martes 23 de octubre de 2018 - Edición Nº335
Dar la palabra » Política » 7 jun 2018

Día del periodista

Dónde quedaron los periodistas (Por Pablo Riffo Torres)

No hay margen para que el buen periodismo sea financiado en Tierra del Fuego ¿Cómo se puede investigar si para hacer un sueldo de comercio, mínimamente hay que tener 3 trabajos? No hay tiempo ¿En qué medio se puede interpelar a los poderosos si corre riesgo la pauta que financia nuestros trabajos? De la que, obviamente, recibimos una magra parte, muchas veces en negro.


Cada 7 de junio la nostalgia nos gana y hacemos un repaso de nuestras carreras periodísticas. Nuestros comienzos. Citamos a nuestros “padrinos” y les volvemos a agradecer por habernos hecho lugar y acompañado en este maravilloso camino. Pero quizás y solo quizás, este día donde el resto de la sociedad rememora y saluda a sus periodistas favoritos, sea la única jornada donde el resto de la sociedad mire y escuche sobre lo que nos pasa a diario. 

La vida del periodista está lejos de ser ese compendio nostálgico de experiencias hermosas que citamos cada 7 de junio. Es un camino maravilloso, pero para nada sencillo. Donde si bien existe la belleza, la satisfacción y los éxitos personales se disfrutan, no se alcanza nada de esto sin haber dejado alguna marca interna, y por qué no, externa. Donde el desmoronamiento moral se atraviesa a veces de forma traumática y dura, y en otras se naturaliza rápidamente. Donde el sistema te absorbe, y te incluye, casi sin que te des cuenta.

Hace años que reflexiono y pienso ¿qué está mal en el periodismo fueguino? ¿está mal el periodismo fueguino? Y, sin ánimo de dar cátedra del asunto, creo que hay ciertos puntos para destacar.

Los periodistas fueguinos, y me animaría a decir los periodistas de varias provincias patagónicas, pero sobre todo en Tierra del Fuego, necesitamos dejar de pensar y trabajar en términos monetarios, y hacerlo en términos periodísticos.

El modelo de negocio de los medios locales, con una alta dependencia de pauta oficial, donde los sueldos bajos son el factor común, condiciona a los periodistas a depender de varios trabajos, e incluso repetidoras del modelo cuando la necesidad nos empuja al emprendedurismo periodístico. Porque el modelo, evidentemente, funciona.

Funciona para hacer plata, para pagar las deudas, para llegar a fin de mes. Pero no para hacer periodismo. El periodista que investiga, que pregunta e interpela, muta y se adapta al modelo de subsistencia. Y tanto el poder central que financia los medios, como las mismas empresas mediáticas que pagan sueldos bajos en condiciones deplorables, son cómplices de la mutación y adaptación de los periodistas fueguinos.

La pregunta que cabe hoy es ¿de qué lado están los empresarios mediáticos? ¿no debería un medio ser el refugio de los periodistas? En algún momento el modelo de financiamiento interpuesto corrompió esa relación de refugio – refugiados que los periodistas teníamos con nuestro lugar de trabajo.
Se quebró el sentido de pertenencia, el orgullo de escribir en tal lugar el día que nos sacaron las firmas. El día que nos empujaron a redactar lo que los agentes financieros querían escuchar, y no las historias que podíamos contar. El día en que una pregunta nos dejó sin trabajo, y quedamos desamparados ante un modelo expulsivo.

Porque la metamorfosis de adaptación es obligatoria. No hay margen para que el buen periodismo sea financiado en Tierra del Fuego ¿Cómo se puede investigar si para hacer un sueldo de comercio, mínimamente hay que tener 3 trabajos? No hay tiempo ¿En qué medio se puede interpelar a los poderosos si corre riesgo la pauta que financia nuestros trabajos? De la que, obviamente, recibimos una magra parte, muchas veces en negro.

Nuestra moral periodística se ahoga con cada pregunta que nos guardamos. Que nos censuran, pero que después nos censuramos a nosotros mismos. Porque nos alcanza con dos o tres escarmientos para reconocer que, sin los medios de aliados, los periodistas no pueden aparecer en escena. El periodismo no puede aparecer en escena.

El 7 de junio es un día para conmemorar, para recibir saludos y disfrutar del cariño de la gente que nos lee y nos escucha, pero también es un día para la reflexión y el análisis. Donde seriamente tenemos que preguntarnos ¿dónde quedaron los periodistas?

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