martes 23 de octubre de 2018 - Edición Nº335
Dar la palabra » Política » 21 may 2018

El acceso a la tierra y la vivienda

El okupa no entiende (Por Andrea Fabiana Cepeda)

El okupa no entiende que, si bien la Constitución Nacional instruye al Estado a garantizar el libre acceso a la educación, a la salud y a la vivienda, eso no le da el derecho de apropiarse de tierras que nos pertenecen a todos, de manera ilegal, intempestiva y delictiva.


El okupa no entiende por más que uno, apoyado en toda la legislación vigente, intente explicarle que lo que hace con la tierra, con el bosque, con las personas que lenta y apaciguadamente esperan en un listado, está mal, desde todas las formas, desde todos los puntos de vista.

El okupa no entiende que, si bien la Constitución Nacional instruye al Estado a garantizar el libre acceso a la educación, a la salud y a la vivienda, eso no le da el derecho de apropiarse de tierras que nos pertenecen a todos, de manera ilegal, intempestiva y delictiva.

El okupa no entiende que su manera de reclamar ese derecho al obtener por izquierda un predio fiscal, va en detrimento de aquel hijo de vecino que ansía lo mismo, pero amparado en todos los procesos legales, pagando durante años elevadísimos costos de alquiler, que no siempre acompañan a la inflación y mucho menos a los sueldos.

El okupa no entiende que mientras él se pudo apropiar de lo que supuestamente dice que le pertenece, alambró mil metros cuadrados, cuando el que espera recibir lo mismo, se resigna al interpretar que aquél que tiene esos mil metros cuadrados, no va a comprender que él no tiene ninguno, siendo que en esos mil metros cuadrados se le pueden dar solución a dos o tres familias.

El okupa no entiende. Y se justifica diciendo que Ushuaia está así desde tiempos inmemoriales… que siempre ha sido de esta manera y que para más antecedentes se debe recurrir a la historia fueguina. Y con ello deberé seguir resignándome a que no podré reclamar lo mío porque antes hubo unos cuantos que lo hicieron de manera ilegal.

El okupa no entiende. Definitivamente no alcanza a comprender los daños irreparables que le ocasiona al vulnerable ecosistema fueguino, construyendo sin ningún tipo de planeamiento, talando y destruyendo bosques antiquísimos, imposibles de reponer por el tipo y clase de árboles de lentísimo crecimiento y proliferación; contaminando delicadas napas de agua pura de manantial con residuos cloacales que envenenan la tierra sin ningún tipo de tratamiento o control.

El okupa no entiende. Claro que no comprende que cuanto más arriba construya más difícil les resultará a los servicios de emergencia acudir ante la posibilidad de un siniestro, ni hablar de los incendios que arrasan con casas, árboles, con caminos que son más huellas que caminos; y si a eso le sumamos que durante el invierno estos caminos se tornan intransitables, todo se agrava mucho más. Luego se lamentan las tragedias, los muertos, las colectas por aquellos que lo han perdido todo, etc, etc.

El okupa no entiende. Y he llegado a la conclusión que tampoco le interesa comprender. De todos modos hay y hubo un Estado ciego durante muchísimos años, viendo por ejemplo que aunque hace 20 años están ocupando la Ruta J con innumerable cantidad de viviendas recién ahora actúa, cuando todo se hizo evidente. Claro, las mejores casas de vaya a saber qué poderoso ricachón… las pasan por alto.

Por eso, el okupa no entiende. Entonces el Estado de alguna vaga manera resulta cómplice.

El okupa no entiende. Que aunque infringe varias leyes y le cabría varios procesos penales en su contra, que ameritan que vaya preso por varios años, no se preocupa porque ningún juez o fiscal le entabla dicho proceso y casi que no corre ningún riesgo, a pesar de que comete un delito, un crimen, o mejor dicho varios, incluyendo tala indiscriminada de bosque nativo, ocupación ilegal de tierras, etc.

El okupa no entiende. Tampoco yo.

Y hablando de mí: hace casi 20 años que resido de forma permanente en la ciudad de Ushuaia y me enorgullece decir que pago alquiler desde entonces.

El IPV me rezagó porque aunque vivo aquí desde hace dos décadas, por el hecho de haber estado en un legajo que no me pertenecía, no figuro en sus registros desde antes de 2017. Me dijeron que aunque estoy inscripta desde el año 1999, no me pudieron conservar la antigüedad porque en ese entonces mi ex pareja me había anotado en el legajo de su madre.

El okupa no entiende. Que somos muchos más los que queremos las mismas cosas que ellos, pero por derecha; quizás no talamos, ni contaminamos, ni perjudicamos el medio ambiente, pero eso no significa que no nos aflige la necesidad de contar con una vivienda.

El Estado no entiende. Que no podemos comprar una casa que vale tres millones de pesos porque no nos alcanzaría la vida para juntar ese dinero y que nuestra única forma de acceder es a través de este Estado ridículo, ciego y oportunista, con un plan de viviendas accesible para todos los vecinos hijos de vecinos buenos, de clase media y trabajadora.

Tengo 41 años, si espero el tiempo del IPV tendré 60 cuando me den la vivienda.

Mis hijas serán adultas y seguramente yo ya no estaré aquí.

Y como yo, seguro, si buscan, hay miles.

Sin embargo, no soy okupa, ni lo seré jamás. Eso, el okupa tampoco lo entiende. No es capaz de comprender que aunque necesito la vivienda, no voy a apropiarme de lo ajeno de manera ilegal.

El okupa no entiende. El Estado tampoco. De otra forma, si hubiera entendido el derecho de los legales, de los que esperamos y alquilamos, y les damos hijos a esta bendita tierra, hubiera combatido la ocupación ilegal en sus inicios, no ahora, que está 90% ocupada, saqueada; y tampoco elaboraría planes para urbanizar y dar servicios a aquellos que ante la vista de todos, se apoderaron de todo, dejándonos a los demás sin nada.

Creo que ha llegado el momento de que nuestras voces sean oídas.

Es imperioso y estrictamente necesario que esto cambie.

Somos muchos. Somos todos.

Puedo festejar. El 25 de mayo de 2018 cumpliré 19 años de no usurpar.

Duermo en paz, y con la conciencia limpia. Eso no tiene precio.

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