martes 23 de octubre de 2018 - Edición Nº335
Dar la palabra » Cultura » 7 ago 2018

Una fueguina consagrada al tango

De Tierra del Fuego al mundo con escala en Buenos Aires (Por Melisa Yaleva)

Carolina Couto es una joven fueguina que vive en Buenos Aires y desde allí se proyecta a todo el mundo. Tiene 23 años y está al frente de la nueva milonga porteña “La Rosa”. Ha viajado al interior y al exterior del país con proyectos laborales vinculados con lo que más ama: el tango.


Carolina Couto es una joven fueguina que vive en Buenos Aires y desde allí se proyecta a todo el mundo. Tiene 23 años y está al frente de la nueva milonga porteña “La Rosa”. Ha viajado al interior y al exterior del país con proyectos laborales vinculados con lo que más ama: el tango.

En Ushuaia -donde nació- oscurece temprano en invierno, y si bien las distancias no son largas, las cuadras se hacen interminables con el frío y la nieve de frente. Carolina recuerda que cuando salía de su casa al centro de la ciudad, siempre iba muy abrigada y aunque hubiera tormenta de nieve, “mamá siempre me acompañaba a las clases o las milongas”.

Creció en un hogar donde el tango se hizo presente por los gustos musicales de su mamá Marcela y de su abuelo Lulo que desde chica le decía: “Peti, vos tenés que bailar”. Así fue que Carolina comenzó a estudiar danzas clásicas a los 5 años, pero -años después- mientras hacía el ingreso al secundario, encontró el estilo del 2x4 que aún hoy “abraza”.

La galería del Museo Marítimo (ex- Presidio Ushuaia) fue el escenario donde de la mano de los maestros Mariela Muafra y Sergio Garro, dio esos primeros pasos como bailarina. Dado que no había clases para niños o adolescentes tuvo que insistir para que la dejaran hacer las clases con adultos, pero una vez que empezó nunca dejó.

Tomó clases con todos los profesores y todos los estilos que a los que tuvo acceso, relata Carolina aunque también cuenta que desde los 15 años asiste a los Encuentros de Tango del Interior -ETI- donde conoció una red de “personas increíbles” por lo que el arte y la calidez humana hicieron que cada vez se enganche más. “Allí comencé a tener el sueño de dedicarme a esto, pero también a tener conciencia que si quería hacerlo cien por ciento tenía que vivir en Buenos Aires, para formarme, capacitarme y bailar mucho mas” expresa la bailarina.

Bailando en Buenos Aires

Buenos Aires tiene un circuito único en lo que al tango se refiere, milongas, clases, maestros y oportunidades laborales para quién pretende dedicarse a este arte. Carolina lo sabe y reconoce que se encontró con “un mundo nuevo” con mucha gente y apasionados con la misma intensidad que ella. Todos los días a toda hora hay espacios donde estar en contacto con este ritmo y baile. Si uno tiene algo que ama y quiere dedicarse a desarrollar eso, “poder tener todo al alcance de la mano es algo mágico, eso me enamoró de esta ciudad”, rememora Couto.

El inconfundible pelo rosa y su simpatía son dos cosas caracterizan a esta joven bailarina, desde que arribó a la Capital Federal fue acogida por compañeros y amigos. Tiene una activa participación en el circuito tanguero. Vive de dar clases grupales e individuales a nacionales y extranjeros de todas las edades. En las clases están presentes las cuestiones técnica y estética pero también “soy consciente que bailar y abrazar a tu compañero/a de danza y mantener ese abrazo durante una canción no solo tiene un fin artístico estético sino que se trata una experiencia personal que te hacer sentirte a vos, al otro de esa forma crecer”.

En el año 2016 participó por primera vez -junto a su compañero de baile de ese momento, Emanuel Ledezma- del Mundial de Tango, dónde sorprendió al jurado por su técnica y estilo quedando en 4to puesto. Esa experiencia le abrió algunas nuevas posibilidades, sin embargo ella reconoce que el trabajo constante es lo que la lleva a continuar sus sueños.

Bailando en el Mundo

A dos años de instalarse en barrio porteño de Congreso -en 2017- comenzó con las giras al exterior. Entre los países visitados están Uruguay y Portugal, pero también Georgia, Turquía e Israel. Este año ya pasó por Alemania, Inglaterra, Francia y tiene pautadas algunas giras de trabajo por otras capitales de europeas, pero también pasará por México y otros países de Sudamérica.

“Viajar es algo que me hizo crecer y cambiar la mirada, me sorprendió cómo valoran, aman y respetan nuestro tango, algo que es tan nuestro; es algo que necesitaba vivir para entenderlo, compartir con otras personas te renueva y te da ideas para hacer cosas nuevas”.

Sueños milongueros

Carolina no para: viajes, proyectos, clases, milongas. Su nuevo emprendimiento se llama “La Rosa”. Se trata de una milonga en el conocido internacionalmente espacio de tango El beso. Comenzó hace solo un mes, pero cada domingo se llena más y más, “ver que la gente disfruta, es algo que me llena de orgullo”, expresa Carolina. “Es un espacio donde invito a todos a bailar en un ambiente amigable, con música excelente, buena atención y donde se encuentran edades, estilos y puntos geográficos de todo el mundo”.

“Es mágico ver tanta gente bailando y cómo se puede unir el mundo en una clase o en un abrazo. Al bailar abrazado a otro abrazas su historia, su lugar, su idioma”.

Cambia la sociedad, la pasión es la misma

Como fenómeno social, el tango también es escenario de las nuevos sentidos que circulan sobre -por ejemplo- los roles y los géneros. Existen milongas con códigos tradicionales, pero también espacios más abiertos y plurales. Respecto a esto “hay milongas con otros códigos, donde no te permiten bailar con personas del mismo sexo o incluso ir con zapatillas, yo pienso que un abrazo no tiene sexo, no tiene nada ver con el género con que uno se defina, me encanta la idea que seamos libres y que podamos bailar con quien queramos, y creo que va pasar cada vez más; la identidad es algo humano que no tiene que limitar a nadie”.

El tango, no es solo una danza o un estilo, “es una forma de vida, una pasión, es algo que me conecta con mis raíces, mi cultura, un forma de expresarme, un cable a tierra y es mi trabajo”, explica la bailarina fueguina, y confiesa que su sueño es “poder seguir dedicándome a esto, tener un estilo propio. Me gusta lo clásico y lo nuevo, quisiera poder construir un baile propio, desde lo estético hasta lo que se siente y luego poderlo compartir con otros como maestra”.

 

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