lunes 12 de octubre de 2026 - Edición Nº3246
Dar la palabra » Política » 7 sep 2026

Causa Malvinas

La oportunidad de gestar el Área Antártica Internacional de Ushuaia (Por Daniel Leguizamón)

Las Malvinas fueron usurpadas y permanecen bajo control de una potencia colonial. Argentina mantiene allí una disputa de soberanía con el Reino Unido reconocida por la Naciones Unidas. La Antártida, en cambio, está regida por un Sistema de Gobernanza Internacional, cuyo núcleo es el Tratado Antártico


Sugiero no leer lo que sigue sin poner antes en el buscador “Tratado Antártico” y leer sus cuatro primeros artículos. Les llevará sólo unos minutos y seguramente les permitirá entender la enorme diferencia que existe entre la situación fáctica de Malvinas y de Antártida.

Ambos constituyen los dos grandes objetivos pendientes en materia de integración territorial y soberanía. Pero Malvinas y Antártida no son el mismo problema y requieren cada una de políticas apropiadas.

Las Malvinas fueron usurpadas y permanecen bajo control de una potencia colonial. Argentina mantiene allí una disputa de soberanía con el Reino Unido reconocida por la Naciones Unidas.

La Antártida, en cambio, está regida por un Sistema de Gobernanza Internacional, cuyo núcleo es el Tratado Antártico, del cual Argentina es uno de los 12 signatarios originales (somos “fundadores”, en términos coloquiales).

Hoy son 58 los Estados Parte que integran el Tratado Antártico. Y el Artículo IV establece precisamente que mientras el Tratado esté vigente, quedan congelados los reclamos de soberanía y no se pueden fundamentar nuevos derechos ni ampliar las reclamaciones existentes.

Y hay algo fundamental para entender el problema:

La Antártida es tan, pero tan importante para el futuro del planeta, tanto por razones ambientales, climáticas, científicas y por la importancia estratégica de sus recursos, que inevitablemente aparece una pregunta:

¿Cuál será el desenlace futuro? ¿Y cómo haremos valer nuestros derechos en momentos decisivos?

Y aquí viene la pregunta que deberíamos hacernos serenamente:

¿Alguien en su sano juicio cree que la Argentina puede desarrollar un poderío militar capaz de poner de rodillas, someter e imponer unilateralmente nuestra posición a los otros, hoy, 57 Estados Parte, entre ellos las grandes potencias mundiales?

Reflexionemos serenamente.

¿O el camino sensato es en el terreno de la diplomacia?

La respuesta es más que obvia.

Si el camino es la diplomacia, entonces Argentina debería desarrollar una efectiva ingeniería operacional, política y diplomática para llegar a las futuras instancias decisivas con la mejor plataforma de negociación posible.

Y ahí aparecen las verdaderas preguntas:

¿Cómo se construye tal plataforma?

¿Sólo mediante la opción militar en un contexto de Defensa Nacional?

¿O consolidando prestigio, predicamento, influencia y liderazgo, en el marco de los valores y criterios que consagra el Sistema del Tratado Antártico?

Es decir: Soft Power.

Tal vez a esta altura sea necesario aclarar que vivir lejos del Obelisco no necesariamente nos hace subnormales o menos inteligentes que los que ocupan cargos relevantes a pocas cuadras del clásico monumento.

Y si miramos objetivamente, Tierra del Fuego tiene una experiencia que no debería ser subestimada ni ignorada por el gobierno nacional, no sólo porque somos “los ojos y los oídos de lo que pasa en la Antártida”, sino porque desde hace décadas que, por propia determinación y gestión, la Provincia ha logrado el único liderazgo objetivo reconocido por la comunidad internacional, que es el turismo antártico, con más del 90% del total mundial que opera desde Ushuaia.

La Provincia viene proponiendo algo mucho más sofisticado y potente que operar la logística internacional desde una instalación militar: El proyecto “Área Antártica Internacional de Ushuaia”, ampliamente consensuado con autoridades nacionales  en función de honrar el principio de “cooperación para hacer ciencia” que consagra el Tratado Antártico en su Preámbulo y en los Artículo II, III, así como en el Artículo 6° del Protocolo de Madrid.

La Provincia propone consolidar una plataforma antártica de naturaleza operativa, logística, científica, académica, educativa y cultural, articulando para ello bienes y servicios especializados de un muy eficiente y competitivo sector privado, en articulación con universidades, organismos científicos y otras organizaciones nacionales e internacionales.

Y aquí deberíamos preguntarnos: ¿Por qué los países que han desarrollado las plataformas logísticas antárticas más exitosas del mundo no basan sus prestaciones en estructuras militares, sino en organizaciones civiles, que conectan empresas privadas, organismos científicos, universidades y cuentan con fuerte apoyo gubernamental?

Ejemplos:

Nueva Zelanda a través de la Christchurch Antarctic Network

Australia mediante la Tasmanian Polar Network.

Chile con APAL: Antarctic Punta Arenas Logistic,

¿Alguien cree que Nueva Zelanda, Australia y Chile hacen esto porque todavía no descubrieron que la mejor opción es militarizar la logística internacional?

¿O será que existe una razón mucho más sencilla y contundente?

Porque en la lógica y criterios que predominan en el Sistema del Tratado Antártico, países, programas científicos internacionales, universidades, empresas y organizaciones necesitan basarse plataformas logísticas civiles, profesionales y cooperativas para sus incursiones antárticas, ya que probablemente no se sientan a gusto de operar “bajo el instrumento militar de la fuerzas armadas” y subordinado a un orden castrense dentro de una base militar de otro Estado, más cuando el servicio que se propone para el proyecto Base Naval Integrada responde explícitamente a un objetivo de “defensa nacional” y no basado en los valores consagrados por el Sistema del Tratado Antártico.

Y aclaremos algo importante: Una cosa es la Defensa Nacional del Atlántico Sur y del sector austral de nuestro país, donde necesitamos reforzar las capacidades de las Fuerzas Armadas para defender nuestros intereses, nuestro territorio, espacios marítimos y recursos.

Pero otra cosa, muy diferente, es definir cómo queremos construir y consolidar nuestro posicionamiento en el Sistema Antártico.

Por eso no se trata de “militares sí” o “militares no”.

Se trata de algo mucho más importante:

¿Qué modelo de potencia antártica queremos construir?

¿Simplemente limitado a la militarización de la logística?

¿O uno capaz de articular con sentido estratégico DIPLOMACIA + CIENCIA + UNIVERSIDADES + LOGÍSTICA + EMPRESAS + EDUCACIÓN + CULTURA + TURISMO + COOPERACIÓN INTERNACIONAL? Como un ejercicio lúcido e integral del soft power.

Como todos queremos el bien de nuestro país, sería bueno que antes de seguir adelante nos tomemos el tiempo necesario para identificar qué estrategia resulta realmente más conveniente.

Las futuras generaciones dependen de eso.

 

(*) Ex presidente del Instituto Fueguino de Turismo, experto en temas antárticos

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