lunes 14 de junio de 2021 - Edición Nº1300
Dar la palabra » Sociedad » 14 may 2021

Historias y reflexiones

PODCAST. NOSOTROS los Fueguinos II. Capítulo 15. Casos famosos de pornodependencias (Por Gabriel Ramonet)

Vamos a dar cuenta de un par de incidentes con connotaciones escandalosas por su vinculación con el erotismo y la pornografía, que efectivamente tuvieron lugar dentro de instituciones estatales, desde la provincialización hasta nuestros días.


 

 

Con perdón de las señoras y señores recatados, hablaremos hoy de pornodependencias. No se trata de revelar aquí episodios de índole sexual ocurridos dentro de edificios públicos, aunque esa sería una buena idea, si lográramos documentarla. Lejos de ello, vamos a dar cuenta de un par de incidentes con connotaciones escandalosas por su vinculación con el erotismo y la pornografía, que efectivamente tuvieron lugar dentro de instituciones estatales, desde la provincialización hasta nuestros días.

Antes de adentrarnos en el submundo de estas historias tan anecdóticas como apasionantes, cabe hacer la salvedad de que no nos olvidamos de aquel concejal, con apodo de ave, acusado públicamente por una trabajadora sexual. Tampoco negamos los casos de ex funcionarios que pagaban los gastos de sus amantes con tarjetas de créditos solventadas por el Estado. Y como broche de oro, tampoco ignoramos la famosa frase de un ex gobernador (luego destituido) acerca de la sustancia que sus colaboradores encontraron adherida a un sillón de la Casa de Gobierno. De muy mal gusto. A la frase me refiero.

Ahora sí, nos mudamos al año 2001. La particularidad es que ambos episodios tuvieron lugar ese año, con pocos meses de diferencia, e incluso en edificios situados a unas pocas cuadras de distancia.

El primero ocurrió en la Dirección Provincial de Puertos y estalló públicamente cuando se supo que los empleados del organismo, para matizar sus extensas jornadas laborales, miraban el canal pornográfico Venus, a través de un sistema de televisión satelital contratado por la propia dependencia.

La adquisición del servicio fue cuestionada por el Tribunal de Cuentas de la provincia, cuyos auditores sostuvieron que el organismo “no tenía facultades” para realizar este tipo de contrataciones.

Por su parte, las autoridades del Puerto no tuvieron más remedio que dar una explicación. Dijeron que su intención fue contratar el abono básico de la empresa televisiva Sky (¿se acuerdan?) que hacía muy poco había desembarcado en la Isla y que no duró demasiado.

Los funcionarios explicaron que regía una promoción de tres meses con una serie de servicios adicionales y gratuitos, y que entonces, el canal erótico fue instalado sin previa consulta.

Cuando se conoció la noticia, varios de los mismos empleados del organismo confirmaron que era común caminar por las oficinas y encontrar gente concentrada en la programación de Venus.

“A veces no es necesario verlos, dejan la puerta abierta y se escuchan los gritos de los protagonistas de las películas pornográficas”, contó un trabajador.

Según explicó el ingeniero Pablo Vandi, entonces presidente del ente portuario, todo comenzó cuando el gobernador peronista Carlos Manfredotti inauguró un nuevo centro de contratación de estibadores y le cedió al edificio una videocassetera y un televisor. Perdón por la antigüedad. Los más grandes les explicarán a los más chicos qué era una videocassetera.

Como complemento de aquella medida, la Dirección de Puertos decidió solventar la instalación del servicio de TV satelital para el “entretenimiento” del personal de estibaje, el destacamento de bomberos de la Prefectura Naval Argentina y la guardia de empleados de la Delegación Puerto Ushuaia.

“Nosotros contratamos el servicio básico de 39,90 pesos por mes. Lo que pasa es que la empresa tiene una promoción de servicios adicionales gratuitos por tres meses. Pero nunca pagamos el canal condicionado aunque en la factura figure “abono Sky hot primer deco”, relató Vandi.

Según el funcionario, los auditores del Tribunal de Cuentas no cuestionaron la contratación del canal porno, sino “las facultades que tiene la Dirección de Puertos, de acuerdo a su ley de creación, para adquirir servicios televisivos”.

Sin embargo, Vandi admitió que un trabajador del Puerto hizo uso del servicio “pagar para ver” y alquiló la última aventura de James Bond, el agente 007 , titulada “El mundo no basta”.

“Eso es cierto y esta persona va a tener que hacerse cargo de los 3,10 pesos que cuesta el alquiler”, concluyó reconociendo el directivo del Puerto fueguino en aquel lejano 2001, cuando el episodio fue comentado durante varios días entre los habitantes de Ushuaia.

Ni la Biblioteca Nacional, ni la Universidad de Buenos Aires, ni el Archivo General de la Nación. Los empleados y funcionarios de la Legislatura de Tierra del Fuego utilizaban las líneas telefónicas y las cuentas de Internet del Estado para visitar sitios pornográficos.

Así lo reveló un informe periodístico conocido también en 2001, pocos meses después de lo del puerto, basado en las direcciones electrónicas que quedan grabadas en las computadoras, aún varios días después de realizadas las conexiones.

Y así lo reconoció también el entonces presidente del bloque de legisladores radicales, Alejandro Vernet, en cuyo despacho fue encontrada una de las PC utilizadas para la “navegación caliente”. Vernet deslindó responsabilidades con el argumento de que “prestó” su oficina a miembros de la juventud del partido.

Según la nota publicada en medios fueguinos, las autoridades legislativas efectuaron un relevamiento de las computadoras distribuidas en el edificio de la calle San Martín 1431 de Ushuaia, donde funciona, todavía hoy, un anexo de la Legislatura. Entre otras dependencias, allí se encontraban los bloques del Partido Justicialista, el radicalismo y el Movimiento Popular Fueguino.

El informe explicó que el software del navegador Microsoft Explorer deja en su memoria “cache” las direcciones de los sitios visitados en las últimas semanas. Así se pudo establecer, por ejemplo, que la página más frecuente en las máquinas legislativas era www.bomboncito.com, con secciones como “El bomboncito de ayer” y “Galería de bomboncitos”.

Pero el ranking de preferencias también incluía otros sitios destacados, como los que vamos a dar cuenta a continuación.

www.laperra.com, que brindaba el servicio de una foto gigante a color, diferente todos los días y que no era un sitio canino.

www.xxx.com. con banners de publicidad animada, donde las X no hacían alusión a la tradicional incógnita matemática.

www.private.com, contaba con galería de fotos y cámara de video en vivo.

www.privatecinema.com, con sexo en vivo “on line”.

www.monicaayos.com.ar, sitio oficial de la vedette argentina del momento en aquellos tiempos.

www.venus.com, “el portal web de las chicas”, y no un sitio de astronomía, como alguien podría inferir.

www.lamaslinda.com, página de “la mujer más linda de la red”.

Hay que decirlo. Como no todos los funcionarios y empleados fueguinos tenían la idea fija, también había navegaciones por lugares ajenos al sexo, aunque poco relacionados con la actividad con la actividad legislativa.  Ejemplos:

www.carburando.com, web del programa automovilístico

www.diegomaradona.com, sitio oficial del Diego

y www.mundoyerba.com, que contra todos los pronósticos, era un portal de humor argentino.

El legislador Vernet explicó al diario Prensa de Ushuaia que “los días y horarios de las navegaciones coinciden con el fin de semana en que prestó su oficina a la Juventud Radical para realizar trabajos partidarios”.

Tras aclarar que varios de los militantes tenían un promedio de edad superior a los 30 años, Vernet aseveró que “no volvería a ceder las instalaciones”.

Los demás bloques políticos ni se dieron por enterados de la denuncia y optaron, en cambio, por un sugestivo silencio en red.

Ustedes, jóvenes, se preguntarán. ¿Y por qué no usaban los celulares para navegar por donde se les diera la gana en lugar de las computadoras legislativas? Respuesta: porque todavía no existían los teléfonos con esa tecnología.

Eran tiempos de cierto amateurismo digital. De conexiones lentas (sí, más que ahora) pero con las mismas obsesiones humanas de siempre.

 

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