Hay un dato sintomático que permite entender -al menos en parte- por qué, salvo en turismo de cruceros, estamos tan injustificadamente rezagados en materia de posicionamiento antártico internacional.
Se festeja que el rompehielos argentino “visita” Ushuaia un par de veces por temporada, exactamente igual que lo hacen los buques polares de España, de Brasil o algún otro que pasa en forma esporádica.
Aquí ya podemos notar entonces que la Argentina actúa como si fuera cualquiera de los países miembros del Sistema del Tratado Antártico, que NO CUENTAN con el privilegio de poseer una estratégica puerta de acceso al continente blanco. Y todo se maneja desde la metrópolis: Buenos Aires.
Por alguna desconcertante razón, el poder central de nuestro país se resiste sistemáticamente a asumir que la República Argentina cuenta con la insuperable posición relativa de Ushuaia para desarrollar seguramente la más extraordinaria plataforma operativa, logística, científica y académica para la actividad antártica nacional e internacional.
Por esta razón, el país no ha tenido -ni tiene- una política consistente para desarrollar el extraordinario potencial circumpolar de Ushuaia, con criterios del siglo XXI.
Exactamente lo contrario de lo que viene haciendo Chile que, con gran acierto y resultados palpables, ha fortalecido su proyección antártica a través de Punta Arenas y ahora se enfoca en Puerto Williams. O como lo hicieron Nueva Zelanda con Christchurch y Australia con Hobart, ciudades que hoy funcionan como verdaderos hubs logísticos y científicos para la Antártida.
La otra parte de la explicación es el penoso desinterés de las fuerzas políticas locales por temas estratégicos y en especial, antárticos.
Al manejarse casi exclusivamente en “modo urna”, con el único objetivo de conservar poder o sumar votos para ganarlo, no parece haber ni un solo byte disponible para subir a la agenda de gestión temas que no garanticen votos en las próximas elecciones, aun cuando un tema tan estratégico podría generar enormes beneficios para la comunidad en el mediano y largo plazo. O peor aun... el riesgo de su omisión puede generar GRANDES FRUSTRACIONES en el futuro.
Para reflexionar...
(*) Daniel Leguizamón es ex presidente del Infuetur, ex asesor del Ministerio de Turismo de la Nación y especialista en temas antárticos