jueves 17 de octubre de 2019 - Edición Nº694
Dar la palabra » Política » 26 sep 2019

Desarrollo energético

Vaca Muerta y el autoabastecimiento (Por Alejandro Aguirre)

No solo se debería pensar en lograr el autoabastecimiento desde el Estado, ya que se corre el gran riesgo de poner todo el esfuerzo de un país en este objetivo (como lo es el desarrollo de Vaca Muerta), en desmedro de otras cuencas con objetivos tanto convencionales como no convencionales.


¿Cuál es el potencial que hoy refleja Vaca Muerta para nuestro país? ¿Qué significa para Argentina poder autoabastecerse en materia de petróleo?

En la República Argentina se han identificado 19 cuencas sedimentarias, con una superficie total de aproximadamente 1.750.000 km2 .

Cinco de estas cuencas tienen continuidad sobre la plataforma continental, mientras que otras tres se extienden bajo las aguas del mar.

Actualmente, las cuencas productivas de hidrocarburos son cinco: Noroeste, Cuyana, Neuquina, Golfo de San Jorge y Austral. Considerando solamente la porción emergida, su superficie abarca un 40% de lo que en la actualidad se conoce como cuencas útiles a los fines petroleros.

La Cuenca Neuquina constituye la cuenca hidrocarburífera más productiva de la Republica Argentina con cuatro rocas madres reconocidas, entre ellas la formación Vaca Muerta.

Desde el punto de vista del potencial no convencional, la formación Vaca Muerta se destaca por su gran extensión regional de unos 30.000 kilómetros cuadrados (casi la totalidad de la provincia de Neuquén, parte de Mendoza, La Pampa y Rio Negro), y excelentes indicadores geológicos que hacen que los recursos hidrocarburíferos relacionados manifiesten un relevante potencial para las rocas generadoras o rocas madre (rocas que dieron origen a los hidrocarburos a diferencia de lo explotado convencionalmente hasta la fecha que fueron las rocas reservorio) o también conocidas como shale Gas/Oil.

Los recursos de shale gas técnicamente recuperables considerados por la EIA (Agencia de EEUU que se ocupa de la Administración de la Información Energética) para Argentina ascienden a 802 TCF (Trillones de Pies Cúbicos o Trillion Cubic Feet en Inglés) y los de shale petróleo a 27 Bbbl (en este caso se utiliza Billones como miles de millones de barriles) (EIA 2013). De estos, 308 TCF de gas y 16,2 Bbbl  de petróleo corresponden a Vaca Muerta.

Como parámetro comparativo, debe tenerse en cuenta y en base a los datos de la Secretaria de Gobierno de Energía, que la Argentina en total, hoy cuenta con 11,9  TCF de reservas comprobadas de Gas y   2,1 Bbbl de reservas comprobadas de petróleo.

Estas magnitudes ubican a Vaca Muerta, en Recursos No Convencionales de Gas, en segundo lugar a nivel mundial solo detrás de China y por sobre Argelia y EEUU; y en cuarto lugar detrás de Rusia, EEUU y China respectivamente.

El potencial para desarrollar Vaca Muerta, dada su magnitud, ha posicionado al Gobierno Nacional ante la posibilidad de lograr el autoabastecimiento energético; definido como  aquel país que exporta más de lo que compra a mercados extranjeros (anteriormente la Argentina logro esta situación en el año 1989, pudiendo sostenerla hasta el año 2010).

Esta posibilidad de autoabastecimiento, no deja de ser riesgosa, si se toma solo como objetivo lograr inclinar la balanza para obtener saldos exportables, con disminución de subsidios y costos a fin de hacer competitivos, en el exterior, los volúmenes que se quieran colocar en estos mercados.

Esta reducción de subsidios, implica que se deban fijar políticas públicas en relación a los precios de venta de estos hidrocarburos, con determinados factores que inciden positivamente o negativamente tanto a nivel macroeconómico como microeconómico.

En el caso de la reducción de costos, que tornen competitivos estos recursos, tiene que ver con mejorar la eficiencia y aumentar el conocimiento, que no implica otra cosa que la optimización de las grandes inversiones que se requieren para desarrollar estos yacimientos.

También se habla a nivel internacional, que el gran desafío en materia energética es lograr el equilibrio en tres aspectos preponderantes como lo son la seguridad energética (basada en la diversidad de fuentes de energía y en la fortaleza de las redes de distribución. Hoy el 87% de la matriz energética argentina responde a hidrocarburos y el 10% a energías renovables. Asimismo el 65% de la generación eléctrica es térmica o a partir de los hidrocarburos. Lo que torna el objetivo de diversificación en, por lo menos, de cumplimiento a largo plazo), la sustentabilidad ambiental (atada al cambio de paradigma energético en el país y a la mejora en la curva de aprendizaje en el desarrollo de proyectos no convencionales, por ahora con diversidad en la standarizacion en cuanto a ocurrencia de incidentes ambientales) y la equidad energética (cuestión más que relevante, por lo menos para quien escribe, ya que el acceso a la energía no está garantizado para toda la población del país, afectando sobre todo a los sectores más vulnerables, agudizándose esto, en las latitudes más australes del país en donde el acceso a estos recursos se torna en una necesidad básica).

No solo se debería pensar en lograr el autoabastecimiento desde el Estado, si no en lograr estas premisas básicas, ya que se corre el gran riesgo de poner todo el esfuerzo de un país en este objetivo (como lo es el desarrollo de Vaca Muerta), en desmedro de otras cuencas con objetivos tanto convencionales como no convencionales y la consiguiente afectación de las economías regionales históricamente relacionadas al sector hidrocarburífero nacional.

 

(*) primer geólogo nacido en Tierra del Fuego. Ex secretario de Energia e Hidrocarburos de la provincia. Profesor de la Universidad Nacional de Tierra del Fuego.

 

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