martes 13 de noviembre de 2018 - Edición Nº356
Dar la palabra » Política » 16 ago 2018

Debate sobre la ley del aborto legal

El aborto y cómo desmitificar mitificando (Por Pablo Sulima)

En una la nota titulada “13 mitos difundidos sobre el aborto”, firmada por Ricardo Forgione Tibaudín y publicada en este mismo portal, se presentan varios supuestos argumentos a favor del aborto, cada uno de los cuales es a continuación “desmitificado” por el autor. Lo que sigue es una respuesta que pretende dejar en claro que lo afirmado allí comete los errores que se le imputan a la posición opuesta.


En una la nota titulada “13 mitos difundidos sobre el aborto”, firmada por Ricardo Forgione Tibaudín y publicada en este mismo portal, se presentan varios supuestos argumentos a favor del aborto, cada uno de los cuales es a continuación “desmitificado” por el autor. Lo que sigue es una respuesta que pretende dejar en claro que lo afirmado allí comete los errores que se le imputan a la posición opuesta.

 

  • Son prejuicios e imposiciones generados por la iglesia católica.

 

Si bien la iglesia católica, en efecto, no es la única institución religiosa que se manifestó fuertemente en contra del proyecto, su influencia es indudable[1]. Y aun así, el hecho de que la mayor parte de las religiones se manifiesten en contra del aborto no supone ninguna prueba en contra de él. El autor incurre aquí en la falacia de apelación al pueblo: el que una mayoría de personas manifieste una creencia en común no aporta ninguna prueba respecto de la verdad de dicha creencia. Imagine el lector que, si fuera como el autor sostiene, entonces, porque la gran mayoría de personas en la historia de la humanidad siempre creyeron que el sol se movía alrededor de la tierra, esto era efectivamente así. En tanto que las alusiones a las posturas de Tabaré Vázquez y de Hipócrates[2] son falacias de apelación a la autoridad: no importa quién sea el que esté a favor (o en contra) del aborto. Lo que vale respecto del tema son sus argumentos.

 

  • Es una cuestión de salud pública.

 

Y efectivamente lo es. Porque el proyecto de legalización pretende garantizar la integridad física de mujeres que de otra manera se exponen a los riesgos de un aborto clandestino, que sólo en algunos casos termina en muerte. Por otro lado, es paradójico que para el autor del artículo los fetos de las mujeres que pretenden abortar sí merecen la protección pública, pero no así sus madres gestantes[3].

 

  • A las 14 semanas no es un bebé.

 

En primer lugar, cabe aclarar que la discusión no es si es un “bebé”, sino si el feto en cuestión es un ser dotado de conciencia. La cuestión es espinosa, pero en general hay relativo consenso en los países en los que la práctica del aborto es legal en que se permita sin restricciones hasta el tercer mes, ya que las manifestaciones y signos de conciencia se dan luego  de ese lapso de tiempo. La frase “todas las mujeres advierten claramente que tienen una vida en el vientre desde que sienten los primeros síntomas” es inequívocamente falsa. En primer lugar, para hacer tal afirmación hacen falta pruebas, que justamente acá son las que faltan. Pero además el autor confunde inaceptablemente los síntomas médicos (mareos, naúseas, etc.) con los movimientos que hace el feto, en general a partir del cuarto mes de embarazo. De hecho, buena parte de los embarazos son asintomáticos los primeros meses (puede incluso que alguna mujer lea estas líneas estando embarazada pero sin saberlo).

 

  • La mujer tiene derecho a decidir sobre su cuerpo.

 

Por todo argumento, el autor afirma que “lo que no puede hacer la madre es decidir por la vida de un tercero que además tiene un padre”. Allí supone dar por sentado que hay un hijo ahí, y en eso consiste precisamente la controversia. Dar por sentado lo que se pretende probar significa incurrir en una falacia de petición de principio.

 

  • Es un tema de mujeres.

 

Si bien en los hechos es efectivamente cierto que para que se produzca un embarazo hacen falta dos, el punto en cuestión es que es la mujer la que acarrea en su propio cuerpo al feto, con todas las consecuencias físicas, psicológicas y sociales que ello implica.  La frase “los hombres no puedan tener injerencia en la gestación y mucho menos en la decisión unilateral de terminar con la vida de su hijo” implica cometer nuevamente la falacia descripta en el punto anterior.

 

  • La legalización del aborto hará bajar la cantidad.

 

“Es obvio que si algo está prohibido y despenaliza no hay razón para que baje. A lo sumo no aumentará” es lo que esgrime el autor. No hay ninguna cita, fuente o referencia que presente como aval. El mismísimo ministro de salud, durante su exposición en el Senado, más bien afirmó lo contrario: las tasas de mortalidad materna en los países en los que se legalizó la práctica fueron en descenso[4].

 

  • La Ley de despenalización establece la gratuidad del aborto.

 

En efecto, tal como expresa Forgione, la práctica no será gratuita, pero omite el hecho de que el propio proyecto admite que empresas de medicina prepaga y obras sociales deberán hacerse cargo de él cuando se trate de clientes o afiliados. Respecto de las cifras que brinda, no precisa ninguna fuente, ni creíble ni inverosímil[5]. Sin embargo, no duda en afirmar, insisto, sin ningún tipo de pruebas, que “serían necesarias estadísticamente 150.000 intervenciones quirúrgicas anuales cuando actualmente en el Hospital Garrahan se realizan 13.000 anuales y hay una demora de 3 a 6 meses para cirugías oncológicas”. El autor ignora, u omite maliciosamente, que la gran mayoría de abortos, por lo menos hasta la octava o novena semana de embarazo son hechos con mifepristona y misoprostol, sin intervención quirúrgica.

 

  • La Ley es de interrupción voluntaria del embarazo.

 

Más allá de las afirmaciones patéticas (“ese nombre es un eufemismo para enmascarar una masacre de 500.000 vidas anuales”) el autor discute el significado de “interrupción”, como si eso fuera lo relevante. Descalifica el uso del término porque, sostiene, una interrupción supone necesariamente una continuación, lo cual es equivocado[6].  Por supuesto, a lo largo de todo su artículo, abunda en afirmaciones cargadas de significados emotivos (“bebé en gestación”, “terminar con la vida de su hijo”, “crimen” o “masacre” por citar un par de ejemplos), que no se corresponden con la idea de presentar razones para estar en contra, sino que son utilizados para despertar el rechazo del lector.

 

  • Sólo habrá abortos hasta la semana 14 de gestación.

 

Como cualquier legislación que lo regula, el aborto puede realizarse luego de las 14 semanas si hay razones médicas. No queda claro acá cuál sería el mito en cuestión. Si se insinúa que es una excusa para practicar abortos irrestrictamente, sería bueno que se fundamentara tal afirmación.

 

 

  • Es una cuestión de derechos humanos.

 

Por supuesto, en este caso se vuelve a asumir como verdadero aquello que se pretende probar. Pero por si fuera poco, el autor establece una curiosa analogía y poco feliz analogía entre la práctica del aborto y la última dictadura militar, eso sí, utilizando cifras que no se corresponden con ninguna evidencia[7].

 

  • Las mujeres están a favor de la despenalización.

 

No se entiende, en este caso, ni siquiera si éste es un punto defendido por quienes están a favor del aborto. El sentido común indica que hay hombres a favor y en contra del aborto, como así también hay mujeres a favor y en contra[8].  Pero el autor sólo se limita a afirmar que “todas las encuestas reflejan que hay más mujeres en contra que a favor y los hombres más favor que en contra”. Raro que teniendo tantas evidencias a su favor Forgione no se digne en presentar siquiera una…

Por si fuera poco, a continuación renuncia al “más mujeres en contra que a favor” y pasa al “todas las mujeres advierten claramente que tienen una vida en el vientre desde que sienten los primeros síntomas”. Si seguimos la misma línea argumental, tendríamos que admitir que entonces todos los test de embarazo representan una pérdida de tiempo y de dinero. Pero claro, todo eso es “mito” y no “realidad”…

 

  • Es un problema de los pobres.

 

 “Todas las encuestas reflejan que la mayor aprobación de la despenalización está en el segmento ABC1 y el mayor rechazo en las clases menos pudientes”[9]. Nuevamente no proporciona datos con los que avale esa afirmación, pero además el autor confunde la opinión subjetiva (el que la mayor parte de los pobres rechace el proyecto) con la situación objetiva (las mujeres de escasos recursos son las que suelen poner en riesgo su salud al realizarse un aborto clandestino). Justamente, es un problema de salud pública, no de opinión pública.

Ni siquiera merece comentarios el  cúmulo de prejuicios y lugares comunes con los que se afirma que los pobres “no tiran nada”. Las tendencias económicas y demográficas más bien indican lo opuesto: en la medida en que una mujer tiene oportunidades económicas y sociales de progresar, tiende a tener menos hijos[10].

 

  • Cuando una mujer decide hacerse un aborto es porque está desesperada y se lo hará de todos modos.

 

En primer lugar, teniendo en cuenta lo que representan la maternidad y crianza en las sociedades actuales, considero por principio que la mujer tendrá buenas razones para tomar la decisión de terminar con su embarazo.  En segundo, cuando equipara el suicidio con cualquier episodio de violencia o muerte, vuelve a cometer el error de dar por sentado lo que pretende probar: que el suicidio es un asesinato.

Por supuesto que el tema es controversial y toca nuestra sensibilidad social y nuestras convicciones más profundas. Nadie niega la situación compleja y dilemática que supone discutir la interrupción del embarazo. Por supuesto, nadie tampoco pretende hacer una apología de las prácticas abortivas. Pero, como ya hemos afirmado en un artículo anterior[11] se trata de encontrar nuevas formas de pensar y entender los problemas sociales a la luz de las transformaciones inéditas que se han producido especialmente a partir del último siglo[12], como la emancipación de la mujer, la sobrepoblación humana, o la sobreexplotación de los recursos (entre ellos, de seres vivos dotados de conciencia, algo que preocupa bastante poco a los simpatizantes religiosos). Las invocaciones metafísicas al alma, la persona o los principios religiosos son huellas del pasado. Como decía el filósofo Immanuel Kant, es hora de salir de la minoría de edad social. La legalización del aborto, en ese sentido, representa una oportunidad sumamente valiosa para crecer y madurar como sociedad.

 

[1] Respecto de la postura de dicha institución, cito un párrafo de la obra Quién soy yo… y cuántos, de Richard D. Precht, extraída del capítulo “¿Es moral el aborto?” (Ariel, Barcelona, 2009, página 175):

“(…)Al abogar por la protección incondicional de todos los individuos de la especie homo sapiens, desde el momento en que el espermatozoide se une con el óvulo, la Iglesia católica no se basa en argumentos racionales sino en algo sentido, a saber, en la voluntad de Dios. Curiosamente, sin embargo, esta voluntad es inconstante. Fue el papa Pío IX quien en el año 1869 determinó que desde el momento de su concepción los embriones poseen un alma a todos los efectos. Anteriormente se consideraba que los primeros movimientos del feto, las primeras señales de vida perceptibles, significaban el comienzo de la "animación”. Esta consideración se ajusta mucho más al sentimiento intuitivo, pues la vida sentida tiene un valor distinto que la vida con una existencia meramente biológica, la cual muchas veces no es ni siquiera percibida. Muchas mujeres no sabían entonces -ni saben ahora- que se encuentran en la primera fase del embarazo. Pío IX aprovechó las nuevas posibilidades médicas de su tiempo. En la década de 1860 se hizo posible por vez primera diagnosticar de forma segura el embarazo desde el principio. Al Papa no le tembló la mano cuando amplió el ámbito de poder de la Iglesia a lodos los frutos del vientre materno.”

[2] Teniendo en cuenta lo afirmado en la nota a pie de página anterior, la invocación a Hipócrates es  además un grosero anacronismo.

[3] Mientras escribía este artículo se conoció el caso de la muerte de una mujer de 34 años (y madre de un niño de 2), que antes de fallecer fue internada en dos hospitales, trasladada, operada y tratada con terapia de alta complejidad. Piense el lector no sólo en la integridad de la persona fallecida, sino también en los numerosos gastos extra de los que tuvo que hacerse cargo el estado. Eso también es un problema de salud pública. Link de la nota: www.clarin.com/sociedad/mujer-34-anos-murio-desangrada-aborto-clandestino_0_rkocxOgU7.html

[4] http://www.perfil.com/noticias/ciencia/no-soy-el-abanderado-del-aborto-solo-puse-la-voz-de-la-salud-publica.phtml

[5] En la entrevista citada en la nota anterior, el ministro Rubinstein afirma, en ese sentido, lo siguiente: “El número de abortos en la Argentina no se sabe porque el aborto es ilegal, es clandestino. ¿Qué datos sabemos? Conocemos el dato de los egresos hospitalarios, las internaciones en los hospitales públicos como consecuencia del aborto ilegal. Tenemos registradas 47 mil internaciones y 43 muertes por aborto en 2016, de las cuales 31 son por aborto clandestino. Esos son los datos oficiales. Pero existe un subregistro, ya que hay muchos abortos que no se reportan en el sector público. En razón de los nacidos vivos, la tasa de fecundidad y los egresos hospitalarios en el sector público uno puede extrapolar el número de abortos estimados en el país. Hicimos esta estimación y dio 350 mil, que es el dato que presenté en el Senado”.

[6] Según la Real Academia Española, “interrupción” es “acción y efecto de interrumpir”. E “interrumpir” es “cortar la continuidad de algo en el lugar o en el tiempo”, lo que no implica necesariamente ninguna reanudación. La utilización del vocablo en el proyecto fue, por lo tanto, correcta. Link en internet: www.rae.es.

[7] La CONADEP, mal que les pese a los defensores de los “30.000 desaparecidos”, documentó un total de 7954 casos…

[8] Si el lector quiere algunas cifras, puede consultar la nota publicada en el siguiente link: www.clarin.com/politica/grieta-aborto-horas-sesion-dicen-ultimas-encuestas_0_BklKpGPBQ.html

[9] Véanse las estadísticas que figuran en el link citado en la nota precedente.

[10] Si al lector le apetece una explicación racional de por qué esto se suele considerar así, le dejo el siguiente link: www.youtube.com/watch?v=C103tvWSe6w

[11] http://darlapalabra.com.ar/nota/463/el_aborto_una_materia_pendiente_por_pablo_sulima/

[12] Piense el lector en discusiones actuales en la ciencia como la clonación, la manipulación genética o inteligencia artificial, entre otros… ¿Vamos a seguir manteniendo una mirada pueril sobre las controversias sociales?

 

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