lunes 23 de noviembre de 2020 - Edición Nº1097
Dar la palabra » Política » 9 sep 2020

El año de la peste (Por Alejandro Rojo Vivot)

Advertimos, pues, que la epidemia se centraba principalmente en las parroquias (5) de extramuros, (6) que por estar más pobladas, y habitadas sobre todo por gente más pobre, era mejor presa para el mal que las de la ciudad propiamente dicha. (…)


Por:
Alejandro Rojo Vivot

                                                                                                                                                                                                           “Una terrible peste hubo en Londres

                                                                                                                                                                                                                          En el año sesenta y cinco;

                                                                                                                                                                                                              Arrasó con más de cien mil almas,

                                                                                                                                                                                                                  Pero yo aún estoy vivo”. (2) (3)

 

Posiblemente, la obra más completa y mejor lograda, de amena lectura, sobre una epidemia de peste bubónica (Londres, 1665), devastadora por sus estragos y consecuencias, sea “Diario del año de la peste” (1722) del destacado político, narrador y cronista británico Daniel Foe (Defoe) (1656-1731).

Es posible que gran parte de los que ejercen el periodismo la hayan leído dado que, en sus páginas encontramos aspectos fundamentales de la profesión como, transmitir lo que les consta por estar en el lugar de los hechos, referencias precisas cuando agregan comentarios de terceros, transcripción entre comillas de documentos, datos relevantes, varias fuentes consultadas, etcétera y las opiniones propias claramente identificadas.

En la época de copiar y pegar o la reproducción de gacetillas oficiales como si fueran textos de autoría, es oportuno reflexionar en este sentido

A casi trescientos años de su primera publicación a muchas de sus páginas las podemos encontrar en los diarios de ayer.

La vida de Defoe, desde su apellido falso para ennoblecer su pasado laboral familiar, sus trabajos, sus aportes a las letras y su intensa actividad política en sí misma podrían ser argumentos de varias novelas.

“Las listas generales de mortalidad que se daba cada semana (4) también aumentaban de forma considerable (…); (entregados por el alcalde) sin salvoconductos y certificados de salud nadie podía abandonar la ciudad (Londres) ni eran admitidos en ninguna posada. (…) Se rumoreaba que el Gobierno iba a ordenar que se cortasen los caminos con vallas y torniquetes para impedir que la gente viajara, y que las ciudades ubicadas sobre el camino no iban a albergar a ningún londinense por temor al contagio, a pesar de que el único fundamento que tenían estos rumores residía en la imaginación de la gente, sobre todo al principio.

(También se debaten entre perder el trabajo o perder la vida).

Advertimos, pues, que la epidemia se centraba principalmente en las parroquias (5) de extramuros, (6) que por estar más pobladas, y habitadas sobre todo por gente más pobre, era mejor presa para el mal que las de la ciudad propiamente dicha. (…)

(Se evitaba el contacto personal, sobre todo dando la mano como saludo y tomando objetos, el dinero preferentemente se entregaba justo para no necesitar recibir el vuelto, etcétera).

(La población sentía miedo al exacerbado autoritarismo del accionar de los poderes públicos como la clausura de viviendas y locales comerciales).

No es de extrañar que el aspecto de la ciudad inspirase miedo. La multitud que abarrotaba todos los días las calles, y que solía proceder de nuestro extremo de la ciudad, había disminuido hasta casi desaparecer. La banca no había cerrado, pero nadie concurría a ella.

(Había médicos con unas posturas y otros que opinaban la inversa); yo no sabría dar una relación completa de los argumentos que usaron ambas partes; lo único que recuerdo es que unos y otros porfiaron a brazo partido. (…)

Fue entonces, como he dicho, cuando la gente desechó todo temor, y quizá demasiado de prisa; la verdad es que ya no teníamos miedo de pasar junto a un hombre que llevase bonete blanco en la cabeza, (7) o un paño arrollado en el cuello, o que cojeara, debido a las llagas de la ingle, todo los cual una semana antes nos aterrorizaba. (…)

(La gente se sanó y luego) el hecho de que volvieran a instaurarse entre nosotros todas las formas de inequidad, tal como he podido ver con mis propios ojos”. (8)

NOTAS Y REFERENCIAS

(1) Ha publicado 29 libros, algunos con varias ediciones.

(2) Defoe, Daniel. Diario del año de la peste. Ediciones BSA. Página 382. Barcelona, España. Junio de 1998.

(3) Así finaliza la obra.

(4) La información se brindaba principalmente en los templos; en toda la obra queda en evidencia la influencia terrenal de las iglesias.

(5) Parroquia civil: sector urbano, muy difundido, con algunas competencias específicas.

(6) Era el conurbano actual con relevantes mayores índices de inseguridad y deficiente accionar de los respectivos poderes públicos.

(7) Identificación visible de ser portador de la enfermedad para favorecer el distanciamiento social.

(8) Defoe, Daniel. Diario del año de la peste. Ediciones BSA. Páginas 13, 19, 20, 29, 266, 267 y 382. Barcelona, España. Junio de 1998.

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