lunes 24 de septiembre de 2018 - Edición Nº306
Dar la palabra » Política » 14 ago 2018

Debate sobre el sistema electoral

Voto electrónico: ¿sí o no? (Por Federico González Brizzio)

Personalmente creo que cambiar el proceso completo es riesgoso, costoso y no aporta ventajas significativas. Pero si analizamos las etapas del proceso electoral, no hay dudas de que donde más se puede actuar es en el momento en que los resultados del escrutinio son enviados a la justicia electoral.


Debo reconocer que nunca había reflexionado racionalmente sobre cuál era mi posición personal, formada, sobre los sistemas de voto electrónico. Durante las últimas semanas revisé, comparé y estudié los diferentes países del mundo que hacen o hicieron uso del voto electrónico. Aquí comparto mi análisis y conclusiones, que espero sean de utilidad tanto para los ciudadanos como yo, como para quienes deban tomar la decisión futura sobre una posible implementación.

El voto electrónico puede ser utilizado en elecciones nacionales, provinciales y municipales, entonces buscar información sobre distintas experiencias en el mundo, es ciertamente complejo.

Por ejemplo, hay decenas de ciudades en el planeta que usan alguna forma de voto electrónico para sus elecciones comunales, pero muy pocos países que lo usan para sus elecciones presidenciales, veamos:

Países que hoy usan voto electrónico para sus elecciones presidenciales: Brasil, Corea del Sur, Estados Unidos, Estonia, Filipinas, India, Kazajistán, Namibia, Rumania y Venezuela.

Países que probaron voto electrónico en elecciones presidenciales y no lo usan actualmente: Alemania, Australia, Canadá, Finlandia, Francia, Holanda, Inglaterra, Irlanda, Italia, Noruega y Suecia.

 

Lo digital como sinónimo de desarrollo

 

Por estos días hay una cierta tendencia a pensar que la tecnología y lo digital son sinónimo de modernidad repentina, de desarrollo instantáneo, casi mágico. De repente me imagino una calabaza y unos ratones, llega la tecnología y se convierten en una estupenda carroza para llevar a cenicienta al baile.

Si tomamos la lista de los países más desarrollados del mundo (según el Índice de Desarrollo Humano que establece Naciones Unidas) es llamativo ver que los primeros nueve países no usan sistemas de voto electrónico. De hecho, la gran mayoría son justamente los que probaron y decidieron volver al sistema tradicional. De los países más desarrollados, sólo Estados Unidos (que está en el décimo puesto) usa desde 1996 el sistema de voto electrónico como un modo alternativo para votar. A pesar de eso, actualmente el 70% de la población estadounidense sigue usando el sistema tradicional en las elecciones nacionales.

Alemania, Australia, Canadá, Finlandia, Francia, Holanda, Inglaterra, Irlanda, Italia, Noruega y Suecia, todos ellos decidieron volver al voto tradicional porque luego de usarlo (parcialmente) en elecciones presidenciales evaluaron que no era un sistema seguro.

 

Pero ¿qué significa seguro?

 

Allá por febrero de 1912 el Congreso Nacional Argentino sancionó la Ley Sáenz Peña, que establecía el sufragio universal masculino, secreto y obligatorio, lo que incrementó los hasta entonces bajos niveles de participación electoral y puso fin a prácticas como el voto cantado o el voto múltiple, que facilitaban diversas formas de coerción sobre los electores por parte de los patrones o caudillos locales.

Esto quiere decir que antes de la Ley Sáenz Peña, el voto en Argentina no era secreto ni tampoco obligatorio. Si perdiéramos una de estas dos condiciones, estaríamos retrocediendo un siglo.

Unos años más tarde, en septiembre de 1947, la Ley Evita incorporaba a las mujeres el derecho al voto y con este último avance, pudimos decir que en Argentina el voto es secreto, universal y obligatorio.

Secreto: quiere decir que nadie debe saber lo que votó cada persona.

Universal: que todas las personas con mayoría de edad, ya sean hombres, mujeres o la etiqueta que mejor los represente, tienen derecho a votar.

Obligatorio: eso.

Si alguno de estos elementos del sistema fuera vulnerado, podremos decir que no es seguro.

 

¿Cómo funciona el sistema electoral actualmente?

 

De manera muy resumida se puede decir que el proceso electoral argentino tiene cuatro instancias: la emisión del voto, el escrutinio de la mesa, la generación de documentos y la comunicación de resultados.

La emisión del voto es la pieza más fácil de comprender, porque es en la que cada ciudadano participa directamente al votar: se presenta en la mesa y se lo identifica para evitar que alguien vote más de una vez, busca la boleta que le interese y la pone en un sobre anónimo, vuelve a la mesa para insertar el sobre en una urna y recuperar su documentación personal.

Como puede observarse, se cumplen las condiciones mencionadas: el voto es secreto, universal y obligatorio. Dicho de otra manera, se sabe quién votó, pero no se sabe qué votó cada persona.

Pero las otras etapas del proceso electoral no son tan conocidas y durante ese recorrido surge una condición más, que es importantísima: que nadie cambie lo que fue votado. La palabra para describir esa condición se llama integridad del voto.

El escrutinio de la mesa es la etapa siguiente a la emisión del voto y es donde participan los fiscales y el/la presidente/a de mesa. Los fiscales son designados por los partidos políticos y se encargan de cuidar que al contabilizar los votos, no falte ninguno para su partido. El presidente de mesa es la persona designada por la justicia electoral para administrar una mesa de votación, tiene que actuar con independencia e imparcialidad, contabiliza los votos y formaliza el resultado final para esa mesa.

Una vez que la mesa cierra su resultado la información se envía por telegrama al centro de datos de la justicia electoral, para procesarla junto a las demás mesas del país. Mientras que la urna es sellada y queda al resguardo para su traslado (una especie de backup por si algo no sale bien).

A medida que la justicia electoral recibe los telegramas, los datos de cada mesa se cargan en un sistema y comienza a visibilizarse públicamente la información parcial, dando lugar a la última etapa de comunicación de resultados.

Entre el envío del telegrama y la comunicación de la “tendencia irreversible” de los resultados, suelen pasar al menos 6 horas.

 

¿Por qué queremos cambiar este sistema?

 

Es fácil conocer los beneficios del voto electrónico porque las empresas que desarrollan hardware y software para votaciones, se encargan de explicarlo en todos los canales de comunicación posibles.

Lo que no es fácil es encontrar la explicación de por qué ya no nos gusta el sistema tradicional.

Algunas personas argumentan sobre el tiempo que se debe esperar para conocer los resultados, otras dicen que la integridad del voto no está garantizada, también están las que se preocupan por los elevados costos del sistema actual. Todas esas miradas son válidas e importantes.

En octubre de 2017 el CONICET, a pedido del Ministerio del Interior, presentó un detallado análisis sobre voto electrónico, para responder los siguientes objetivos:

- Garantizar la completitud en la oferta electoral.

- Simplificar el uso de boletas.

- Brindar mayor accesibilidad a los ciudadanos a la hora de votar.

- Lograr precisión y rapidez en el proceso de conteo de votos.

El documento de 54 páginas está disponible al público y su link fue citado en las fuentes de información que se incluyen al final de esta nota.

Los investigadores de CONICET establecieron una escala de riesgo para cada una de las cuatro etapas del proceso electoral, concluyendo que:

- la etapa de emisión del voto es la más riesgosa y no recomiendan su digitalización.

- el momento del conteo conlleva un riesgo menor, pero tampoco recomiendan digitalizarlo.

- el envío de la información mediante telegrama podría reemplazarse con bajo riesgo.

- la comunicación de resultados es un proceso prácticamente digitalizado a la fecha.

Otra consideración importante del documento, es que uno de los principales objetivos en un sistema de votación es la construcción de la confianza que la sociedad en su conjunto va a tener sobre el sistema electoral. Debido a esto, se recomienda que tanto el software como el hardware utilizados estén diseñados como un sistema abierto, y que cualquier ciudadano pueda conocer en detalle cómo se establece el recorrido del voto. La mayoría de las empresas que ofrecen sistemas de votación no son transparentes en ese sentido y cualquier inconveniente que ocurriese pondría en riesgo la confianza de la población sobre la validez de las elecciones, lo que generaría un grave problema para la democracia.

Quien tenga interés en conocer detalles técnicos de potenciales problemas durante la emisión del voto con sistemas electrónicos, a partir de la página 27 sobran ejemplos en el documento de CONICET.

Volviendo a nuestra filosófica pregunta de por qué querríamos cambiar el sistema, creo que si tengo que esperar 6 horas para saber quién dirigirá el timón del país en los próximos 4 años, no es un problema mayor. Incluso aunque tuviera que esperar un día completo, estoy seguro de que puedo manejar esa ansiedad.

Pero sí, es verdad. Si los resultados fueran instantáneos dormiría más esa noche (después vemos si mejor o peor).

Respecto de que no se esté garantizando la integridad del voto, tengo mis peros:

  1. Si actualmente no se está respetando lo que cada uno votó, entonces habría que cancelar todas las elecciones pasadas y nadie debería confiar en el proceso electivo ni en la democracia. Por lo tanto prefiero suponer que hoy las cosas no están funcionando mal.

  2. Se estima que en el país hay unas 500 mil personas cuidando los votos (entre presidentes y fiscales de mesa) ¿no es suficiente control como para pensar que unas computadoras lo van a hacer mejor?

Finalmente también es común suponer que un sistema electrónico es más eficiente en términos económicos.

Si la votación se realiza totalmente de manera digital sin que se imprima ningún comprobante con lo votado y sin que la persona tenga ninguna boleta “inteligente”, entonces seguramente un sistema digital será más económico que el sistema tradicional.

Pero si la votación requiere algún tipo de boleta inteligente que tenga un chip o cualquier tecnología por mínima que sea, siempre va a ser más costoso que un simple papel y un sobre.

 

Entonces ¿nos quedamos como estamos?

 

Personalmente creo que cambiar el proceso completo es riesgoso, costoso y no aporta ventajas significativas. Pero si analizamos las etapas del proceso electoral ya mencionadas, no hay dudas de que donde más se puede actuar es en el momento en que los resultados del escrutinio son enviados a la justicia electoral.

Si esa información viajara en forma digital en vez de con un telegrama, todo se resolvería mucho más rápido, incluso se disolverían las sospechas de que alguien cambió los datos en el camino, porque las personas a cargo de cada mesa (y cualquier ciudadano/a) podrían chequear la información al instante y esa información sería pública para todo el país, de manera instantánea.

¿Cómo sería el sistema? Supongamos un ejemplo: al finalizar el recuento de la mesa, el presidente accedería al sistema electoral con su DNI y una contraseña que le hayan generado para esa tarea. Cargaría los resultados usando cualquier dispositivo (su teléfono, una computadora de la escuela, da igual) y la información cargada estaría disponible instantáneamente para que cualquier persona la verifique.

O sea que los fiscales podrían en ese momento consultar en el sistema (sin necesidad de ninguna contraseña) poniendo la mesa de su interés y comprobar que la información es la misma que el presidente acaba de enviar.

Todas las mesas del país podrían hacer lo mismo, cualquier ciudadano podría chequear la información consultando la mesa en internet.

No hay dudas de que estamos en un momento de la historia donde la digitalización y la inmediatez de la información cumplen un rol primordial, pero la construcción democrática no es un proceso fácil y ponerlo en riesgo por querer modernizarnos velozmente puede ser un problema. Tal vez aquí valga la pena ser prudentes.

Llegará el día en que podremos votar incluso sin ir a las escuelas, desde nuestra casa, con nuestro teléfono mientras esperamos que se caliente el auto antes de salir al trabajo. Ese día me haré la pregunta ¿no habremos convertido la fiesta democrática del domingo de votaciones en familia, en un trámite administrativo más?

 

(*) Licenciado en Informática. Máster en Ciudades Inteligentes. En Twitter @fedegonzal

 

 

Fuentes de información consultadas

 

La Ley Sáenz Peña

http://www.conicet.gov.ar/la-ley-saenz-pena-y-la-fragil-transicion-hacia-la-argentina-democratica/

 

Historia del voto femenino

https://es.wikipedia.org/wiki/Sufragio_femenino

 

Voto electrónico (en inglés)

https://en.wikipedia.org/wiki/Electronic_voting

 

Instructivo para fiscales de mesa de CIPPEC

https://oear.cippec.org/wp-content/uploads/2015/03/Instructivo-fiscales-VF.pdf 

 

Informe de CONICET

http://www.conicet.gov.ar/wp-content/uploads/Analisis_factibilidad_implementacion_tecnologia_proceso_electoral.pdf

 

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