lunes 20 de mayo de 2019 - Edición Nº544
Dar la palabra » Cultura » 10 may 2019

Lectura de fin de semana

Newsletter de Pablo: Es el tipo de pueblo que (Por Pablo Nardi)

Vengo a la casa de mi abuela desde que nací. Las cosas cambiaron, todos tuvieron hijos, ahora es un correrío constante de pibes, yo soy otro, mi abuelo ya no está, mi abuela apenas puede caminar. Pero a la noche, cuando en el living no queda nadie y todo está oscuro, pienso que en el fondo todo sigue igual.


Estoy en la casa de mi abuela, en una provincia cuyo nombre me reservo.

(Me vino a la cabeza este comienzo de una novela de Saer: No hay, al principio, nada. Nada. El río liso, dorado, sin una sola arruga…”. Me fascinan los comienzos en la literatura. Tengo una teoría al respecto, pero otro día la expondré. O no, tal vez nunca. Me limito a decir que me gustan los comienzos. Cuando sea viejo y el mundo se vuelva irreconocible, van a quedarme esos fragmentos dando vueltas en la memoria).

Diré primero lo esencial: es un pueblo-ciudad, no hay mucho para hacer. Una vez fui al cine del pueblo con mi primo a ver Rápido y Furioso, a sala repleta. Mi primo dijo que había mucha gente porque la función era en español, que cuando es subtitulada no va nadie. Es el tipo de pueblo que tiene un cine que en su época de gloria fue un teatro. Es el tipo de pueblo que nació gracias a una fábrica que empleaba a miles de personas y después cerró. Es el tipo de pueblo en el que una anciana, en la carnicería, mira a una chica que está en la fila y le dice: “yo a vos te conozco de algún lado. ¿Cómo te llamás? No, no me suena. ¿Y tu mamá quién es? Capaz que la conozco”. Es el tipo de pueblo en el que cuando vas a buscar el auto de tu tía que está estacionado en el garage de la esquina (es el tipo de pueblo que no tiene garages, hay gente que tiene terrenos grandes y guarda autos cubiertos por un techo de tela, uno tiene que entrar con llave y fumarse a los ochenta perros que ladran sin parar), el hombre te dice: “¿Y vos qué sos de M? ¿El sobrino? Una de las hermanas es maestra. ¿Sos el hijo de la maestra?”. Ninguna de mis tías ni mi vieja es maestra, pero al final descubro que, en efecto, yo era el hijo de la maestra. Es el tipo de pueblo en el que el hombre del garage, de unos cincuenta y largos, remera gastada y gorra, te dice:

-No vas a poder sacar ese auto, tiene la goma pinchada.

Es el tipo de pueblo en el que uno, porteño irredento, piensa que el tipo del garage está delirando, pero se comprueba que en efecto hay una rueda pinchada. Al abrir el baúl para buscar la rueda de auxilio, uno descubre que el auto funciona como depósito: hay botellas, cables, reposeras, bolsas. El primo, el mismo que dijo que el cine se llena cuando la película no es subtitulada, empieza a sacar las miles de cosas que hay en el baúl para llegar a la mentada rueda, pero en el interín su mano toca algo peludo, suave, y saca la mano rápido porque cree que es una rata. Es el tipo de pueblo en el que no te sorprendería encontrar una rata en el baúl de un Corsa blanco de tres puertas estacionado en el garage de un tipo que te dice que conoce a tu mamá y que la recuerda de cuando era chica, de la época en que tenían una rotisería. La rueda está pinchada y no hay auxilio, no hay más remedio que caminar con el neumático en la mano hasta la gomería más cercana. Como suele suceder en este tipo de pueblo, el primo, el que casi encuentra una rata, aclara que la gomería que queda a dos cuadras es atendida por faloperos que afanan en la calle y -de hecho a él mismo quisieron robarle una vez pero los sacó cagando-, por lo tanto, lo mejor es caminar hasta la gomería lejana. Caminamos siete cuadras bajo el sol cenital, nos turnamos para llevar la rueda. Al llegar descubrimos, mi primo y yo, que la gomería dejó de existir. Hacemos el camino de vuelta, otras siete cuadras, para caer en manos de la gomería que queda a dos cuadras del garage.

Es el tipo de gomerías en la que atienden chicos de no más de veinte años. Sin duda, el capo es un viejo que está cambiando la cámara de una rueda de moto. Pelo corto, teñido, músculos. Llega un auto del que se baja un hombre gordo, va directo al viejo. El gordo extiende la mano abierta y el viejo, sin dejar de fumar, deposita en ella un fajo de billetes.

-Te dije: falopa -dice después el primo, cuando vuelven caminando con la cubierta emparchada, después de haber pagado apenas treinta pesos.

Es el tipo de gomerías que está en un tipo de pueblo en el que nadie cobra un precio excesivo por las cosas.

Vengo a la casa de mi abuela desde que nací. Las cosas cambiaron, todos tuvieron hijos, ahora es un correrío constante de pibes, yo soy otro, mi abuelo ya no está, mi abuela apenas puede caminar.

Pero a la noche, cuando en el living no queda nadie y todo está oscuro, pienso que en el fondo todo sigue igual a cuando a los siete años me quedaba en esa misma sala a mirar dibujos animados hasta tarde.

Y entonces me doy cuenta de que en algún momento, todo va a cambiar de verdad.

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