martes 17 de julio de 2018 - Edición Nº237
Dar la palabra » Política » 2 jul 2018

Debate sobre la legalización del aborto

No era Mariana (Por Gabriela Bersier)

¿Es necesario explicar que la falta de respeto no tiene que ver con la defensa de una postura ideológica? Creo que no, que la falta de empatía los hace actuar de ese modo, que el nulo registro del otro hace que puedan decir cualquier cosa en cualquier contexto, que la violencia verbal puede ser traumática. Tanto que nuestra mente puede hacer malabares para sobrevivir sin ese recuerdo


A veces no sé dónde quedaron algunas fotos del pasado, pero de pronto aparecen, cuando alguien me saluda, cuando ese saludo es esquivo, cuando no me acuerdo de donde conozco ese rostro.

Hace algunos días que un recuerdo me perturba y fue a partir del saludo de una persona en una manifestación. De repente retrocedí 17 años. Estaba en la habitación de una clínica de la ciudad a dos días de enterarme que mi segundo hijo venía con la famosa “vuelta de cordón” y que iba a tener que nacer por cesárea. No era lo que más me preocupaba, conocía la experiencia porque mi primer hijo llegó al mundo una semana después de lo previsto y de la misma manera. En esa habitación trataba de pensar en otra cosa, en los nombres posibles, ya que con la noticia de la cesárea también había llegado la novedad de que era otro varón.

No había mucho tiempo, iba a llegar en un par de horas, así que decidimos cambiar la A por la O y listo. Años más tarde me di cuenta que fue una hermosa decisión.

Durante la espera para entrar al quirófano entraron enfermeras, me prepararon, me pincharon, me pusieron el suero y no sé muy bien que más. El tema es que ya estaba con las venas listas para cualquier eventualidad. Esa es la parte que más me impresiona, siempre. También entró la obstétrica, se acercó con una sonrisa y con el mismo tono en que me informó que tenía que esperar dos horitas más me contó que todo se retrasó porque había nacido un bebé muerto.

Ahora sí todo se había nublado, las manos frías, mi eterno problema de circulación, no sentía las piernas, tenía miedo, me tocaba la panza, trataba de que mi bebé me diera alguna señal de que estaba bien, de que la “vueltita de cordón” no iba a ser un problema, de que iba a esperar que preparen el quirófano. Pero eso no era miedo, era pánico, y no podía hablar.

Mariano nació unas horas después de ese monólogo que volví a recordar hace algunos días en la marcha, cuando vi a la señora que me contó lo del bebé que nació muerto. Las baldosas se me confundieron con los carteles de las dos vidas, los globos celestes y rosas y casi me voy al piso. Pero estaba trabajando, igual que mi compañera Lorena Uribe cuando este viernes en las puertas del hospital de Río Grande fue insultada, violentada, perseguida y burlada. La llamaron “asesina” y le dijeron “ya te vamos a encontrar sola”. Todo por llevar el pañuelo verde que identifica a la lucha por la legalización del aborto.

¿Es necesario explicar que la falta de respeto no tiene que ver con la defensa de una postura ideológica? Creo que no, que la falta de empatía los hace actuar de ese modo, que el nulo registro del otro hace que puedan decir cualquier cosa en cualquier contexto, que la violencia verbal puede ser traumática. Tanto que nuestra mente puede hacer malabares para sobrevivir sin ese recuerdo. Hasta que aparece, en una marcha, en un saludo esquivo, en unos ojos que saben lo que pasó.

Lo que no saben es que nosotras estamos juntas, nos conocemos hace siglos, nos sostenemos en nuestros puntos comunes y en nuestras diferencias, nos respetamos y valoramos, sobre todo porque el trabajo es nuestro campo de acción, y la militancia nuestro más preciado camino recorrido juntas.

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