lunes 30 de noviembre de 2020 - Edición Nº1104
Dar la palabra » Política » 27 abr 2020

La pandemia de coronavirus

Nunca me imaginé vivir algo así (Por Juan José Alba)

¿Y cuánto tiempo? ¿Cuánto tiempo estaremos viviendo en este escenario? La respuesta es deprimente, pero no nos queda otra que ser realistas. Las mejores predicciones de los especialistas de epidemiología de Londres, de la misma escuela donde surgió Snow, el creador de esa especialidad, hablan de al menos 12 a 18 meses, y no les sorprendería seguir en algunos lados con medidas hasta el 2022.


Aeropuertos cerrados, viajes cancelados, fronteras bloqueadas, sin escuelas, ni universidad, ni administración pública, ni comercios, ni cines, ni teatros, ni restaurantes. Sin fútbol, sin Tinelli, sin visitar a mis amigos, sin poder abrazar a los seres queridos, con la ciudad sitiada, con los chicos encerrados en casa, con policías pidiendo explicaciones, con el documento en mano para que nos dejen ir al supermercado. ¡Nunca me imaginé que íbamos a vivir una situación así!

La exclamación es la más escuchada en cada conversación (vía Skipe, Zoom o cualquier otro tipo de video llamada) en cada casa, en cada ciudad, en cada parte del mundo. ¿Pero estamos seguros de que en todo el mundo?

Para nosotros, que somos el mundo occidental, la respuesta parece ser un rotundo sí, pero no, estamos equivocados. Los orientales, esos a los que sin fundamento por sus costumbres alimentarias (como si nosotros no comiéramos tripas o sangre de animales) les venimos echando la culpa por haber empezado esta pandemia, pueden aseverar con toda seguridad que sí se lo imaginaban. Por supuesto que sí.

Te lo pueden decir los surcoreanos, los chinos de Hong Kong y otros países del sudeste asiático que tuvieron su primera experiencia con el coronavirus 1, el SARS-cov1 allá lejos en el tiempo, en el 2002, tiempo en que nosotros los occidentales estábamos más preocupados por el 11-S y los malditos terroristas.

Ellos ya estaban preparados, y la evidencia puede encontrarse en la excelente respuesta sanitaria que han tenido Corea del Sur, Singapur y otros países de la región a éste, el nuevo coronavirus, el SARS-Cov2.

Uno de los asiáticos que nunca pronunciaría la frase ¡Nunca me imaginé vivir una situación así! es Ed Yong. Sin haber cumplido los 40 y con una pinta de adolescente de 20 años, este malayo, radicado en Reino Unido, periodista especializado en salud, por supuesto que sí se lo imaginaba. Y la prueba es que en 2018, sí, en 2018, casi 2 años antes que se desatara esta locura en Wuhan, Yong publicó en el prestigioso diario The Atlantic un artículo titulado más o menos así: “Están preparados los Estados Unidos para enfrentar una pandemia?”. Un artículo que acompañado de imágenes de médicos vestidos en trajes Tyvek ® con escudos faciales, antiparras, guantes, botas, hoy no nos sorprende en absoluto, pero que dos años atrás  hubiéramos pensado que se trataba de un comentario de una película o serie de ciencia ficción.

Ed Yong es uno de los pocos, o tal vez no pocos, que se anticipó a este posible escenario. Uno de los pocos que no se hacen la pregunta del título de esta nota. Y es justamente por eso, que parece adecuado preguntarle a este pibe (y no lo digo peyorativamente, pero en este mundo un adulto de menos de 40 aún es un pibe) cómo piensa que puede terminar esta pandemia, la del coronavirus Covid-19, la del coronavirus segundo.

Y precisamente es lo que volvió hacer el medio The Atlantic hace un par de semanas, cuando la pandemia estallaba en los Estados Unidos.

Yong es un tipo muy práctico, sintético en sus frases. El propone 3 escenarios para salir de la pandemia: el difícil, el catastrófico y el largo (muy largo).

El primer escenario es el difícil, y usa el término difícil aunque tal vez sería más correcto ahora decir imposible. Este escenario implica que todos pero todos los países del mundo y al mismo tiempo, logren controlar los contagios y aislar todos pero todos los contactos. Tal vez hubiera sido posible en un primer momento, con algunos casos en Wuhan y otros pocos fuera de China. Pero ya es imposible, como pedirles ahora que controlen la pandemia, a los gobiernos de Burkina Fasso, Yemen, Bangladesh, o a algún país sudamericano. Ya se les fue de las manos. Ya se nos fue de las manos.

El segundo escenario es el catastrófico. Es el escenario de no hacer nada, es el escenario de Bolsonaro en Brasil, por ahora, solo por ahora. Es el escenario inicial de Boris Johnson en Inglaterra y de Donald Trump en Estados Unidos. Inicial, porque luego recularon y no les quedó otra que llamar al lockdown, aunque en muchos casos ya fue tardía esa respuesta.

Es el escenario de Lombardía, el escenario de Ecuador, de Nueva York: hospitales atestados, cadáveres en las calles, infecciones por doquier. No lo queremos, al menos acá, pero lamentablemente es la única salida para muchos países. En Sudáfrica el gobierno quiere instalar la cuarentena, el pueblo prefiere morir de coronavirus que de hambre. Sale a las calles y apedrean los móviles policiales, no pueden interrumpir su ya precaria economía, que les permite juntar en el día, la comida solo para ese día. En muchos lugares del mundo, no les quedará otra opción.

El tercer escenario es el largo, el muy largo. Consiste en una respuesta epidemiológica firme por parte de las autoridades sanitarias para detectar precozmente, aislar, tratar y seguir los infectados y para aislar estrictamente los contactos. Consiste en medidas de cuarentena, consiste en distanciamiento social, higiene de manos, etc. No hace falta explicarlo porque es lo que estamos viviendo en Argentina.

Veníamos manejando en la ruta, en cuarta, y de repente la ruta está cortada, nos encontramos con una larga fila de autos, desaceleramos bruscamente y frenamos. Después de algunos minutos, parece desobstruirse el tránsito, aceleramos, en primera, pero solo unos metros. Vuelta a frenar. Unos minutos después vuelta a acelerar, a veces logramos poner segunda e incluso tercera, pero al ratito vuelta a frenar.

El ciclo se repite varias veces, y por más que nos impacientemos, sabemos que en algún momento llegamos. Esta es la velocidad del escenario 3 de Ed Yong. Primero unos pocos casos, luego van aumentando, ponemos el freno epidemiológico: aislamientos, cuarentenas, barbijos, distanciamiento social. Bajaron los casos, soltamos el freno sanitario y apretamos el acelerador económico.

En Argentina, en Tierra del Fuego, afortunadamente (por que un escenario de Lombardía hubiera sido terrible) ya estamos en este escenario del embotellamiento. Ahora estamos tratando de poner primera de nuevo, no nos queda otra. Lo más seguro es quedarse adentro del auto, pero así nunca vamos a llegar a ningún lado. Tenemos que saber que nos espera un largo camino, un largo tiempo de frenadas y vuelta a poner el motor en marcha.

Esto no se acaba en dos semanas o en un mes. Esto viene para largo, lástima que nadie lo dice. ¿Por qué razón? Tal vez para no asustar a la gente, tal vez porque hay un Estado paternalista, tal vez porque irracionalmente estemos esperando un milagro, sea ese milagro una vacuna o la intercesión del Papa Francisco.

¿Y cuánto tiempo? ¿Cuánto tiempo estaremos viviendo en este escenario?

La respuesta es deprimente, pero no nos queda otra que ser realistas. Las mejores predicciones de los especialistas de epidemiología de Londres, de la misma escuela donde surgió Snow, el creador de esa especialidad, hablan de al menos 12 a 18 meses, y no les sorprendería seguir en algunos lados con medidas hasta el 2022.

Hay que acostumbrarse a varios meses saliendo con barbijos, con horarios para hacer las compras, con asados por videollamada. No nos queda otra.

Pero entonces ¿cuándo va a terminar esta pandemia, cuándo volveremos a la normalidad? Tal vez nadie tenga la respuesta, o quizás sí: una persona ya la tiene y creo que no es desacertada. Esa persona es Gideon Lichfield, editor jefe de la revista del MIT, el Instituto de Tecnología de Massachussets, que en forma contundente, nos dice: nunca volveremos a la normalidad, ya no volveremos más a ese mundo que dejamos atrás hace no más de seis semanas.

Aeropuertos colmados, vuelos a cada minuto, a todo el mundo, destinos turísticos abarrotados, restaurantes a pleno, espectáculos, estadios de fútbol, casamientos, fiestas de quince, asados con 20 amigos. Turismo, gastronomía, esparcimiento, todo eso no volverá a ser igual.

Nuestra calle San Martín de los sábados a la tarde, comercios repletos de clientes, el comercio no volverá a ser igual. Escuelas, facultades, guarderías, tampoco la educación volverá a ser lo que fue hasta hace pocas semanas.

Salas de espera atestadas, sistemas sanitarios poco preparados, tecnologías de baja complejidad. La medicina tampoco puede volver a ser así.

Ciudadanos con plena libertad para moverse por donde quieren, tampoco será la nueva normalidad.

Cómo será la nueva normalidad depende de cada cultura, sus costumbres y qué precio se quiera pagar cada comunidad para evitar nuevas pandemias. Porque no hay ninguna garantía de que una vez controlada la pandemia por coronavirus 2 en 2022, el 2023 nos sorprenda con otro coronavirus, otra cepa del virus de la gripe o algún virus del cual todavía no conozcamos ni el nombre.

 

(*) Médico, especialista en Pediatría, especialista en Neonatología y especialista en Epidemiología.

NEWSLETTER

Suscríbase a nuestro boletín de noticias

OPINIÓN