sábado 18 de agosto de 2018 - Edición Nº269
Dar la palabra » Urbanismo » 23 may 2018

Debate por el crecimiento urbano

La ciudad que queremos, la ciudad que podemos (Por Jorge Cófreces)  

La planificación debe ser el resultado de un debate amplio, plural, interdisciplinario, participativo, donde todos aquellos actores que conformamos esta sociedad –aun no siendo expertos en el tema- podamos dar nuestra opinión y aportar distintas miradas sobre el futuro de la ciudad. Esto debe hacerse organizadamente desde el marco de un Plan de Desarrollo Estratégico, o como queramos llamarle.


Mucho es lo que se ha dicho y hemos escuchado sobre cómo o hacia donde debería crecer nuestra ciudad: hacia el este, hacia el oeste o hacia una urbanización o ciudad satélite, entre otras opciones.

Lo cierto es que las ciudades son “entidades vivas” que crecen, mutan, se alteran, y lo más desatinado es dejar que “lo hagan solas” y que no nos tomemos el trabajo de planificarlas, por la razón que sea.

En mi opinión, toda intervención del hábitat humano indefectiblemente genera impactos en el ambiente, pero es nuestra obligación y la de los planificadores minimizarlos y mitigarlos para hacer de nuestro hábitat un mejor lugar para vivir.

En lo personal entiendo, además, que esta planificación debe ser el resultado de un debate amplio, plural, interdisciplinario, participativo, donde todos aquellos actores que conformamos esta sociedad –aun no siendo expertos en el tema- podamos dar nuestra opinión y aportar distintas miradas sobre el futuro de la ciudad. Esto debe hacerse organizadamente desde el marco de un Plan de Desarrollo Estratégico, o como queramos llamarle.

Nuestra ciudad ya ha pasado por esta rica experiencia en dos ocasiones, la última lamentablemente interrumpida (la actualización del Plan Estratégico).  En estos planes se establecieron premisas y líneas de acción  partiendo de dar respuesta a la pregunta: ¿Qué ciudad queremos?, dando pautas para obrar en consecuencia y tener una ciudad sustentable en el tiempo.

Una premisa fundamental de sus conclusiones fue la de “echar mano” a los vacíos urbanos (espacios servidos aun vacantes en la mancha urbana), y en ese marco hoy podemos vislumbrar algunas acciones positivas que pueden parecer pequeñas, pero que a mi entender de eso se trata: las ciudades son el resultado de pequeñas intervenciones en armonía con el “todo”.

Lamentablemente existen las respuestas “de ocasión” que dan por tierra con el trabajo colectivo de muchos años, y también podríamos dar muchos ejemplos de ello.

En ese trabajo planificado de proyectar una “ciudad sustentable” se discutieron y evaluaron muchas alternativas posibles, pero siempre se chocaba con la realidad de la “ciudad que podemos”, resultado del análisis de posibilidades y costos; posibilidades de espacio, topográficas, de conectividad, entre otras, y de costos de la tierra, de servicios, y de otros fundamentales para su concreción.

Hoy podemos ver algunos ejemplos de buenas prácticas realizadas surgidas del Plan Estratégico 2003-2013 y de otros planes como el Plan Director de Agua y Cloacas de Ushuaia. A modo de obras concretas puedo mencionar “la nueva calle que atraviesa la Base Naval”, la actual intervención en el Barrio Colombo, la urbanización de Monte gallinero con el programa Procrear, las nuevas plantas de tratamiento de Bahía Golondrina y del sector industrial, entre otras. Pero fundamentalmente debemos hacer foco en impedir las intervenciones de ocasión que no devengan de una planificación seria, colectiva y sustentable.

A modo de conclusión entiendo que debemos “pensar en grande” el futuro de nuestra ciudad, pero su materialización es el resultado de “acciones pequeñas” y posibles en el marco de una planificación colectiva cargada de legitimidad, con proyección en el tiempo y obligatoriamente respetada por todos, pero fundamentalmente por las autoridades de turno.

 

(*) Arquitecto. Ex secretario de Desarrollo y Gestión Urbana de la Municipalidad de Ushuaia.

NEWSLETTER

Suscríbase a nuestro boletín de noticias

OPINIÓN