lunes 24 de septiembre de 2018 - Edición Nº306
Dar la palabra » Política » 15 ago 2018

Panorama político y económico nacional

Vivir con incertidumbre (Por Nora Astorga)

Habitamos un país donde nos despertamos cada mañana sin saber qué va a pasar en nuestras vidas, en las vidas de nuestro entorno familiar, de nuestros amigos o compañeros de trabajo. Despertamos cada día, sin poder planificar, ni siquiera, un futuro cercano.


En los últimos tiempos, los argentinos estamos sumergidos en la incertidumbre.

Habitamos un país donde nos despertamos cada mañana sin saber qué va a pasar en nuestras vidas, en las vidas de nuestro entorno familiar, de nuestros amigos o compañeros de trabajo.

Despertamos cada día, sin poder planificar, ni siquiera, un futuro cercano.

No sabemos si al llegar a nuestros trabajos seremos recibidos o despedidos. No podemos imaginar un costo anticipado de los impuestos para saber si podremos pagarlos. Dudamos de nuestra capacidad económica para poder seguir abonando servicios elementales como la obra social o la prepaga. Nos angustia la posibilidad de tener que cambiar a nuestros hijos de colegio. O pensamos si alcanzará la plata que tenemos en el bolsillo para pagar la nafta o la tarjeta Sube para el transporte de todo el mes. Ni hablar si, además, tenemos que afrontar la cuota de un crédito que se indexa por algún mecanismo inflacionario o en función del valor del dólar.

Vivimos en un país de enormes cambios, donde somos bombardeados a diario por un periodismo cruel y mal intencionado, que nos cuenta solo casos de corrupción, tratando de ocultar la economía que nos agobia y nos sumerge cada vez más en la triste realidad de vivir con incertidumbre.

La incertidumbre es, ni más ni menos, que la falta de seguridad, de confianza o de certeza. Y también es esa constante inquietud que genera en todas las personas que la padecen.

Es, como dijimos, la falta de seguridad laboral, la angustia permanente por el riesgo de perder nuestro trabajo. Pero también la falta de seguridad en cuestiones tan básicas como la salud. ¿O acaso alguien está totalmente seguro de que si se enferma, tendrá cobertura plena de su obra social, recibirá las prestaciones necesarias y los medicamentos?

La falta de seguridad también se vincula con nuestro sustento. Con la impresión de que se cuenta, cada vez, con un sueldo más bajo producto de la inflación y de la devaluación del peso. O con una jubilación que tampoco se actualiza al mismo nivel que los costos de la canasta básica, y que no se sabe, para quienes no se jubilaron todavía, ni cuándo ni cómo van a acceder a ella.

La falta de confianza se disemina así, por todos los aspectos de nuestra expectativa de vida razonable. Falta de confianza en la continuidad de la enseñanza y de la salud pública. Falta de confianza en los políticos y los dirigentes gremiales. Falta de confianza en la justicia y los agentes de seguridad. Falta de confianza en los medios de comunicación. Falta de confianza en estar viviendo en una verdadera democracia.

Y también, falta de certeza de un futuro para nuestros hijos. Falta de certeza hasta sobre nuestro futuro inmediato.

Ésta es la Argentina en la que vivimos hoy. La que percibe mucha gente. La que vamos sobrellevando como si fuera una especie de normalidad forzosa.

Así estamos. Padeciendo tiempos sin rumbo. Soportando la constante inquietud que nos provoca la incertidumbre.

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