viernes 22 de junio de 2018 - Edición Nº212
Dar la palabra » Sociedad » 3 mar 2018

¿Fingimos todo el tiempo?

La isla de Truman Show (Por Gabriel Ramonet)

Cartón pintado. Vivimos en una provincia donde nada es lo que parece. O mejor dicho, donde la esencia de las cosas es que parezcan, sin llegar a serlo nunca. Nos conformamos con la cáscara de los acontecimientos, con los títulos, con la mera apariencia superficial. Que de la sensación, que nos inspire una confianza que no tenemos, que suene a real, aunque no lo sea.


Cartón pintado. Vivimos en una provincia donde nada es lo que parece. O mejor dicho, donde la esencia de las cosas es que parezcan, sin llegar a serlo nunca.

Nos conformamos con la cáscara de los acontecimientos, con los títulos, con la mera apariencia superficial. Que de la sensación, que nos inspire una confianza que no tenemos, que suene a real, aunque no lo sea.

Cartón pintado. Maquillaje puro. Primera capa de la realidad. Vivimos como el personaje de The Truman Show, rodeados de actores y de escenografías que conforman una falsa realidad, pero necesitamos de ella para pensar que el mundo existe y seguirá existiendo tal como lo conocemos.

Aliviamos nuestra angustia mirando por la ventana a instituciones que no son, a dirigentes políticos que actúan personajes poco creíbles, que pronuncian discursos ajenos a sus verdaderas y únicas intenciones y que, sobre todo, pergeñan cada tanto mecanismos sofisticados para aparentar cambios sin moverse un centímetro de su inconmensurable universo conservador de privilegios.

Cartón pintado. Siluetas inertes para despistar. Espantapájaros de la verdad. Como el discurso de los legisladores provinciales que se oponían en 2013 a ratificar el Fideicomiso Austral. Millones de pesos para obras de infraestructura, para comenzar a desarrollar una provincia en serio, para sumar recursos por una de las pocas vías disponibles. Diez años de gestiones, el reconocimiento de un derecho tantas veces postergado, una presidenta viniendo en persona a Ushuaia a firmar el acuerdo. Y el discursito de oposición de cuarta, pero eso sí, vestido de sobriedad democrática, de argumentos de plástico reluciente. Para que parezcamos razonables, y nuestra ropa huela a prócer austral.

Cartón pintado. Como la discusión del tope salarial. Tres integrantes del Tribunal de Cuentas de la provincia acusados de ganar más que la gobernadora cuando la Constitución lo prohíbe. Juicio político para uno sólo, nadie sabe bien por qué. Los otros dos se congelaron los sueldos, pero seguirán ganando por años más que el gobernador de turno. O sea que juzgaron a alguien por la misma irregularidad que también cometieron otros dos, y que además van a seguir cometiendo. Eso sí, vestidos de institucionalidad. Con papeles sellados, traje y corbata. Que parezca, que de la sensación de que todo funciona.

Cartón pintado. Los jueces provinciales también ganan sobre el tope salarial, pero ellos son magistrados, no funcionarios. A ellos no los alcanza la Constitución. Entonces pueden presidir la Sala Juzgadora del juicio político al funcionario acusado de violar el tope que ellos no cumplen. No es exactamente así. Porque al vocal del organismo de control lo juzgaron por violar la ley que fija sus remuneraciones, no la Constitución ni el tope. Pero al violar la ley también violó el tope constitucional.  No importa. Son cosas distintas. Acá lo importante es que parezca. Que hacia afuera se genere la idea de que el que las hace las paga.

Cartón pintado. Vestuario apropiado, utilería y un buen guión. Como las promesas de reforma política enarboladas en campaña por el gobierno de ese entonces. Jueces del Superior Tribunal de Justicia que iban a poder elegirse por voto popular. La modificación del sistema de selección de jueces, en lugar de elegir a dedo al hermano de mi socia. La renovación legislativa por tercios. La consulta popular como herramienta de gestión gubernamental. El piso de las tachas. Los funcionarios atendiendo a la gente, haciendo la cola para sacar turno en el hospital, caminando los barrios, cambiando la lógica del poder tradicional. Que parezca nada más. Guerra a las universidades y colegios cuyos máximos referentes no concuerden con nuestra ideología, aunque su trabajo académico resulte irreprochable. Que la coyuntura nos consuma todo el tiempo. Que la honestidad solucione todos los problemas. Que Nación nos salve. Que parezca transparente, por el sólo hecho de que lo hacemos nosotros.

Cartón pintado. Vivimos en el reino de las apariencias. Habitamos la isla de Truman Show. No tengo claro si existe Alguien vigilándonos y manejando nuestros destinos. Tal vez no. Quizá en esta isla, todos seamos actores que fingen ser, sabiendo que conviven en forma permanente con una realidad también fingida. Esa es la principal diferencia. En la película, el protagonista era el único que desconocía la realidad de cartón. Acá todos lo sabemos, pero hacemos como si existiera de verdad. Es como si Truman, enterado del engaño de su existencia ficticia, hubiera elegido seguir desempeñando ese rol.

Mientras llegan los tiempos de la verdad, como dice Alejandro Dolina, podríamos empezar a fingir que no fingimos.

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