martes 13 de noviembre de 2018 - Edición Nº356
Dar la palabra » Política » 5 nov 2018

Debate sobre la economía provincial

¿Bertone es Macri? (Por Juan José Mateo)

El mañoso postulado rondaría en torno a denunciar que la gobernadora Rosana Bertone traicionó a su base electoral y sus principios doctrinarios, porque una vez obtenido el triunfo en 2015, se dedicó a realizar un brutal ajuste como el que el presidente Mauricio Macri está llevando adelante en estos momentos en la Argentina.


El título indica una falsa idea que algunos sectores de la política fueguina tratan de imponer de cara a la disputa electoral que se avecina el año próximo.

El mañoso postulado rondaría en torno a denunciar que la gobernadora Rosana Bertone traicionó a su base electoral y sus principios doctrinarios, porque una vez obtenido el triunfo en 2015, se dedicó a realizar un brutal ajuste como el que el presidente Mauricio Macri está llevando adelante en estos momentos en la Argentina.

Podría decirse con cierta suspicacia que esta intencionada lectura conviene a ambas costas del espectro opositor a la gobernadora Bertone.

Por un lado, a aquellos que pretenden disputarle el espacio de lo que hasta la derrota electoral de 2015 se conoció como “Frente para la Victoria” (una conjunción de fuerzas políticas con el Partido Justicialista como eje vertebrador).

Por otro lado, a los representantes locales de la Alianza “Cambiemos”, el armado político del presidente Macri, que de este modo pretenden lograr una zona de confort, intentando compartir culpas y responsabilidades ante muchas medidas adoptadas que perjudican a la Patagonia –y especialmente a la Provincia- y el fracaso financiero y económico nacional.

Pero desmenuzando un poco la línea argumental, resulta que Bertone no es Macri, porque a diferencia del Presidente, la Gobernadora no ajustó sino que se vio obligada por las circunstancias a reordenar el Estado para superar una crisis administrativa y financiera que hacía inviable a la Provincia, logrando paulatinamente mayores estándares de calidad de vida y además, lo hizo siguiendo pasos similares a lo que debió hacer Néstor Kirchner cuando asumió la Gobernación de Santa Cruz hace 25 años.  

 

Gobernar una provincia a lo Néstor Kirchner

 

Recibo una tragedia. No hay plata para sueldos, no hay nada en la caja, sólo pagarés”. Éstas son las palabras de Néstor Kirchner cuando en 1991 asumió el mando en la provincia de Santa Cruz. Demás está decir que Kirchner heredó una administración paralizada, con un déficit fiscal cercano a los 1.200 millones de dólares. Un caos administrativo en el que el 90% de los fondos girados por la Nación iban destinados al pago de salarios y jubilaciones estatales.

Entonces Kirchner procedió a hacer lo que la realidad (la única verdad) le permitía. Declaró la emergencia económica, firmó el Decreto 309/92 por medio del cual bajó sueldos y no pagó el medio aguinaldo de diciembre. Desdobló el horario de la administración pública, premió el presentismo a docentes, enfermeros y policías.

Luego de encaminar la provincia, la entregó ordenada, pacificada y con superávit fiscal (es decir, que los ingresos superaban los egresos).

Por eso llama la atención que en la actualidad y luego de la implosión que significó la derrota del armado del extinto “Frente para la Victoria” en 2015, un sector del kirchnerismo desconozca la faceta pragmática que engalanó Néstor Kirchner en sus primeros años como gobernador de Santa Cruz y sea capaz de acusar al gobierno de Bertone de ajustador serial, cuando 25 años después y en una coyuntura espejo, no hizo ni más ni menos que lo mismo: reordenar el Estado.

Tanto Néstor Kirchner en 1991 como Rosana Bertone en 2016, prepoteados por la crisis financiera, fueron capaces de asumir costos políticos altísimos, comprendiendo de forma determinante que sin solvencia fiscal no hay proyecto ni futuro regional posible.

 

El error de Macri

 

En diciembre de 2015, el gobierno del Mauricio Macri recién asumido tuvo la posibilidad de imponer un plan para mejorar las cuentas públicas y de esta forma sortear los problemas estructurales que acarreaba la Argentina: desequilibrios fiscales con el nivel de déficit, una elevada presión tributaria sobre el sector productivo y el consumo, desequilibrios en la matriz energética y carencia en los niveles de inversión para la creación de puestos de trabajo genuinos, ligados directamente a la generación de riqueza.

Para ello el Presidente creó estructuras específicas para modernizar el Estado y presentó orgulloso al “mejor equipo de los últimos 50 años”. Sólo restaba sincerar la situación y aprovechando la luna de miel otorgada por el triunfo electoral, realizar las correcciones necesarias.

En el tenor, los destinatarios y las consecuencias de las medidas adoptadas, cabría luego analizar si se trataría de un reordenamiento necesario del Estado para volver a crecer y redistribuir la riqueza o si sería un ajuste que, como tantas otras veces, lo terminaban pagando los sectores más desprotegidos y relegados de la sociedad.

El gobierno de Macri, sin embargo, contaba con dos ventajas importantísimas: recibió un Estado desendeudado externamente y socialmente pacificado. Motivo por el cual, contaba con márgenes aceptables para ensayar un reordenamiento del Estado.

Muy por el contrario de lo que todos esperaban y a diferencia de Bertone que asumió desde el inicio la situación de crisis, el presidente Macri adoptó un gradualismo económico que no sinceró el estado de las finanzas públicas, a la espera del ingreso de fondos frescos que rompieran la inercia que desde 2012 experimentaba la economía nacional, es decir, aguardando las famosas inversiones que nunca llegaron.

 

Lo que hizo Bertone y no hizo Macri

 

Rosana Bertone (como lo hiciera Néstor Kirchner en el inicio de su Gobernación) adoptó el duro pero efectivo camino de sincerar la situación de crisis, reordenar las cuentas públicas y hoy, superado el conflicto de aquella decisión, Tierra del Fuego presenta una mejora ostensible en infraestructura, la obra pública se sigue desarrollando y la situación fiscal goza de buena salud.

El gobierno nacional, en cambio, hizo poco y nada por reordenar el Estado y se dedicó a cultivar la especulación electoral: prueba de ello es el alarmante déficit fiscal que posee hoy el Estado nacional, que ha desatado la crisis cambiaria y la estanflación que golpea la vida de los argentinos día tras día.

Las sucesivas crisis que ha vivido nuestro país nos han enseñado que, en política económica, siempre es peor no hacer lo que hay que hacer. Cambiemos tenía un diagnóstico en muchos casos acertado de la situación argentina. Se lo comunicaron a la gente. La gente los votó para que cambien las cosas. Podía escucharse al presidente Macri decir hace tres años que “la inflación es tu incapacidad para gobernar”. En campaña electoral todo suena muy lindo. Pero decir eso en este país es como tener la boca más grande que el gran pez bíblico.

Hoy la Argentina se quedó sin financiamiento y Macri no sólo no pudo controlar la inflación, si no que endeudó crónicamente al país para sostener gasto corriente, destruyendo uno de los legados más importantes que le había dejado su antecesora, la presidente Cristina Fernández.

Así, hoy nos encontramos en el peor de los mundos: nos enfrentamos a una gravosa deuda externa, perdimos nuestra independencia económica que tanto nos costó alcanzar y tenemos el 50% de la obra pública dependiente del Gobierno nacional paralizada y sacrificada en el altar del déficit cero cuya medida de ajuste ahora parece no alcanzar.

 

¿Por qué Macri ajustó y Bertone reordenó el Estado?

 

Las diferencias entonces entre ambas lógicas de gobierno son claras. La noción de “ajuste” en nuestro país, a la luz de los hechos de nuestra historia reciente, está relacionada con transferir la riqueza generada en el país a los pagos y amortizaciones de la deuda externa. Reforzando el atraso y la dependencia económica nacional.

Así funcionó en cierto modo en los 90s, cuando el esfuerzo de los argentinos se esfumaba para llenar los arcones de los acreedores externos, mientras los capitales golondrinas ligados a la especulación financiera realizaban pingües negocios con el esfuerzo del trabajo del pueblo argentino.

El endeudamiento para pagar capital e intereses de la deuda externa, que además solo sirven para sostener déficit fiscales irresponsables abultando los gastos corrientes, sólo ha traído privaciones e inestabilidad para el país. Eso está ocurriendo hoy.

Mientras Bertone ha comprometido la totalidad de la deuda contraída en sentar las bases del crecimiento mediante la inversión pública en infraestructura y equipamiento comunitario, el presidente Macri se endeudó irresponsablemente para alimentar una timba financiera obscena y ahora está obligado a ajustar al pueblo argentino y las provincias para pagar la fiesta y la posterior crisis que su propio Gobierno generó.

 

(*) Secretario de Acción Política del Congreso Provincial Justicialista

 

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