martes 27 de octubre de 2020 - Edición Nº1070
Dar la palabra » Cultura » 13 oct 2020

El cólera y el amor ( Por Alejandro Rojo Vivot)

Si observamos a distancia la historia de la humanidad, en algunas épocas podemos notar ciertos hechos que, con variantes más o menos significativas, se reiteran caracterizando a años, lustros, décadas o siglos. En algunas oportunidades se repiten los errores por impericia o cerrazón política; cuando nos encontramos en la vida con quienes se creen los únicos iluminados a la larga o corta todos podemos encandilarnos y chocar.


Por:
Alejandro Rojo Vivot

“Algunos eran de sentimientos más crueles (como si por ventura fuese más seguro) diciendo que ninguna medicina era mejor ni tan buena contra la peste que huir de ella; y movidos por este argumento, no cuidando de nada sino de sí mismos, muchos hombres y mujeres abandonaron la propia ciudad, las propias casas, sus posesiones y sus parientes y sus cosas, y buscaron las ajenas, o al menos el campo, como si la ira de Dios no fuese a seguirles para castigar la iniquidad de los hombres con aquella peste y solamente fuese a oprimir a aquellos que se encontrasen dentro de los muros de su ciudad como avisando de que ninguna persona debía quedar en ella y ser llegada su última hora”. [1]

                                            Giovanni Boccaccio (13131375)

 

Si observamos a distancia la historia de la humanidad, en algunas épocas podemos notar ciertos hechos que, con variantes más o menos significativas, se reiteran caracterizando a años, lustros, décadas o siglos. En algunas oportunidades se repiten los errores por impericia o cerrazón política; cuando nos encontramos en la vida con quienes se creen los únicos iluminados a la larga o corta todos podemos encandilarnos y chocar.

Por otro lado y abreviando, en la literatura, con frecuencia, hallamos referencias al boom latinoamericano(1960 y 1970), inclusive por quienes solamente lo repiten sin muchos fundamentos ni conocimiento cabal de los autores y las obras que lo integraron.

El prolífero periodista y novelista colombiano Gabriel José de la Concordia García Márquez (1927-2014), Premio Nobel de Literatura (1982), fue un magnífico exponente del realismo mágico latinoamericano y notorias ventas incluyendo traducciones.

 

Dos de sus extraordinarias novelas, además, se caracterizan por su amplia extensión ya que muchas de las demás son relativamente cortas; todas son amenas, idiomáticamente muy ricas y de sencilla lectura. Siempre encontramos sus raíces como periodista y su comprensión social y política.

La epidemia de cólera es extraordinariamente relatado, calando con inteligente sarcasmo en la sociedad de la época con clases sociales muy diferenciadas por los privilegios de unas en desmedro de las otras hasta para ser sepultados, nos adentra en que “el doctor Juvenal no aceptó nunca puestos oficiales, que le ofrecieron a menudo y sin condiciones, y fue un crítico encarnizado de los médicos que se valían de su prestigio profesional para escalar posiciones políticas. (…)

 

La epidemia de cólera morbo, cuyas primeras víctimas cayeron fulminadas en los charcos del mercado, había causado en once semanas la más grande mortandad de nuestra historia. Hasta entonces, algunos muerto insignes eran sepultados bajo las losas de las iglesias, en la vecindad esquiva de los arzobispos y los capitulares, [2] y los otros menos ricos eran enterrados en los patios de los conventos. Los pobres iban al cementerio colonial, en una colina de vientos separada de la ciudad por un canal de aguas áridas, cuyo puente de argamasa tenía una marquesina con un letrero esculpido por orden de algún alcalde clarividente (y con sentido del humor): Lasciate ogni speranza voi chʼentrate (los que entráis dejad sus esperanzas atrás). [3] En las primeras dos semanas del cólera el cementerio fue desbordado, y no quedó un sitio disponible en las iglesias, a pesar de que habían pasado al osario común los restos carcomidos de numerosos próceres sin nombre. El aire de la catedral se enrareció con los vapores de las criptas mal selladas, y sus puertas no volvieron a abrirse hasta tres años después (…). [4]

Todo comienza con una primera muerte que al poco tiempo se multiplican exponencialmente, quizá por “una determinación cifrada de la Divina Providencia” mientras irrefrenablemente se desarrollan los amores [5] [6] y desamores…

Hoy, entre nosotros, a veces, pareciera que se trata del odio, las divisiones, la cólera o ira y la pandemia.

 

[1] Boccaccio, Giovanni. Decamerón. Laurna. Página 8. Madrid, España.

[2] Religiosos que integran una comunidad específica a diferencia de los sacerdotes seculares (saeculum, que viven el mundo; expresión que en el Siglo XXI que se asemeja a una humorada) o diocesanos que dependen del obispo con jurisdicción determinada.

[3] En la “Divina Comedia” del políticamente activo por la unidad italiana Durante di Alighiero degli Alighieri (Dante Alighieri) (1265-1321), al ingresar al Infierno se puede leer la inscripción: “abandona la esperanza si entras aquí”

[4] García Márquez, Gabriel. El amor en los tiempos del cólera. Sudamericana. Sexta edición. Páginas 12, 65, 148, 149. Buenos Aires, Argentina. Junio de 1986.

[5] La obra está dedicada a Mercedes con quien se casó en 1958 tal su firme propuesta efectuada a los trece años de edad.

[6] Su bellísimo y riquísimo monólogo teatral “Diatriba de amor contra un hombre sentado” es, muy posiblemente, uno de los mejores y más visto en su género, como necesario para adentrarse en la literatura universal.

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