sábado 18 de agosto de 2018 - Edición Nº269
Dar la palabra » Política » 9 ago 2018

Debate sobre la interrupción del embarazo

El aborto, una materia pendiente (Por Pablo Sulima)

El último siglo ha sido también el de la equiparación de los derechos de las mujeres. Una gran deuda histórica, por cierto. Pero eso implica que hoy en día las mujeres pueden legítimamente tener un proyecto de vida en el que la maternidad sea un factor más, entre otros.


“Los últimos 500 años han sido testigos de un crecimiento vertiginoso y sin precedentes del poder humano. En el año 1500, había unos 500 millones de homo sapiens en todo el mundo. En la actualidad, hay 7.000 millones. Se estima que el valor total en bienes y servicios producidos por la humanidad en el año 1500 fue de 250.000 millones de dólares de hoy día. En la actualidad, el valor de un año de producción humana se acerca a los 60 billones de dólares. En 1500, la humanidad consumía unos 13 billones de calorías de energía al día. En la actualidad, consumimos 1.500 billones de calorías diarias. (Considere el lector de nuevo estas cifras: la población humana se ha multiplicado por 14, la producción por 240 y el consumo de energía por 115)”.

Yuval Noah Harari, Sapiens[1]

 

En la actualidad, nuestra especie vive una situación inédita a nivel mundial: con doscientos mil años de antigüedad sobre el planeta, y contando sólo con estimaciones de hace un máximo de doce mil (se piensa que en ese entonces éramos en total un millón de habitantes en todo el globo) hemos proliferado exponencialmente. Sólo para ponernos en perspectiva, esto equivale a decir que el 94% de nuestra historia hemos sido, como mucho, el 0.14% de los que somos hoy. Y tal como figura en el epígrafe, sólo en estos últimos 500 años nos hemos multiplicado por 14.

Pero lamentablemente, no es sólo una cuestión de ser más: según la fundación Global Footprint Network[2], en la actualidad consumimos anualmente a escala global un 50 por ciento más de los recursos que el planeta puede renovar. Dicho en otros términos: venimos gastando a razón de un planeta y medio al año, y casi todo el mundo coincide en que lo mejor que podemos hacer es seguir creciendo. El cambio climático, entre otras cosas, es una de las consecuencias de ello[3].

Y por si fuera poco, las estimaciones con respecto al futuro nada lejano, anticipan que treparemos hasta los nueve o nueve mil quinientos millones de habitantes para mediados de siglo. Ni que decir que eso implica, sólo en términos de alimentación, que seguiremos sometiendo a vacas, cerdos y pollos a la cruenta explotación industrial en la que se encuentran actualmente. Recuerde que el asado o la pechuga que usted puede haber comido anoche era un ser vivo, y la evidencia científica advierte que esos animales sufren, y mucho[4].

En ese contexto, me parece, es necesario poner en discusión la despenalización del aborto. Porque en el 99,95% de la historia humana nunca hemos tenido que preguntarnos si es biológicamente sostenible no poner restricciones a la procreación. En términos biológicos, nunca tuvimos que refrenar nuestros deseos sexuales. Las propias condiciones de subsistencia operaban como límite.

Paradójicamente, el éxito evolutivo tan rápido deja a la naturaleza indefensa[5].

Ni que decir tiene que hay otros factores relevantes que han sido mencionados insistentemente por distintos medios de comunicación en los últimos tiempos: el problema de salud pública más acuciante es que sólo las mujeres de altos recursos, en los hechos, son las únicas que pueden hacerse un aborto clandestino relativamente seguro. La gran mayoría, sin espalda económica suficiente, no corre la misma suerte…

Además, el último siglo ha sido también el de la equiparación de los derechos de las mujeres. Una gran deuda histórica, por cierto. Pero eso implica que hoy en día las mujeres pueden legítimamente tener un proyecto de vida en el que la maternidad sea un factor más, entre otros. Afortunadamente, no solamente pueden dedicarse a ser madres: también pueden desarrollarse profesional, deportiva, artística o científicamente. Incluso, si lo desearan, podrían elegir no tener hijos.

En ese sentido, la despenalización del aborto se enmarca dentro del proceso de ampliación de sus derechos[6], en este caso,  a decidir sobre sus propios cuerpos. Permítaseme insistir en la cuestión biológica: hoy en día, con la tecnología disponible, una mujer cuenta con una enorme cantidad de posibilidades de ser madre en cuanto se lo proponga. ¿Por qué no darle la posibilidad plena de decidir si prefiere evitarlo o posponerlo? La inteligencia más básica me dice que, si una mujer decide eso, es que debe tener un buen motivo.

En pleno siglo XXI, es nuestra obligación moral como sociedad respetarla.

 

 

[1] Edición digital Titivillus, 2014.

[2] www.footprintnetwork.org

[3] Sólo a título complementario, dejo a continuación dos párrafos más de la ya citada obra de Harari:

“La primera oleada de extinción, que acompañó a la expansión de los cazadores recolectores, fue seguida por la segunda oleada de extinción, que acompañó la expansión de los agricultores, y nos proporciona una importante perspectiva sobre la tercera oleada de extinción, que la actividad industrial está causando en la actualidad. No crea el lector a los ecologistas sentimentales que afirman que nuestros antepasados vivían en armonía con la naturaleza. Mucho antes de la revolución industrial, Homo sapiens ostentaba el récord entre todos los organismos por provocar la extinción del mayor número de especies de plantas y animales. Poseemos la dudosa distinción de ser la especie más mortífera en los anales de la biología.

Quizá si hubiera más personas conscientes de las extinciones de la primera y la segunda oleada, se mostrarían menos indiferentes acerca de la tercera oleada, de la que forman parte. Si supiéramos cuántas especies ya hemos erradicado, podríamos estar más motivados para proteger a las que todavía sobreviven. Esto es especialmente relevante para los grandes animales de los océanos. A diferencia de sus

homólogos terrestres, los grandes animales marinos sufrieron relativamente poco en las revoluciones cognitiva y agrícola. Pero muchos de ellos se encuentran ahora al borde de la extinción como resultado de la contaminación industrial y del uso excesivo de los recursos oceánicos por parte de los humanos. Si las cosas continúan al ritmo actual, es probable que las ballenas, tiburones, atunes y delfines sigan el

mismo camino hasta el olvido que los diprotodontes, los perezosos terrestres y los mamuts. Entre los grandes animales del mundo, los únicos supervivientes del diluvio humano serán los propios humanos, y los animales de granja que sirven como galeotes en el Arca de Noé”.

[4] Si quiere sentirse culpable de comer carne, le recomiendo al lector por ejemplo el documental Matadero: lo que la industria cárnica esconde. Link en youtube: www.youtube.com/watch?v=gY0vCambWRA&has_verified=1.

[5] Para compararnos con otras especies que reinaron biológicamente, los doscientos mil años de sapiens sobre la tierra no son nada comparados con los más de cien millones que reinaron los dinosaurios…

[6] Por eso mismo descarto tajantemente los argumentos que pueda expresar la Iglesia Católica, una institución tan retrógrada que es  monopolizada… por varones célibes. ¡No más preguntas, señor juez!

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