viernes 14 de diciembre de 2018 - Edición Nº387
Dar la palabra » Cultura » 12 jul 2018

Escuela y tecnología

La educación en los tiempos del iphone (Por Pablo Sulima)

La invención de la imprenta en el siglo XV hizo que innecesario que los sacerdotes siguieran monopolizando el saber encerrado en los libros. Los sistemas educativos nacionales permitieron la universalización de la lectoescritura. Quizás el siglo XXI sea, con la irrupción de internet, el siglo de la democratización universal del conocimiento. Y puede que sea el celular la herramienta más democrática de acceso a éste.


Como es de público conocimiento, está prohibido el uso de teléfonos celulares en los colegios (por parte de los alumnos, claro está). Las razones que se esgrimen para ello apuntan a la dispersión que provoca en los estudiantes, tanto respecto de prestar atención a lo que sucede en la clase como distrayéndose gracias al uso de whatsapp, juegos, videos o redes sociales. Además, el celular sirve para hacer las cuentas que los alumnos deberían saber, consultar lo que se ignora en Google, e incluso, mandar y recibir respuestas de alguna eventual evaluación de forma clandestina. Ni que hablar de grabar la clase y, por ende, de que quede un registro diferente del “tu palabra frente a la mía”, que deja sin armas a los alumnos cuando éstos tienen algún altercado con los docentes.

Quizás el celular incomode tanto porque rompe ese espacio binario de adentro/afuera que es el dispositivo escolar, pero también porque puede llegar a tornarlo obsoleto (de un modo que expondré más adelante). En todos esos sentidos, el celular representa claramente un problema para la escuela.

Es mi intención en estas líneas presentar algunos argumentos en defensa del uso de los teléfonos celulares como herramienta que potencia en conocimiento en vez de dificultarlo.

En primer lugar, habría que aclarar que el concepto de “teléfono celular”, de entrada, es inapropiado. Claro que un celular permite comunicarse con alguien a distancia, pero también saca fotos y graba videos, permite navegar por internet, acceder a redes sociales, tiene juegos, calculadora, gps y linterna, entre muchas otras funciones. Es una computadora multifunción con conexión a internet, con todo lo que ello significa.

Por supuesto, la conexión a internet significa no sólo acceso a chats y videos de gatitos, sino el acceso universal a la cultura. Cuando yo era estudiante secundario, en los ochenta, y los profesores nos pedían que buscáramos alguna información en un diario, esa era una tarea muy demandante: había que encontrar un diario en la casa, y en el caso en que no hubiera ir a comprarlo. Había que llevarlo, lo cual ocupaba espacio,  ensuciaba los dedos y hacía que tuviéramos que llevar también tijeras y plasticola. O usar un diario viejo, con lo cual si uno quería trabajar con noticias del momento resultaba engorroso y frustrante.

En el caso del libro, había que trasladarse hasta una biblioteca y depender de la suerte de que estuviera, o de que nuestros padres realizaran el oneroso acto de ir a comprarlo (si es que estaba en la librería, claro está). Si antes el problema era cómo lograr tener a disposición la información, en la actualidad tenemos el problema inverso: qué de la impresionante cantidad de información que tenemos a disposición es relevante.

Hoy en día, puedo mandar (y de hecho lo hago asiduamente) archivos en pdf y artículos de actualidad por whatsapp  a mis alumnos, y tienen el material de forma instantánea sin tener que comprarlo o dirigirse a algún lugar y conseguirlo.

Como increíblemente no hay internet en las escuelas, yo mismo le doy  con mi celular internet a mi computadora y les paso videos  en el momento en el que lo necesite, pudiendo improvisar si la situación lo amerita o enviarles el link en un mensaje de whatsapp.

Podemos consultar el diccionario sin tener que ir a biblioteca y retirar ningún libro, y, lo más radical de todo, podemos aprender sin necesidad de asistir al colegio.

Páginas como Khan Academy brindan cursos completamente gratuitos en los que podemos aprender desde matemáticas hasta biología o economía, incluyendo entre otras posibilidades la programación de computadoras o la animación digital. Cada vez más aparecen canales y videos en youtube con excelentes contenidos educativos, explicaciones de temas en formatos breves y adecuados al tiempo de atención y de indiscutible calidad[1]. Y si a alguien le interesa, también existen los MOOC’S (cursos abiertos, masivos y en línea, por su sigla en inglés), ofrecidos por diversas universidades de prestigio a nivel mundial y en muchos casos en forma gratuita[2].

En ese contexto, podríamos decir que el celular con conexión a internet ofrece posibilidades de formación inédita. Por ejemplo, la provincia de Buenos Aires acaba de lanzar una plataforma para terminar la secundaria a través de internet[3]. Y me animo a decir que esta es una revolución que recién comienza[4].

El otro día uno de los chicos de un curso que tengo a cargo en filosofía (más precisamente en nuestro grupo de whatsapp) publicó una foto en la que se hacía referencia a la prohibición del uso de los celulares en función de que éstos terminaban provocando dispersión. Por supuesto, varios alumnos manifestaron inmediatamente su disconformidad. Pero lo interesante fueron sus argumentos. Entre bromas y chicanas (como debe ser en toda charla informal), dijeron cosas como éstas: “Para mí si una clase es interesante, al menos en lo personal, ni necesito tocar el teléfono”, “yo digo que si se preocuparan porque las clases sean más divertidas se solucionaría todo”, a lo que una contesta: “no sé si divertidas, pero mínimo, interesantes. Con eso, chau problema con los celulares”.

Por supuesto que la tarea del docente no es entretener (eso es algo que incluso explícitamente establecimos desde el comienzo con los alumnos), pero cuando uno sitúa el problema en un contexto más amplio queda claro que el malestar con los celulares, más que causante de problemas, es un síntoma del desconcierto en el que se encuentra el sistema educativo.

Por supuesto que es entendible el motivo de la prohibición: el celular puede ser, en línea con lo que venimos afirmando, un instrumento que desafíe el sentido que le damos a la labor del docente: ya no hace falta tener Historia con el profesor (que puede ser bueno, pero también malo) para saber lo que pasó en la Revolución de Mayo, porque ahora podemos encontrar videos, documentales, libros, artículos o aún archivos digitalizados que nos permitan conocer mucho más de lo que puede transmitir el docente. Las explicaciones que están en la web no sólo pueden ser más claras y completas que las de aquél, sino que además pueden ser repetidas, pausadas o adelantadas cuantas veces haga falta y, dato nada menor, en el momento en el que se quiera.

En contraste, si las prácticas educativas están basadas en el papel y la lapicera, monopolizadas por el discurso monopólico del docente y organizadas en bloques de varias horas seguidas para transmitir el mismo tipo de conocimientos y habilidades en los mismos tiempos a un colectivo de menores agrupados compulsivamente en torno a su edad, como mínimo es entendible la crisis con respecto a qué, cómo y por qué enseñar[5].

La invención de la imprenta en el siglo XV hizo que innecesario que los sacerdotes siguieran monopolizando el saber encerrado en los libros. Los sistemas educativos nacionales permitieron la universalización de la lectoescritura. Quizás el siglo XXI sea, con la irrupción de internet, el siglo de la democratización universal del conocimiento. Y  puede que sea el celular la herramienta más democrática de acceso a éste.

Como para andar prohibiéndolo…

 

 

[1] Ejemplos de excelentes canales en youtube son Crash Course (casi todos sus videos pueden verse con subítulos en varios idiomas), Quantum Fracture, Educatina. Academia Play.

[2] Sólo cito algunos portales que ofrecen MOOC’s: Edx, Coursera, Udacity, AprenderGratis.

[3] www.clarin.com/sociedad/provincia-lanzaron-plataforma-terminar-secundaria-internet_0_HyHt7VuMQ.html

[4] Al que quiera conocer sobre experiencias educativas virtuales, le recomiendo que ponga “Sugata Mitra” en el buscador de youtube y vea alguno de los videos que aparecen allí.

[5] El historiador Yuval Noah Harari dice que, en el contexto actual de robotización creciente de las actividades económicas, como no tenemos idea del tipo de habilidades que van a ser social y económicamente necesarias en veinte o treinta años, no tenemos tampoco idea del tipo de habilidades que hace falta enseñar hoy.

 

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