domingo 18 de agosto de 2019 - Edición Nº634
Dar la palabra » Política » 7 jun 2019

Día del periodista

La necesidad del recambio (Por Pablo Riffo Torres)

¿Por qué no hay voces jóvenes en los medios fueguinos? Hay, pero quizás son las menos, no son los protagonistas. Quizás no sobreviven a los estándares establecidos durante años que nunca terminaron de aggiornarse a los mecanismos actuales de comunicación.


El pasado viernes 31 de mayo, el ciclo que conducían los periodistas Luz Scarpati y Gastón Lodos llegó a su fin. No fue el fin del programa ni el fin de la radio, pero si el fin de un estilo y una opción en el aire de Ushuaia.

Un estilo que se diferenciaba de los demás popes del periodismo que se han perpetuado por años y décadas en los medios. Con una militancia activa y directa, sin disfrazarse de supuesta objetividad que alguna vez los periodistas ponderaron como un valor en si mismo. Supuesta porque hace años que la discusión de que la objetividad no existe, está saldada para muchos de nosotros.

Una opción que salía de la norma, no solo en el modelo de operatividad de los programas con estilo AM de entrevistas extensas, editoriales largas, sin valorar la artística ni el juego musical que propone la FM, ni mucho menos respetando los tiempos de las audiencias.

Ya no están más, y sin importar los motivos por los que no están, es bueno reflexionar sobre la perpetuidad de los estilos y los protagonistas en los medios de comunicación.

¿Por qué no hay voces jóvenes en los medios fueguinos? Hay, pero quizás son las menos, no son los protagonistas. Quizás no sobreviven a los estándares establecidos durante años que nunca terminaron de aggiornarse a los mecanismos actuales de comunicación.

Un dato no menor que se debe incluir en la ecuación de la falta de jóvenes en los medios tiene que ver con el modelo de negocios. Los dueños de medios al aire en los programas que venden. Los dueños de los medios negociando pautas, opinando, editorializando, entrevistando.

“¿Quién es el pelotudo que me hizo la nota?” le dijo una vez una legisladora a un jefe que supe tener en algún momento. Los políticos adaptados a ese modelo de negocios tampoco resisten a quien sale de la norma preestablecida. El pelotudo, obviamente, se quedó sin trabajo.

¿Qué se tiene que hacer para sobrevivir en el mundo de los medios? ¿Cumplir con el estándar, aunque implique traicionarse a uno mismo? ¿Perder la identidad a cambio de una línea editorial con la que no comulgamos por mantener nuestro trabajo?

Seamos serios. La objetividad no existe. Existen intereses particulares, y objetivos que no resultan comunes -en la mayoría de los casos-, para los periodistas que se quieren hacer camino en los medios fueguinos.  Que no quieren hacer negocios, que quieren hacer periodismo.

Que quienes definan esos intereses sean los que están al frente de los programas durante los últimos 20 años habla o muy mal del modelo de negocio, o muy mal de quienes prefieren la perpetuidad al crecimiento.

Ahora ¿cómo se rompe el ciclo? ¿volviéndose dueños? ¿convirtiéndose en emprendedores? Repetidores del mismo modelo de negocios que estanca la calidad del periodismo pero que para la olla.

La respuesta es simple: apostar a las nuevas generaciones. Apostar a los periodistas jóvenes que entienden el periodismo desde un lugar para la construcción social y no como un mero observador de realidades.

Creer que el modelo puede cambiar, y debe cambiar para mejor. Dar opciones a los oyentes, trabajar para las audiencias. Ponderar la estética y el profesionalismo por sobre los intereses de los financistas.

Permitir que los jóvenes opinen, conduzcan, editorialicen, pregunten y repregunten sin miedo de quedarse sin trabajo. Que los dueños de los medios se dediquen a ser eso: dueños de los medios, y dejen que los jóvenes profesionales de la comunicación les hablen a los jóvenes profesionales de su generación.

Que se deje de trabajar para satisfacer al político y se trabaje para ser un producto atractivo. Cumplir con las reglas de formar, informar y entretener, pero desde la franqueza. Con posturas claras, y sin estándares falaces que hacia adentro del periodismo dejaron de tener el valor que tuvieron alguna vez.

¿Se podrá? Es cuestión de decidir.

 

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