miércoles 23 de septiembre de 2020 - Edición Nº1036
Dar la palabra » Política » 7 ago 2020

Decálogo de la inoperancia (Por Walter Bogado)

No me interesa hacer turismo interno en la ciudad en donde vivo. Tengo mi departamento para hacer la cuarentena, y soy consciente de hacerla. Así como lo hice en la casa de mi madre, en Buenos Aires. Solo es cuestión que me visiten y chequeen que cumplo con lo dispuesto. Ushuaia es una ciudad chica, y tranquilamente el control diario de quienes debemos aislarnos por un par de semanas puede hacerse sin demasiadas complicaciones.


Por:
Walter Bogado

 «Pibe, las que van cerca del palo está bien, las que entran arriba en el ángulo también, las de rebote puede ser, pero las pelotas que van afuera no me las meta en el arco» (del anecdotario futbolero)

Que la cuarentena nos viene castigando duro, no te la discuto. Que te parezca demasiado la cuarentena más larga del mundo con la intención de frenar al bicho que se propaga con una facilidad espasmódica, lo puedo entender. Pero que las cosas se hagan decididamente mal y sin planificación, la verdad no te la puedo justificar.

Mi madre es una señora mayor que vive sola en Buenos Aires, y que no sale de su casa desde que inició la cuarentenea en el mes de marzo. En realidad sí sale, para controlar los achaques normales de una persona que superó los 80 años, pero no más que eso. Soy único hijo y la responsabilidad moral me empujó a solicitarle un certificado para poder salir de la isla a visitarla y hacerle compañía, al menos por unos días. Aún así, la decisión no fue fácil. Las complicaciones en el AMBA, sumado a que mi mamá es población de riesgo, me llevaron a pensarlo más de una vez. En junio no lo hice y en julio finalmente con el consenso de ella viajé. Tramité con total normalidad mi salida, presentando ante las autoridades provinciales el certificado para asistir a mi madre y el pasaje de ida. Al llegar a Buenos Aires la desolación me golpeó el pecho y me recordó las primeras semana en Ushuaia, donde todo era desolación y con estrictos controles en peatones y automovilistas. Por un momento pensé que habíamos hechos las cosas bien…poco me duró ese pensamiento.

A los pocos días de estar en Buenos Aires y siguiendo las noticias de la isla se disparan los casos en Río Grande. Y de allí una oleada de casos en la ciudad del norte. Un vuelo suspendido por unos días y la decisión del Gobierno provincial de aislar en hoteles a las personas que llegaban a la provincia por vía aérea. Luego, el cierre de Río Grande, el cierre de la frontera terrestre y el endurecimiento de las medidas. Hasta ahí, claramente podría leerse el vaivén normal que atraviesan los gobiernos para intentar contener al coronavirus que provoca COVID-19. Veamos algunas cuestiones con la lupa. El Gobernador Melella afirmó que “si nos relajamos, si no extremamos los cuidados, si pretendemos llevar la vida que llevábamos hasta inicios de marzo, los contagios se multiplican y con ellos el drama de quien se enferma, de sus familias, de sus amigos.” Lo llamativo es que el mismo declarante fue quien a fines de mayo habilitó la resolución 864/20 para habilitar algunas actividades, incluyendo a una sector tan emblemático para nuestra cultura como “los mariachis”.

Melella también declaró: …“hemos podido determinar que de la totalidad de los casos de Río Grande, aproximadamente el 80%  se contagió en encuentros sociales, sin respetar las precauciones, y el 20%  restante por contacto estrecho con quienes estuvieron en un encuentro social sin precauciones. Todos los casos responden a cierto relajamiento por parte de las autoridades y de la ciudadanía. Hubo encuentros sociales, no se respetó el distanciamiento ni el uso del barbijo casero ni las medidas de higiene. Nos desentendimos de los protocolos”. Más que desentenderse de los protocolos, el gobernador parece haberse desentendido de sus funciones. Y de esto último puedo dar cuenta en primera persona.

El día 3 de agosto vuelo a Ushuaia. Con los rumores constantes e incesantes de cómo sería el regreso. Al llegar al mostrador de Aerolíneas en Ezeiza me entregan un papel para que lo llene y lo entregue al descender a las autoridades provinciales. El formulario que funciona como una declaración jurada calmó mis expectativas e inquietudes ya que en el texto se mencionaba que había que declarar el domicilio personal en donde se reside en la ciudad o en su defecto en donde se llevaría adelante la cuarentena. Al menos algo estaba en claro, haría la cuarentena en mi hogar y seguramente controlarían que la haga. Al aterrizar, con un protocolo de distanciamiento muy riguroso tanto para el ascenso como para el descenso del avión, fuimos recibidos por funcionarios de salud que nos controlaban la temperatura y sometían a todos los pasajeros a un test olfativo. Luego a esperar la valija y entregar mi declaración jurada. Allí me solicitaron el DNI y una oficial de la Policía Provincial me indicó a qué vehículo abordar. Me pidieron que coloque mi valija grande en una camioneta y que tenga a mano el ticket para comprobar la pertenencia de la misma al llegar. Hasta ahí nada indicaba lo contrario a lo que se manifestaba en el formulario. Lo lógico era que me lleven a mi casa para cerciorarse de mi domicilio, pensé. Cuando ingresé a la combi era el único pasajero, lo cual me entusiasmó pensar que se seguían en tierra también los protocolos aplicados en el vuelo. Todo esto me duró muy poco, diría algo así como 2 minutos. Una vez instalado en la combi dispuesta por el gobierno provincial, observo con un desagrado que iba creciendo que los pasajeros que venían en el avión conmigo completaba la totalidad de los asientos sin ningún tipo de distanciamiento. Y no solo eso, al subir algunos farfullaban quejándose que no abonarían la noche de hotel. Al escuchar esto pregunté de dónde había salido esa versión y uno de ellos me contesta que se lo dijo el oficial que le indicaba la combi a la cual debía subir. Cuando el vehículo estuvo completo ingresó un chofer sin ningún aislante en su habitáculo y nos dijo que nos llevaban a pasar la cuarentena a un hotel y que nadie podía bajar del vehículo, el cual ya estaba siendo custodiado por varios efectivos de la policía provincial. Insultos, gritos, y más, se fueron suscitando en el trayecto al hotel. Llegamos al hotel Mil1810, nos hicieron descender a todos. Esperamos en la calle, en la puerta del hotel, ya que el lobby estaba atestado de personas que habían llegado antes y que habían viajado en el mismo avión que el mío. Pasaron los minutos, la gente seguía ofuscada, pero ahora se le sumaba el frío y el hambre (dos elementos que son caldo de cultivo para que el bicho entre en el organismo). De repente sale el conserje del hotel y le dice en voz alta al oficial a cargo de nuestra combi que nadie avisó que la estadía corría por cuenta de los pasajeros. Al escuchar esto nos empezamos a manifestar, no demasiado académicamente, contra todos: Melellla, sus funcionarios, el conserje, el policía, los empresarios hoteleros…ante esta situación poco feliz, ya que había personas mayores y niños entre los pasajeros, el agente realizó un par de llamados telefónicos e intentó -infructuosamente- apaciguar los ánimos caldeados. Luego de casi 45 minutos de espera en la calle, y ante la total negativa de abonar la estadía de hotel, el agente nos indica que volvamos a subir a la combi porque nos llevarían a nuestras casas. Hicimos lo que nos indicaron, pero nuevamente el manoseo…al subir a la combi el chofer nos dice que nos llevan a otro hotel, en esta oportunidad Las Lengas. En el trayecto al hotel pude ver el balcón de mi departamento, algo es algo…Cuando llegamos, y sin darnos demasiada información, nos iban asignando una habitación para alojarnos. Y nada más…

Me asaltan muchas preguntas y reflexiones. Pero solo compartiré estas: es necesario hacer las cosas de manera tan improvisada? Cuál es el fundamento para tomar medidas completamente eclécticas unas con otras? Es cierto, el virus es incontrolable, pero se hace más difícil su control cuando no hay responsabilidad política por parte de quienes nos gobiernan.

No me interesa hacer turismo interno en la ciudad en donde vivo. Tengo mi departamento para hacer la cuarentena, y soy consciente de hacerla. Así como lo hice en la casa de mi madre, en Buenos Aires. Solo es cuestión que me visiten y chequeen que cumplo con lo dispuesto. Ushuaia es una ciudad chica, y tranquilamente el control diario de quienes debemos aislarnos por un par de semana puede hacerse sin demasiadas complicaciones.

Espero que las autoridades provinciales sean más claros en los mensajes, porque como se sabe “todo comunica”, lo que se dice, lo que se dice mal, y lo que NO SE DICE…

 

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