martes 13 de noviembre de 2018 - Edición Nº356
Dar la palabra » Política » 18 oct 2018

Medios y paradigmas

De la posverdad a la verdad viralizada (Por Gabriel Ramonet)

Los medios de comunicación ya no buscan hechos verdaderos. No importa, ni siquiera, que sean posverdaderos. Interesa que sean virales.La realidad se construye por microconsensos del universo digital, luego amplificados al resto de la sociedad con valor de verdad verificada.


Hace rato que, como afirmó Noam Chomsky, “la gente ya no cree en los hechos”.

La frase es equivalente a sostener que las personas han dejado de tener como aspiración, la búsqueda de la verdad a través de la verificación razonable.

Un acto de corrupción es filmado por una cámara de seguridad. El funcionario se ve en la imagen contando la plata. Las pericias confirman que no hay edición ni manipulación digital.

Es un hecho, verificable por medios racionales.

A la gente ya no le importa.

Apelan a la fábula, al prejuicio, a la imaginación o, mejor que todo eso, a la creencia personal anterior al hecho.

Antes del hecho, yo estaba convencido de la conducta del funcionario, y de la inconducta de sus opositores. Luego, acomodo la realidad, a esa situación anterior.

Es todo una operación política. Le tendieron una trampa. Pagaron para que la cámara estuviera encendida. Sacan las imágenes de contexto. No está contando billetes.

Una característica de este comportamiento, al que muchos han gustado en llamar “posverdad”, es que la negación del hecho es por medios que no pueden ser verificados.

¿Quién le tendió una trampa? ¿Quién pagó para que la cámara estuviera encendida? ¿qué evidencias concretas existen de una operación?

Mientras el hecho se apoya en pruebas (si bien no definitivas, al menos preliminares) su negación es irracional, y casi siempre emotiva.

La verdad, entonces, deja de ser una consecuencia lógica, para ser fruto de la creencia personal o sectorial.

Yo creo que fue así.

Es como una convicción religiosa. Es la construcción de la realidad, a través de la fe.

Pero no es todo.

La irrupción de la tecnología, y en especial de las redes sociales, volvió a cambiar el paradigma.

Ahora la verdad ya no solo es mi creencia separada de los hechos, sino que depende del impacto.

Un hecho es verdadero, no solo porque a mí me parece de acuerdo a mis creencias anteriores sobre el tema, sino que depende del grado de circulación en el universo digital.

Roban a una maestra en Burzaco. No es verdad.

Roban a un turista en un bar, lo filma una cámara de seguridad y la grabación se reproduce por miles de usuarios en las redes.

Entonces sí. Es verdad.

Si es viral, es verdadero.

Los medios de comunicación ya no buscan hechos verdaderos. No importa, ni siquiera, que sean posverdaderos. Interesa que sean virales.

No importa de qué color es la pared. Si todos los que la miran dicen que es verde, entonces es verde. Lo importante es que muchos digan que es verde.

Si mañana dicen que es roja, no hay ningún problema. Será roja.

Si para alguien es azul, por ejemplo, por más longitud de ondas, fotografías o evidencia científica que presente, seguirá siendo un decorado del sistema.

La realidad se construye por microconsensos del universo digital, luego amplificados al resto de la sociedad con valor de verdad verificada.

¿Cómo te enteraste? “Lo leí en Facebook”, “Lo leí en Twitter”. “Me llegó por WhatsApp”. “Está en las redes”. “Vi el video que está por todos lados”.

¿Qué viste?

¿Qué sabés?

¿Quién te lo cuenta?

No importa.

Es la realidad por la supuesta suma de consensos. Es la verdad por repetición. La razón por la audiencia.

En suma, es el fin del pensamiento.

 

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