martes 28 de septiembre de 2021 - Edición Nº1406
Dar la palabra » Política » 3 jun 2021

Crítica Sardónica (Por Alejandro Rojo Vivot)

El poder público y, eventualmente, el privado que inciden en la vida cotidiana de los individuos pueden distorsionarse de sobremanera a tal punto de desarrollarse autoritariamente, sobre todo, en beneficio propio y para perpetuarse.


Por:
Alejandro Rojo Vivot

"La política es quizá la única profesión para la que no se considera necesaria ninguna preparación".

                                                        Robert Louis Balfour Stevenson (1850-1894)

 

El humor puede revestirse con muy disímiles ropajes, a veces en forma explícita y otras como cubierta de lo que se busca velar: piel de oveja que disimula al lobo, soy como el padre que vela por sus hijos, soy un poco la madre de todos los argentinos (menos los que piensan distinto), etcétera.

Cuando muchos siglos después, las críticas a los contemporáneos de otras épocas siguen siendo válidas, es posible que estemos frente a conductas y valores profundamente arraigados y muy potentes, que por centurias la humanidad sigue tropezándose con la misma piedra y que algunos conspicuos personajes viven cómodamente instalados en añejos lodos de confort.

 

A LO CLARO

El poder público y, eventualmente, el privado que inciden en la vida cotidiana de los individuos pueden distorsionarse de sobremanera a tal punto de desarrollarse autoritariamente, sobre todo, en beneficio propio y para perpetuarse.

La tan amplia Edad Media, muy rica en muchos aspectos, fue una época de cambios, de reacomodamientos del poder concentrado, donde los que menos tenían en general eran los que más sufrían; opinar distinto al discurso único prevaleciente significaba, por lo menos, la denostación, persecución, etcétera.

En las épocas feudales los pobres y desvalidos subsistían a extramuros de las ciudades amuralladas mientras hoy para eso están los conurbanos con viviendas hacinadas sin recursos básicos ni fuentes laborales, siendo la violencia local más grave que los peligros que vivían los desprotegidos de los señores, barones y (baronas).

 

UN PRECURSOR

Uno de los tres primeros y principales escritores que emplearon el italiano para expresarse, fue, sin duda Giovanni Boccaccio (1313-1375); contribuyendo así a que más personas con menos instrucción accedieran al libro y a las ideas, acelerando los procesos de libertad individual y colectiva; además fue una arriesgada decisión pues la Iglesia Católica elitista y opaca sólo empleaba el latín aunque muy pocos entendían.

En su célebre “Decamerón”, (del griego, deka: diez; hemera: días) (1353) con generalizado humor satírico, muchas veces procaz, describe mediante diez personajes, en cien relatos narrados a lo largo de diez días, que incluyen acontecimientos principales como la peste bubónica o negra en Florencia de 1348, parodias de los hombres y mujeres principales de época, con marcado acento anticlerical.

 

Para evitar los contagios mortales, esos jóvenes huyeron obligándose a realizar una estricta cuarentena, entreteniéndose contándose ficciones, a la falta libros económicos y diversos, del envío y recepción de intrascendentes mensajes telefónicos, horas viendo pasivamente series televisivas argumentalmente estiradas en extensas sagas mantenidas hasta recuperar con creces las respectivas inversiones realizadas, programas repletos de reproducciones de irreverentes dislates y mentiras machistas de funcionarios con relativamente altos sueldos pagados con los aportes de los contribuyentes, como que están todo el tiempo hablado con maestras y ellas dicen que los chicos con capacidades diferentes no entienden el problema sanitario, que los médicos bajaron la guardia, que llegarán millones de vacunas que por culpa de otros son inexistentes o demoran meses y meses en arribar como las muy altas tasas de inflación, miles de cierres de unidades productivas, decenas de miles de fallecidos sin vacunas suministradas, pérdida del poder adquisitivo de gran parte de la población, quita significativa del dinero de los que aportaron confiados en el Estado para su jubilación, etcétera.

 

LA PALABRA SANTA

No obstante, aunque ya se observaba el incipiente Renacimiento (siglos XV y XVI), rápidamente “Decamerón” fue prohibido por la nefasta Inquisición de la Iglesia Católica, inexplicablemente vigente hasta el Siglo XX.

Los nombres de sus personajes indican los perfiles: el déspota Gerbino de la Ratta o los amigos de juerga: Tuerto, Rechoncho, Desmañado.

 

El genial texto busca rescatar a las mujeres y hombres comunes, con sus luces y sombras del obscurantismo de la resignación cristiana, tratando de bajar de los pedestales de barro a los gobernantes; siempre con humor hasta el absurdo.

“Cuanto más, graciosas damas, pienso cuán piadosas sois por naturaleza, tanto más conozco que la presente obra a vuestro juicio un principio penoso y triste, tal como es el doloroso recuerdo de aquella pestífera mortandad pasada.

Humana cosa es tener compasión de los afligidos, y aunque a todos conviene sentirla, más propio es que la sientan aquellos que han tenido menester consuelo y lo han encontrado en otros.

Y como ya se ha dicho más veces entre nosotras, aunque Amor de buen grado habite en las casas de los nobles, no por ello rehúsa el señorío sobre las de los pobres y también en ellas muestra alguna vez sus fuerzas de tal manera que como poderosísimo señor se hace temer de los más ricos. (…)

Os mostraré cuál sea la estupidez de estos tales, y cuanto mayor sea la de quienes, estimándose más poderosos que la naturaleza, se persuaden (con fantásticos razonamientos) de poder hacer lo que no pueden y se esfuerzan por traer a otro a lo que ellos son, no sufriéndolo la naturaleza de quien es arrastrado. (…)

Otros, de bajo estado, (…) conocieron (no sin su muerte) que en el oro de las mesas reales se bebía el veneno. (…)

Vale más actuar exponiéndose a arrepentirse de ello, que arrepentirse de no haber hecho nada”. (1)

 

EN SÍNTESIS

La literatura y el humor abrieron muchos caminos y lo siguen haciendo.

Un libro cada tanto bien leído bien vale el tiempo invertido.

¡Qué bien nos vendría otro Decamerón del Siglo XXI.

 

REFERENCIAS

1) Boccaccio, Giovanni. Decamerón. Barcelona, España. 1971.

NEWSLETTER

Suscríbase a nuestro boletín de noticias

OPINIÓN