martes 23 de julio de 2024 - Edición Nº2435
Dar la palabra » Política » 7 mar 2024

Periodismo en tiempos convulsionados

(AUDIO) Trampa perfecta, la editorial con que volvimos a la radio en 2024 (Por Gabriel Ramonet)

Creo que los argentinos en general y los fueguinos en particular hemos caído en lo que yo llamo la trampa perfecta. Nos hemos construido un escenario del que no existe salida argumental. Y por lo tanto un escenario que cada día profundiza más los problemas y carece de soluciones.


Siempre sentí la necesidad de contarles a mis eventuales oyentes o lectores el lugar desde donde les hablo. Nunca me gustó presuponer un sitio de sacrosanta equidistancia. Como si cualquier punto de vista me diera lo mismo. Como si fuera capaz de analizar desde un púlpito, con la frialdad de un estudio contable.

Primero porque no creo que ese escenario sea posible. Todos partimos de algún lado: tenemos pasado, historia, vivencias, convicciones, ideas, aunque sean módicas.

El periodismo, para mí, debe respetar dos grandes preceptos: la búsqueda de una verdad verificable, y la pluralidad de sopesar versiones u opiniones diferentes sobre un mismo tema.

Si se aborda un asunto, en lugar de ocultarlo o minimizarlo, y se lo hace con real curiosidad científica y con predisposición a escuchar lo que incluso nos resulte antipático, para mí eso es periodístico.

Ahora, hacerle creer a la gente que escucha o lee, por ejemplo este programa o este sitio, que somos gélidos analistas de una realidad circundante sobre la que no tenemos ningún interés, me parece deshonesto.

Por eso yo prefiero informar desde el vamos, por si alguno no lo tiene claro, desde dónde hablo. Qué visión tengo, cuáles son mis límites, cuáles son mis concepciones generales sobre los temas que abordaré.

De esa forma, el que escucha o lee ya lo sabe. Y sabiéndolo puede incluso hasta obviar esa parte de mi discurso, y analizar lo que le convenga, si es que hay algo que le resulta interesante. Porque peor es bajar línea todo el tiempo en favor de lo que uno piensa o de lo que otros piensan y a mi me conviene difundir. Mucho peor es eso.

Tanto prolegómeno para expresar apenas un par de ideas. Creo que los argentinos en general y los fueguinos en particular hemos caído en lo que yo llamo la trampa perfecta. Nos hemos construido un escenario del que no existe salida argumental. Y por lo tanto un escenario que cada día profundiza más los problemas y carece de soluciones.

Los dos sectores de lo que a grandes rasgos podríamos definir como “la grieta” se las arreglaron para fracasar por ciclos perfectos. Hasta acá fracaso yo, después fracasás vos hasta allá. Y así.

Los sucesivos gobiernos populares, de supuestas ideas progresistas y de discursos en favor de los más necesitados, se comieron a ellos mismos. Tanto les repitieron lo del relato, que al final se convirtieron en un relato. Y la gente se hartó. De la corrupción, del Estado inflado e ineficiente, de los organismos insólitos, de la reivindicación de derechos de minorías cuando las mayorías la pasaban mal. Se hartó la gente de la falta de resultados. Cuando la realidad se chocó de frente contra el discurso, primó el relato. Se quedaron sin fondo, sin estructura, sin las cosas mas importantes. Y sobrevivieron con lo superfluo, hasta que la cosa no dio para más.

Y del otro lado, la derecha que debió comportarse como un sector pragmático, inteligente, capaz de captar al segmento desencantado de la sociedad, se convirtió en un club de nenes bien, descerebrados hasta para hablar y sin convicción para transformar nada. Cometieron el mismo pecado que condenaban. También fueron un relato. No pudieron cambiar y además empeoraron los resultados económicos. Endeudaron al país, fugaron divisas, empobrecieron más a la sociedad y duraron cuatro años en el poder.

En esta debacle política a ambos lados de la grieta, no debería llamarnos tanto la atención que haya emergido un personaje como el que hoy nos gobierna. Carismático, con discurso pseudo técnico y denunciante de una supuesta casta que hasta hoy no se sabe bien lo que es.

La trampa es la siguiente. Javier Milei hace partir sus denuncias y sus diagnósticos de presupuestos reales. Habla del fracaso de sus antecesores, de la necesidad de modificar estructuras, de cambiar paradigmas, de refundar el país. Se apropia del significado de un término tan fundamental para la vida en común, como es la libertad, y la utiliza a su antojo. Retuerce las acepciones de libertad a su gusto y detrás de ello, insulta, defenestra y tensiona con múltiples factores sociales.

La trampa es que no hay argumentos creíbles para refutarlo. Si reivindicás el rol del Estado te tildan de zurdo, de fracasado y corrupto. Si hablás de redistribución del ingreso te recuerdan la emisión monetaria descontrolada y si pretendés justicia social te recuerdan que no hay plata.

La trampa es que la oposición razonable de derecha se partió entre ultras del PRO y radicales. Se peleaban en plana campaña imagínate después de quedar fuera del ballotaje. Una parte se sumó al gobierno con la ministra de Justicia y anexos, y otra quedó boyando sin saber cómo reaccionar.

En la provincia, porque después de todo vivimos en Tierra del Fuego, al gobernador Gustavo Melella parece no costarle demasiado hacerle creer a la sociedad que los problemas económicos de la provincia son todos culpa de Milei, cuando la realidad es lo contrario. Melella es culpable de haber inflado un Estado ineficiente y prebendario, que implosionó por mérito propio. Los municipios, que nunca terminaron de abrirse de Melella, son parte del mismo diagnóstico y les caben las mismas críticas.

La dirigencia fueguina sigue sin entender, o sin querer entender, lo que está pasando. Ni una palabra de ajuste político, de reformas jubilatorias, de achique del gasto en estructura prescindible. Es cierto que tampoco nadie lo denuncia porque todos los partidos son parte del mismo pacto silencioso. Incluso los libertarios, a los que no se escucha hablando de la casta fueguina, por ejemplo.

Hablo desde este lugar y lo declaro en este, el primer programa del año de Periodismo. Lo reafirmo aquí en Dar la palabra, el sitio que dirijo. Esto es lo que pienso y en base a ello opino y analizo. Lo aviso para que no haya sorpresas, para que nadie de los que escucha crea otra cosa.

Hacemos periodismo, como el nombre del programa indica. Volvimos para escuchar a todas las voces, para sopesar todas las posturas, para informar pero desde este lugar donde estamos parados.

 

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