jueves 21 de marzo de 2019 - Edición Nº484
Dar la palabra » Política » 18 feb 2019

Análisis político nacional

El antiperonismo light (Por Gabriel Karamanian)

Las elecciones del 2019 están muy cerca. Es un error pensar que el PJ unido podría ganarlas. Está en ese partido nacional y popular permitirse crecer en un espacio socialdemocrático de amplio espectro, dejando al margen mucha de la liturgia peronista, que a algunos les cae tan bien y a otros tan mal.


No creo ser el único politólogo al que lo desvela tratar de comprender el ascenso de Cambiemos al gobierno en 2015,  y su “buena” elección de mitad de término.

Amplios intentos de explicaciones he leído en estos años: sociológicas, políticas, psicológicas, económicas y hasta la combinación de ellas han tratado de entenderlo.

En lo particular, creo que el devenir de los años que ya lleva este gobierno nos permite hoy repensar, con el diario del lunes, qué sucedió en diciembre del 2015 y cómo podría darse un escenario en el 2019.

La mutación de votos que sufre hoy Cambiemos quizás sea la clave para comprender lo que pasó y lo que podría venir. Un análisis de base sociopolítica es la herramienta utilizada.

La imagen que presenta hoy el gobierno no es buena. Las encuestas de los últimos tres meses coinciden en informar que la gestión del gobierno es avalada por un porcentaje de alrededor del 30 % de la población nacional.

Por otro lado, la oposición extrema, quizás representada por el  kirchnerismo y la izquierda, hoy suman una intención de voto también cercana al 30%.

Ambos extremos explican, con modo grosero, los núcleos duros de esta polarización. Explican la grieta. Ambos extremos explican  “a priori”, la vieja dicotomía peronismo-antiperonismo. Pero, ¿qué hay en el medio?

Cuando Massa en 2015 decidió desplazarse por ese espacio de la “ancha avenida del medio” no comprendió, y a los hechos me remito,  qué hay adentro de ese espacio. Y lo que hay, guste o no, es, en su mayoría, antiperonismo.

Claro que se trata de un, llamémoslo, antiperonismo light o antiperonismo moderado. Massa no lo vio y pecó de “demasiado peronismo” durante su campaña para arriesgarse a transitar la avenida del medio.

En la avenida del medio no había mayoría de votos peronistas antikirchneristas como lo interpretó ese candidato. Los votos de la venida del medio eran votos con posturas similares a los que le dieron el triunfo a Alfonsín en el 83 y a la Alianza en el 99.

Por eso Massa no entra al ballotage, y sí lo hace Macri, que logró captar ese antiperonismo light.

A esta altura del análisis, ya me imagino la pregunta que puede surgir: ¿si  hay  un gran porcentaje de votantes no peronistas en el centro de la polarización, porqué ganó CFK en 2007 y 2011 con  el 45 y 54 % de los votos respectivamente?

La respuesta, desde la hipótesis que pretendemos llevar adelante es: ganó con votos no peronistas. Casi una obviedad, pero no tanto para el peronismo más ortodoxo que hoy plantea estrategias para el 2019 en un pensamiento de: “juntos ganamos”.

En aquella oportunidad, la transversalidad llevada adelante por Néstor Kirchner soslayó el protagonismo de Partido Justicialista en ese nuevo armado electoral llamado Frente para la Victoria. El bajo protagonismo del PJ en los gobiernos de N. Kirchner y C. Fernández,  junto al ascenso de referentes socialistas, radicales o progresistas en general, permitió que votantes antiperonistas light se dieran la oportunidad de ver en los Kirchner una posibilidad social demócrata más allá del archirenombrado peronismo.

En una palabra, los Kirchner lograron unir el peronismo con el antiperonismo light.

Las elecciones del 2019 están muy cerca. Es un error, en el sentido de la hipótesis, pensar que el PJ unido podría ganar las próximas elecciones.

No alcanza con el peronismo unido solamente. El peronismo unido ortodoxo, rígido en sus símbolos y credo, solamente genera antiperonismo. La derecha, Macri y Durán Barba lo saben. Está en ese partido nacional y popular permitirse crecer en un espacio socialdemocrático de amplio espectro, dejando al margen mucha de la liturgia peronista,  que a algunos les cae tan bien. Y a otros tan mal. 

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