martes 13 de noviembre de 2018 - Edición Nº356
Dar la palabra » Política » 26 oct 2018

Debate sobre la explotación del Canal Beagle

Una alternativa moderna y sustentable para preservar al Canal Beagle de las salmoneras (Por Mariano Spinedi)

Podemos criar peces marinos de manera sustentable, pero quienes toman decisiones de esta envergadura en la Argentina: ¿conocen a fondo sobre la utilización de las nuevas tecnologías de cultivo que ha desarrollado la industria acuícola?


En las producciones agroindustriales modernas es posible conciliar el desarrollo económico y el social junto con la protección del ambiente, es decir, sustentabilidad integrada por sus tres componentes esenciales. Siguiendo esta mega tendencia, la bioeconomía actúa como marco de referencia actual para la cría comercial de organismos acuáticos (acuicultura). Tenemos en este marco un mejor aprovechamiento de los recursos que se traduce en una mayor rentabilidad frente a las economías tradicionales, ya que los desechos generados por este tipo de producciones no son descartados sino que son reutilizados como materias primas.

La acuicultura por su parte es una realidad que llegó para quedarse, representando en la actualidad más del 50 % del total mundial de la producción de pescados y mariscos, siendo al mismo tiempo la actividad de mayor crecimiento en el segmento de la agricultura. Es un hecho seguro y certero que tendrá un crecimiento en volumen sin precedentes, con una producción adicional de 30 millones de toneladas para el 2030, y de 47,5 millones de toneladas para el 2050.

En esta expansión mundial e inevitable de la acuicultura, de la cual también formaremos parte, ¿nos posicionaremos como verdaderos “adoptadores tempranos” haciendo uso de las nuevas tecnologías para el beneficio colectivo? o ¿seremos los “rezagados”, los dinosaurios, presos sistemáticos de la repetición de los errores del pasado, adoptando tecnologías tradicionales ya obsoletas? Para contestar estas preguntas debemos primero formular otras. Quienes toman decisiones de tamaña envergadura en Argentina ¿saben acerca del potencial de las especies autóctonas con tecnologías de cultivo ya desarrolladas en Argentina? ¿Saben del impacto irreparable que provocaría la implementación de una industria tradicional en plena decadencia, basada en una especie exótica?

Empecemos a definir entonces los conceptos necesarios para responder a estas cuestiones.

 

Diferencias entre sistemas comerciales de producción de peces

 

Cuando hablamos de piscicultura marina debemos diferenciar entre los dos sistemas comerciales de cría predominantes utilizados actualmente, el cultivo tradicional en “Jaulas” en el mar, y los denominados sistemas “RAS” por su sigla en inglés para “Sistemas de Recirculación para Acuicultura” ubicados en tierra firme.

 

Las jaulas

 

Las Jaulas, son sistemas de contención abierta, en contacto permanente con la masa de agua circundante, no existe barrera entre los peces y el ambiente. La posibilidad de contacto con patógenos,  contaminantes, y corrientes de características fatalmente adversas para los peces, es permanente. Por otro lado el  excedente de alimento balanceado se deposita en el fondo junto con las heces causando el agotamiento del oxígeno. Además, el amonio y los fosfatos disueltos se liberan al agua en grandes cantidades y promueven eventos de marea roja catastróficos. También debemos tener en cuenta las interacciones negativas de este sistema con la población local de mamíferos marinos. Cada rotura de una jaula se traduce en escapes de miles de animales de cultivo hacia mar abierto, los cuales pueden impactar muy negativamente en las poblaciones salvajes de otros peces.

Veamos ahora algunos datos y hechos de esta industria por el mundo. El uso de antibióticos no se niega en Noruega ni en Chile (principales productores de salmón), habiéndose comprobado la resistencia antimicrobiana que ha generado el uso indiscriminado de estas drogas.

La última noticia impactante que tuvo lugar en el vecino país, ha sido el escape de casi 700.000 salmones recién tratados con antibiótico y no aptos para consumo de las jaulas de una de las firmas noruegas más importantes en producción de salmón a nivel mundial. Debemos destacar que este tipo de eventos no es para nada excepcional, de esta manera la industria tradicional genera crisis ambientales todos los meses.

Al menos 70% de la industria salmonera chilena se encontraba en la Región de Los Lagos hasta el 2016, y ya se advertía en aquel entonces que dichas empresas estaban migrando peligrosamente hacia los mares australes, escapando de sus propios desastres.

Cada vez son más amplias y frecuentes las limitaciones regulatorias y ambientales en diferentes países, que hacen de esta una industria convencional, a la que le resulta imposible cumplir satisfactoriamente con una demanda creciente a nivel mundial.

 

Los RAS

 

En contraposición, tenemos los mencionados sistemas RAS, integrados por grandes tanques de contención cerrada, donde se recircula/reutiliza hasta el 99% del agua que fluye a través de las unidades de cría y filtración, manteniendo los parámetros de calidad de agua en niveles óptimos de bienestar y crecimiento. Son en la actualidad la solución clave para una producción de peces a gran escala, ecológicamente sostenible y rentable al mismo tiempo. Luego de 25 años de desarrollo estamos frente a la “Tercera generación” de sistemas RAS, los próximos 10 años serán una etapa de crecimiento exponencial para esta tecnología, es lo que se llama una verdadera “ventana de oportunidad”.

Los RAS dan la posibilidad de evitar totalmente el uso de antibióticos u otras drogas y se evitan escapes, pérdidas y costos de mitigación. Atiende las necesidades del mercado pudiéndose ubicar en cualquier sitio, y permiten una oferta estable de pescado de mayor calidad durante todo el año. Los desechos sólidos producto de las heces se colectan y se deshidratan para luego ser utilizados  en la producción de biogás o como fertilizante agrícola. El efluente rico en nitratos y fosfatos se utiliza para hacer “acuaponia” y producir vegetales orgánicos para consumo humano.

Los costos operacionales son ahora comparables y están próximos o por debajo de los cultivos en jaulas. Los costos capitales eran relativamente altos para los RAS, sin embargo ya son varias las empresas que vieron que la escala da una estructura de costos altamente competitiva. En Chile ya están disminuyendo las pisciculturas operativas (salmón en jaulas) y aumentando las instalaciones RAS.  

Sabemos entonces que existen RAS adecuados para la producción de salmón de calidad en diferentes partes del mundo, en funcionamiento y operativos,  y otros tantos en etapa de diseño y construcción, en total armonía con el entorno. Este desarrollo ocurre vertiginosamente con los números que cierran tanto técnica como financieramente, y como consecuencia ya se ven nuevos cultivos de otras especies a escala industrial en RAS. Para el 2020 se espera tener una producción mundial en estos sistemas de alrededor de las 200.000 t de salmón y otros peces, otorgando puestos de trabajo, genuinos y sostenidos en el tiempo.

Entonces, ¿Por qué ir en la dirección opuesta? ¿Por qué no empezar directamente con RAS en Argentina en lugar de  abrirle la puerta a la producción en jaulas?

 

Posicionamiento

 

En Tierra del Fuego, Argentina, se está financiando con US$ 95.000 a una agencia noruega, para que realice una supuesta evaluación de factibilidad y nos diga cuantas jaulas pueden poner los noruegos mismos en el canal Beagle. Ahora bien, esta misma agencia a su vez apoya financieramente a la empresa Noruega considerada la mayor inversora en la escena internacional de los mega proyectos RAS totalmente sustentables. Está claro que Noruega sabe cuál es la dirección a seguir, ¿porque tomar un modelo de producción obsoleto que ellos mismos están dejando atrás?

Tenemos el privilegio de empezar de cero, en Argentina no existen a nivel comercial ni las jaulas ni los RAS, aprovechemos esa ventaja, haciendo las cosas bien desde el principio. Sabiendo que los costos entre uno y otro  son similares, no cabe duda cual sería la elección, ya que lo que no es similar, es la calidad final del producto y el grado de impacto ambiental y social.

Por otro lado, irónicamente Argentina en los últimos años ha desarrollado la tecnología de cultivo de tres especies nativas de peces marinos, en sistemas RAS. La última es el  pez limón, globalmente conocido como “Yellowtail Kingfish” o “Hiramasa”, especie que a nivel mundial se empieza a establecer como alternativa superadora al salmón, con una mejor calidad de carne, un mayor precio de mercado, y siendo cultivada en plantas RAS con costos similares. Los tomadores de decisión implicados parecieran desconocer este desarrollo, en el cual la investigación e innovación realizadas han sido reconocidas  a nivel internacional.

Quienes promovemos el cultivo sustentable, sabemos que no somos ajenos a la comunidad gastronómica de Chefs y consumidores conscientes que quieren saber que están comiendo, condenando industrias con impacto ambiental, y apoyando en cambio los emprendimientos sustentables. En Tierra del Fuego esta comunidad no es la excepción, y  ya se ha posicionado en contra de las salmoneras.

La provincia de Tierra del Fuego está íntimamente vinculada al canal Beagle, un mar prístino que sirve de pasaje entre dos océanos, área de cría para larvas de peces nativos que se protegen entre los bosques de cachiyuyo, junto con su recurso emblema, la centolla, especie autóctona, que se viene a degustar a Ushuaia desde todas partes del mundo.

De seguir en la dirección oficial planteada hasta ahora, Argentina pondría en grave peligro la riqueza única de este ecosistema, y avanzaría en un modelo acuícola que va a contramano de los países y mercados del primer mundo, con creciente orientación hacia el consumo orgánico, y que entienden que la producción intensiva con tecnologías tradicionales implica un riesgo grave para el ambiente y las poblaciones. Son los países y mercados que comprenden que “…no se puede hacer ningún negocio en un planeta muerto…”. Las comunidades científicas de Tierra del Fuego y de nuestro vecino país, Chile, nos están alertando desesperadamente, tomemos este privilegio y no hagamos “oídos sordos”.

Tenemos la posibilidad única de desarrollar una nueva industria en Argentina, tenemos los medios, las capacidades y las tecnologías desarrolladas a nivel local con especies autóctonas de mayor valor, preservemos al Beagle, fomentando el uso de estos nuevos sistemas de producción realmente sustentables.

 

(*) Biólogo especializado en el desarrollo de sistemas de cría sustentables para organismos marinos.

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