolái Vasílievich. Almas muertas. Círculo de Lectores. Páginas 444 y 445. Bogotá, Colombia. 1979.

(5) Coloquialmente: hablar sin sentido adrede como un eufemismo prolongado menoscabando al auditorio.

(6) Está traducido a cincuenta idiomas.

(7) “Somos los dos astilla del mesmo palo”.

(8) Marcha atrás.

(9) Hernández, José. Martín Fierro. La Ribera ediciones. Páginas 71, 103, 104 y 105. Buenos Aires, Argentina. 1982.

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