miércoles 20 de mayo de 2026 - Edición Nº3101
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Barco con hantavirus

La desinformación es un virus (Por Adrián Schiavini)

El daño ya estaba hecho. Una sospecha con escaso o nulo fundamento. Desparramada por todo el mundo, por medios nacionales e internacionales con alcance y por gente con presencia e influencia en redes. Las autoridades provinciales y municipales respondieron con conferencias y declaraciones. Nación envió una misión del Malbrán a Tierra del Fuego.


Desde que se supo del contagio y posterior fallecimiento por Hantavirus de tres personas en el crucero Hondius que partió de Ushuaia, comenzó una cadena de errores y malinterpretaciones acerca del evento. Esto terminó poniendo el foco sobre Ushuaia como lugar en donde el paciente 0 contrajo el virus y, a partir de ahí, instalar Ushuaia como un lugar donde circula el Hantavirus. 

En mi opinión, el clickbait (cebo de clicks) y el mal copiado y pegado, jugaron un papel fundamental en la avalancha informativa y en sus consecuencias. Esto al margen del tiempo de respuesta de la sociedad a través de sus representantes, tiempo que permitió a la bola de nieve crecer. Mediante el clickbait (cebo de clics), los creadores de contenido buscan que te sientas atraído a la publicación o posteo. Si cliqueás, entrás a la publicación, y cuantos más clicks y tiempo por click se pasa en una publicación, mejor es para el creador.  Por otro lado, el copiado y posterior pegado deficiente puede ir deformando la información a medida que se copia de un medio a otro. Por último, en este universo de medios y redes en el que vivimos, conviven medios, periodistas y creadores de contenido que tratan estas cosas seriamente, con otros que viven a costa de titular en forma impactante, de copiar y pegar, o copiar y deformar. Más aún, en un mismo medio conviven periodistas samuráis del copie y pegue, sin leer, ni chequear ni validar, con periodistas que investigan en serio. Recomiendo las notas de Valeria Román y de Nora Bär, que están tratando este tema en base a evidencia.

Las primeras noticias publicadas hablaban de tres muertos por hantavirus en un crucero que partió desde Ushuaia. La historia dramática estaba lista para explotar en redes y medios. Más adelante los medios titulan “el pasajero infectado visitó el basural de Ushuaia”. Aparece la otra capa de desinformación. Relleno sanitario = ratas = Hantavirus = paciente cero.

Cuando la ciencia busca explicar el origen o causa de un fenómeno, trata de evaluar varias explicaciones plausibles, y evalúa la fuerza de evidencia que sostiene cada una de ellas (las “múltiples hipótesis de trabajo” de Chamberlin). Al confrontar hipótesis con la misma fuerza de evidencia, conviene elegir la que demande cumplir menos supuestos, o que demande menos condiciones. Ese principio de parsimonia se conoce como la “navaja de Ockham”, a partir de una idea popularizada por el fraile franciscano Ockham en el s. XIV (aunque tiene orígenes previos). Frente a múltiples explicaciones o hipótesis para un mismo fenómeno, la más simple y con menor cantidad de supuestos suele ser la correcta.

Entonces, para buscar el origen del Hantavirus en un crucero turístico, hay que mirar varias cosas.

Primero. El período de incubación conocido de la enfermedad por Hantavirus (hasta ocho semanas) excede el tiempo que pasó entre que los turistas llegaron a Ushuaia (27/28 de marzo) y se subieron al barco (que partió el 1 de abril). Los turistas estuvieron en Neuquén en febrero del 2026, e inclusive pasaron a Chile por un tiempo. Neuquén, una de las zonas endémicas de la variante Andes del Hantavirus. Este año estamos en un brote de Hantavirus en Argentina.

Segundo. ¿Hay Hantavirus registrado en humanos en Ushuaia? Desde que la enfermedad por Hantavirus es de notificación obligatoria en Argentina (1996) nunca se la registró en Tierra del Fuego. Al margen, tampoco hay registro no oficial de que haya existido previo a 1996.

Tercero.  ¿Podría haber ocurrido Hantavirus sin que se lo hubiera registrado antes de 1996? Sí, pero sería difícil. El Hantavirus se descubrió en Estados Unidos en 1993. La muerte por síndrome cardiopulmonar de un atleta Navajo y la reconstrucción de otras muertes en esa etnia con esos mismos síntomas, llevó a determinar que eso sucedía luego de temporadas de “abundancia”. Muchas lluvias, más vegetación, más ratones, más exposición al virus. Recomiendo una nota reciente del Dr. Rubén Rafael en Prensa Libre en la que cuenta este caso.

Cuarto. ¿Existen roedores reservorios del Hantavirus en Tierra del Fuego y en Ushuaia?

En Tierra del Fuego, los llamados “ratones de campo” incluyen a varias especies. El ratón lanoso (Abrothrix hirta), el ratón colorado (Abrothrix lanosa), el ratón hocico canela (Abrothrix xanthorhina), la rata chinchilla de Patagonia (Euneomys chinchilloides) y el  ratón colilargo (Oligoryzomys longicaudatus). Dependiendo de la especie, alcanzan entre 20g a 45g, desde el peso de una barra de cereal al de un alfajor.

El que nos interesa es el ratón colilargo, el reservorio conocido de la variedad Andes de Hantavirus.  ¿Por qué el ratón no muere si es portador del virus? Lo que nos mata de la enfermedad es el Síndrome Pulmonar por Hantavirus (HPS). El sistema inmune de nuestro cuerpo reacciona al virus. Nuestra propia respuesta inflamatoria destroza los pulmones, a través de una "tormenta de citoquinas" que intenta destruir al virus a toda costa, inundando los alvéolos, algo parecido a la respuesta del organismo al Covid 19. En oposición, el sistema inmunitario del colilargo, que ha coevolucionado durante millones de años con el Hantavirus, activa una respuesta reguladora. En vez de desatar una guerra total que dañaría a sus propios órganos, el cuerpo del ratón logra convivir con el virus, que se replica en las células de la capa interna de los vasos sanguíneos, pero sin causar su ruptura ni afectar la permeabilidad vascular que resulta fatal en humanos. Así, el ratón es el reservorio.

El colilargo es también conocido como lauchita de cola larga, pericote coludo, colilargo andino-patagónico y era denominado wasana en la lengua yaghán. Es decir que forma parte de la fauna nativa de Tierra del Fuego. Posiblemente sea distinto genéticamente a las poblaciones continentales, debido a su aislamiento, dada la presencia del Estrecho de Magallanes. Incluso se ha propuesto que los colilargos de Tierra del Fuego son una sub-especie denominada Oligoryzomys longicaudatus magellanicus. Su cola, tan larga como su cuerpo (o a veces algo más) y típicamente bicolor (gris dorsalmente y blanco ventral), son caracteres útiles para diferenciarlo a campo.

En 1996, el grupo de trabajo del Laboratorio de Ecología Molecular del CADIC capturó 70 ratones en el Arroyo Piloto del Parque Nacional Tierra del Fuego de los cuales 10 fueron ratones colilargos. En 2018, de 18 individuos capturados en los alrededores de Ushuaia sólo uno fue de esta especie. En ambos casos la especie más abundante fue el ratón de hocico canela. Recientemente, mediante estudios de ADN ambiental de muestras de agua dulce, el colilargo fue detectado en las zonas de los ríos Grande, Ewan, Milna, Lasifashaj y Olivia. Por lo tanto, esta especie o sub-especie existe en la Isla Grande de Tierra del Fuego, tiene una amplia distribución, se lo encuentra en muy baja densidad en las inmediaciones de la ciudad de Ushuaia y con algo más de frecuencia en el Parque Nacional.

Si hay colilargo en Tierra del Fuego y en toda Patagonia, debería haber Hantavirus en Tierra del Fuego. Es posible, pero hasta ahora no ha ocurrido. Los ratones se mueven poco. En base a estudios genéticos sobre colilargos de Patagonia norte, colegas del CONICET de Córdoba concluyeron que las tasas de migración son bajas y condicionadas por rasgos del paisaje como cursos de agua y asentamientos urbanos.  Imaginen que para un ratón de 25g de peso, el universo que conoce a lo largo de su vida se limita a un radio de 100 metros. La migración restringida es consistente con la emergencia, también geográficamente restringida, de los casos de Síndrome Pulmonar por Hantavirus. Los casos se concentran espacialmente al oeste de Neuquén Río Negro y Chubut. Santa Cruz ha reportado casos aislados (a unos 800 km de Ushuaia), hace más de siete años. En Tierra del Fuego, volvemos al inicio. Nada desde que el reporte es obligatorio (1996).

Si las densidades del colilargo en Tierra del Fuego son muy bajas, se esperaría que les sea más difícil encontrarse, contagiarse y estar infectados. Puede ser. Pero además entra en juego la “dilución por biodiversidad”. Una experiencia en Panamá reveló que reducir experimentalmente la diversidad de roedores incrementó la prevalencia del hantavirus en la especie reservorio de allá. Mayor diversidad de especies de roedores reduce la prevalencia.

En consecuencia, hay colilargo en Tierra del Fuego, en bajas densidades. Se mueven poco y los casos más australes de Hantavirus se registraron en el continente, lejos de Ushuaia.

Esto es lo que sabemos de los ratones a la fecha. Se espera que la misión en curso del ANLIS-Malbrán, aporte nueva información o corrobore lo que sabemos hasta ahora. Cabe mencionar que la búsqueda de esta misión no se restringirá al colilargo. En la mira también están los ratones del género Abrothrix.  Se los ha identificado como “hospedadores de derrame”, especies en las que se detecta la presencia de anticuerpos o ARN viral de forma transitoria, lo que ocurre porque comparten ambientes con un reservorio principal que está en altas densidades.

Volvamos al principio de parsimonia. Los hechos, hasta el momento:

  • Los turistas, previo a arribar a Ushuaia, circularon por zonas donde el virus es endémico.

  • El período de incubación puede durar hasta ocho semanas.

  • La enfermedad no se ha reportado en Tierra del Fuego al menos en los últimos 30 años.

  • El colilargo está en bajas densidades en Tierra del Fuego.

  • Los colilargos se mueven poco.

  • Los casos de enfermedad por Hantavirus están concentrados históricamente en el oeste de Neuquén, Río Negro y Chubut.

 ¿Cuál es la explicación más parsimoniosa hasta el momento para explicar el contagio con Hantavirus? El paciente cero se contagió fuera de Tierra del Fuego.

Pero no. En el apuro por publicar primero y por generar títulos de clickbait, pasó lo contrario.  Ejemplos.

BBCMundo: “Ushuaia, Argentina: la zona cero de la crisis de hantavirus que alerta a Europa” (11 de mayo)

El Mundo: “Un vertedero de Ushuaia, posible punto de exposición de hantavirus” (12 de mayo)

France Press: “Brote de Hantavirus pone bajo la lupa a Ushuaia, puerta de entrada a la Antártida” (14 de mayo)

La Nación: “Hantavirus: acusaciones internacionales contra Ushuaia” (16 de mayo)

El contenido de las notas agrega más capas de falta de información.  Por ejemplo, un doctor afirma el 4 de mayo “Puede haberse subido el ratón en el puerto, o puede haberse subido una persona previamente infectada…”. Listo, ratones con virus en Ushuaia.  El medio DW de Alemania, incluye en un informe a una médica veterinaria de Patagonia norte que afirma que los incendios forestales recientes empujarían a los ratones hacia el sur. Invasión de ratones infectados, que se mueven miles de kilómetros y cruzan el Estrecho de Magallanes. El mismo informe cierra con el cronista diciendo que “hemos hablado con algunas autoridades y científicos locales que dicen… la última vez que tienen un registro de la enfermedad sucedió en Ushuaia en 1996”.

Las redes no se quedaron atrás. Por ejemplo, en un posteo en Instagram, la Dra. Marta Cohen, patóloga pediátrica conocida por sus intervenciones en redes en épocas de Covid, dijo que “no tenía ninguna duda de que el brote se había originado en Ushuaia”.

El daño ya estaba hecho. Una sospecha con escaso o nulo fundamento. Desparramada por todo el mundo, por medios nacionales e internacionales con alcance y por gente con presencia e influencia en redes. Las autoridades provinciales y municipales respondieron con conferencias y declaraciones. Nación envió una misión del Malbrán a Tierra del Fuego.

Falta la visión desde la ecología del vector, la biología de los roedores portadores. Hablar de Hantavirus es hablar de zoonosis, del reservorio. Entender sobre la ecología del reservorio ayuda a entender la dinámica de la enfermedad producida por Hantavirus, la epidemiología. La salud ambiental, animal y humana están interconectadas, como postula el principio de “Una Salud”. Lo demostró el Covid-19. Vale recordar que, la semana pasada, el gobierno nacional decidió recortar $1.500 millones de pesos del Presupuesto Nacional al Programa Prevención y Control de Enfermedades Endémicas, un recorte del 10%. Las zoonosis no se reducen por obra y magia de una planilla de cálculo.

Este evento genera aprendizajes. Pensemos un escenario alternativo.

Las noticias erróneas o exageradas comienzan a emerger. La Provincia y el Municipio convocan a una mesa que reúne a gente que sabe de Hantavirus, gente que sabe de la enfermedad producida por Hantavirus, gente que sabe de ratones, gente de comunicación, actores privados y públicos. En dos o tres días se elaboran contenidos para responder a la mala información. El cómo lo deciden los que saben de comunicación.

¿Cómo se habrían desarrollado los acontecimientos?
Reaccionar rápido, en conjunto con otros sectores de la sociedad, en base a la evidencia, es una de las maneras de combatir la desinformación.

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