domingo 21 de julio de 2019 - Edición Nº606
Dar la palabra » Cultura » 25 abr 2019

La mutación de las ideas

Del alma inmortal al perfil de usuario (Por Fabio Seleme)

Si el alma era la fantasía productora de unidad de un cuerpo fragmentado, el perfil de usuario es más bien su exorcismo por medio de una imagen y algunos datos de preferencias adheridos. Ensayo consciente y aspiracional, el perfil es un segmento que se presenta como una evidencia disgregada.


Las ideas también se extinguen, como las especies naturales. La idea de alma, por ejemplo, es el caso de una idea en caducidad. Desde Tales de Mileto y hasta el siglo XIX tuvo un lugar preponderante en las explicaciones filosóficas del mundo, del hombre y del conocimiento. Hoy, sin embargo, el alma apenas subsiste como referencia poética, infantil o religiosa.

Lo curioso, con la idea de alma, es que, al contrario de lo que uno podría imaginar, no es una idea de origen filosófico o religioso. La idea de alma viene de lo más profundo de la historia. Es una idea arcaica, ancestral. Es una idea mítica y elemental, asociada a la producción de una desmentida de la muerte. En esas representaciones primitivas, el alma era entendida como un soplo o aliento vital, pero también fue concebida más adelante, por ejemplo, en el orfismo, como una sombra, o pareja oscura, un espectro que podía percibirse en sueños y, excepcionalmente también, en la vigilia.

La idea del alma, como aliento o soplo, fue tal vez la más común, aunque la noción filosófica de alma se fue precisando y purificando a medida que los términos empleados, para referirse a ella, tendían a describir menos un principio vital que una especie de “doble” propio de cada uno de los hombres. 

Efectivamente, las primeras especulaciones filosóficas acerca del alma se elaboraron en torno a la idea del fantasma del viviente o de la totalidad de lo existente. El alma era, entonces, el doble del cuerpo. Su negación. Producto paranoico de un “yo” aterrorizado por la muerte, el alma representó un “yo” otro, flotante y desencarnado de profundas injerencias en lo humano. Lo interesante a notar aquí es que, a partir de esa objetivación paranoica, comenzó la edificación de la subjetividad.

De este doble se pasó con el tiempo a describir al alma como un tipo de realidad, sustancia o nube que englobaba algunas de las operaciones psíquicas como la inteligencia, la voluntad, los sentimientos, etc. Luego, esas operaciones psíquicas se redujeron a funciones mentales de naturaleza básicamente química, que daban por resultado el fenómeno emergente de la mente. La mente vino así en el siglo XX a negar el alma y su duplicidad perturbadora.

Extinta el alma, ninguna instancia metaforiza ya nuestra existencia y ninguna trascendencia la define. Nuestra esfera espiritual parece agotarse ahora en una serie de descifrables circunvoluciones neuronales. Pero si la noción de mente es la negación del alma en el campo científico-filosófico, en términos rituales y simbólicos las almas se han diluido en otras contingencias diferentes. Han ido a naufragar, entre otros lugares, a la playa de los perfiles de usuario.

Son los perfiles, esos reflejos y simulacros irrisorios de autoconstrucción con los que intervenimos en las redes sociales informáticas. En ellos se ve el último rastro de la peripecia histórica de las almas, porque los perfiles son la recapitulación del flujo de su dialéctica negativa: el alma trascendente niega el cuerpo mortal, la mente como emanación neuronal desmiente la analogía del alma y los perfiles resultan la información residual de una identidad puesta en esa otra circunvolución neuronal externa que es Internet.

Si el alma era la fantasía productora de unidad de un cuerpo fragmentado, el perfil de usuario es más bien su exorcismo por medio de una imagen y algunos datos de preferencias adheridos. Ensayo consciente y aspiracional, el perfil es un segmento que se presenta como una evidencia disgregada. En los perfiles, una percepción subjetiva obliga a una objetividad plana y directa. 

Los perfiles cumplen la función de informar a los otros acerca de cómo deben considerarnos y apreciarnos. Por eso, si el alma era de naturaleza paranoica, el perfil es de naturaleza perversa. El alma era la sede de la memoria, los perfiles el campo de una pura proyección distorsionada e inestable. Teníamos sólo un alma, pero podemos hacer múltiples perfiles.

Sin embargo, tanto los perfiles como las almas son del orden de lo perenne. Y en esto radica tal vez el poder de proyección defensiva de ambas ideas. Si uno se fija bien, los perfiles, del mismo modo que sucedía con las almas, siguen activos mientras nosotros dormimos. Y también les espera igualmente la eternidad, porque permanecerán en la red incluso después de que muramos.

Según proyecciones matemáticas, en el 2060 Twitter y Facebook serán redes sociales con más muertos que vivos. Para eso han comenzado a surgir las aplicaciones para perfiles cuyos “dobles” de carne y hueso fallecen. De eso se tratan Dead Social o LivesOn que, por ejemplo, bajo el lema “When your heart stops beating, you'll keep tweeting” (Cuando tu corazón deje de latir, mantendrá tu piar) permite seguir tuiteando, aún después de ser cadáver. Todo esto a partir del automatismo de un programa que realiza un análisis del historial para mantener los mismos tonos, frecuencia, intereses y estilos del ausente.

Perfiles en pena de los muertos, pero también de los vivos cuyos cuerpos los abandonan al perder u olvidar sin remedio las contraseñas. Sin cielo ni inframundo, todos flotan el mismo purgatorio digital, perfiles fantasmas de vivos y muertos, los creados por robots y los administrados por personas reales. Todos igualmente nítidos y ficticios. Fuera de todo orden normativo, los perfiles de usuario cohabitan en la indiferencia que les proporciona el no estar sometidos a la expectativa de algún juicio final.

 

 

(*) Este artículo recibió el "Premio Limaclara internacional de ensayo". El galardón se entrega anualmente a textos ensayísticos publicados en medios gráficos o digitales.

 

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