martes 27 de octubre de 2020 - Edición Nº1070
Dar la palabra » Política » 22 sep 2020

La sátira de la Isla de los pingüinos (Por Alejandro Rojo Vivot)

En la genial y muy divertida sátira política histórica de Francia, trasladable al resto de la humanidad, una de las primeras y muy graciosa secuencia sucede en una isla redonda al extremo sur del Océano Austral, donde el misionero Meal, de noventa y siete años de edad, casi ciego, llega a las costas descubriendo a un grupo de pingüinos, a los que bautiza creyendo estar frente a seres humanos.


Por:
Alejandro Rojo Vivot

 “No exigimos de nuestros ejemplos cartas de nobleza; no nos preocupa su procedencia y sí solamente su calidad como tales chistes, siéndonos suficiente para acogerlos el que cumplan su cometido de despertar nuestra hilaridad y sean dignos de nuestro interés teórico”. (1)

                                                                                                                                                                                   Sigmund Freud (1856-1939)

 

Con cierta frecuencia, sobre todo la población que poco o nada lee libros, en cualquier soporte, supone que los escritores más célebres cuentan con una producción que lejos está de incluir al humor.

Este errado concepto también lo encontramos en la educación graduada donde algunos docentes proponen a varios autores casi ineludibles en los procesos de formación salteándose el desarrollo humorístico de los mismos.

Al respecto recordemos lo puntualizado por el filósofo y tratadista francés André Comte-Sponville (1952) “La lucidez nos enseña que todo lo que no es trágico es irrisorio. Y el humor añade, con una sonrisa, que no es ninguna tragedia... La verdad del humor es esta: la situación es desesperada, pero no grave”. (2)

 

Y el prolífero y muy difundido escritor estadounidense Raymond Thornton Chandler (1888-1959) expresó con gracejo: “Mis novelas pudieron ser mejores. Pero, de haberlo sido, no se habrían publicado”.

Es muy probable que quienes disfrutan con la lectura de ficciones, se interesen por la historia política, reconozcan la importancia de los valiosos aportes de quienes comenzaron a descender de las torres de marfil inaugurando el mote de intelectuales, ocupándose de los problemas sociales y políticos de su época, conozcan cabalmente la amplia y diversa obra del francés Anatole François Thibault (Anatole France) (1844-1924), Premio Nobel de Literatura (1921).

Su accionar político fue de noble valía ya que muchas veces sumó sus aportes literarios; fue activo participante de “La Liga de los Derechos del Hombre” (1916), propuso la separación del Estado de la Iglesia Católica, bregó por los derechos de los obreros, etcétera.

En la genial y muy divertida sátira política histórica de Francia, trasladable al resto de la humanidad, una de las primeras y muy graciosa secuencia sucede en una isla redonda al extremo sur del Océano Austral, (3)donde el misionero Meal, de noventa y siete años de edad, casi ciego, llega a las costas descubriendo a un grupo de pingüinos, a los que bautiza creyendo estar frente a seres humanos.

Cuando vuelve a su país se lleva a la rastra la isla entera hasta Bretaña con sus habitantes que “conservaban algunos rasgos de su primitiva naturales”, aunque el agua bendita los había convertido en individuos aunque “mostraban inclinación a mirar de lado y se balanceaban sobre sus muslos excesivamente cortos; su cuerpo quedó revestido de plumón fino”. (4)

 

Y esos nuevos habitantes reviven la historia de Francia, con la extraordinaria oportunidad de cambiarla para bien en el sentido más amplio del concepto, pero…

Posiblemente podrían ser equivalente a los que se unen para el cambio, enuncian ser todos aunque sean una parte, los que están anclados en el tiempo pasado, etcétera, desperdiciando ocasiones de una integral mejora sustentable.

Es un libro altamente recomendable para los jóvenes como para los más eruditos estudiosos; es de fácil y amena lectura y aplicable en muchos sentidos al Siglo XXI.

También vale la pena volver sobre sus páginas pues el placer revive y se acrecienta; pero la desazón se mantiene por que los pingüinos aunque tuvieron ingentes facilidades y oportunidades las perdieron por mezquinas razones.

Ojalá que pronto haya grupos que se reúnan para leerla en voz alta, mirándose a los ojos, reflexionando y riéndose al mismo tiempo. Los aquelarres de la intolerancia y del pensamiento únicono se animarán a entrar aunque aguardarán afuera.

 

NOTAS Y REFERENCIAS

(1) Freud, Sigmund. El chiste y su relación con lo inconsciente. Biblioteca Nueva. Tercera edición. Tomo I. Página 1053. Madrid, España. 1973.

(2) Comte-Sponville, André. Pequeño tratado de las grandes virtudes. Paidós. Barcelona, España. 2009.

(3) Es probable que muchos fueguinos la hayan leído, aunque sea por sus páginas iniciales; además podría ser un hito turístico equivalente a “El faro del fin del mundo” del también francés Jules Gabriel Verne (Julio Verne) (1828-1905).

(4) France, Anatole. La isla de los Pingüinos. Editorial Hesperia. Página 41. Madrid, España. Sin fecha de edición.

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