viernes 22 de junio de 2018 - Edición Nº212
Dar la palabra » Política » 28 may 2018

Atención de emergencias en el hospital

“Caer” en el Hospital Público (Por Héctor “Lito” Lavia)  

Cuando pasa algo en tu cuerpo que no podés controlar recurrís a Dios o al teléfono de tu médico. Y si la cosa se pone fea directamente vas al hospital. Esto me pasó a mí, luego de tratarme por una arritmia caprichosa que se confabuló con una taquicardia igual de peligrosa, en un cóctel que en algunos casos puede mandarte antes de tiempo a entrevistar a San Pedro


Cuando pasa algo en tu cuerpo que no podés controlar recurrís a Dios o al teléfono de tu médico. Y si la cosa se pone fea directamente vas al hospital.

Esto me pasó a mí, luego de tratarme por una arritmia caprichosa que se confabuló con una taquicardia igual de peligrosa, en un cóctel que en algunos casos puede mandarte antes de tiempo a entrevistar a San Pedro. Pero bueno, este no fue el caso dado que si no, no estarían leyendo estas líneas, amigos lectores.

Y así pasó: llegué a la guardia con la ambulancia que me trajo desde Almanza junto con el Dr. Franco (del cagazo no recuerdo el apellido) con enfermero, camillero y chofer. Esta verdadera tropa de ataque que va a buscarte adonde sea, llegó rápidamente, me revisó y pusieron cara de “no te preocupes que va a estar todo bien”. Entonces yo traduje: “Gordo estás en el horno… más vale que te agarraron a tiempo”.

Con un corazón que andaba a más de 170 pulsaciones por minuto no había mucho que esperar así que ¡de cabeza a emergencia!. En la guardia ya estaba esperándome el otro equipo, el que te asusta porque lo ves junto a un montón de aparatos a los que están dispuestos a enchufarte si es necesario. Luego de un chequeo rápido me derivaron a terapia intensiva … y ahí empieza el cuento.

Viendo los programas de emergencias médicas, de Discovery Channel, uno supone que así deberían ser las instalaciones de las salas de trauma, pero como somos argentinos y encima en el culo del mundo, aspiramos por lo menos, a que sean un poquito mejor que las de la guardia. De repente las pulsaciones comenzaron a mermar y por sorpresa entré en otro mundo de aparatología de primer nivel y lo más importante, con profesionales también de primer nivel.

Luego de los primeros minutos de enchufe, catéteres y sueros seguidos de cableado como si fueras un TV de 20” de la década de los 80, escuché el tan temido pitito: Pip-pip-pip-pi que indica que tu corazón se normalizó y por la velocidad del pip, la cara de “Gordo estás en el horno” pasó a “Gordo te salvaste… por ahora”.

Otro mundo es terapia intensiva, con personal altamente calificado y con insumos y elementos para realizar los más complejos procedimientos. Esto lo cuento porque muchas veces uno agarra por lo más fácil: llega a la guardia y espera mucho para que lo atienda el médico o la empleada de la mesa de entradas, que tiene más ganas de estar viendo Netflix que de atender a nadie. Entonces el paso siguiente es gritar la frase más escuchada y que es:“¡Este hospital de mierda y lpmqlrp….!”

Bueno. No es ningún hospital de mierda ni nada parecido. Lo que sí existe y se puede comprobar es que falta supervisión y organización en algunas áreas que son sensibles, fundamentalmente en la atención primaria del paciente. Con educación, capacitación y responsabilidad en esas secciones seguro esa frase popular se erradicaría definitivamente y no se verían opacadas otras zonas del hospital que funcionan excelentemente, dicho esto desde una experiencia que viví en carne propia.

La nueva aparatología adquirida en los últimos dos años para el laboratorio, hemodiálisis y terapia intensiva, nada tiene que envidiarle a la de cualquier clínica de las más conocidas del ámbito privado.

¿Qué faltan cosas?, seguro, pero con las qué hay se salvan vidas y eso poco se valora desde la bronca que se genera en la cola de la guardia, cuando no te atienden rápido o la angustia a la hora de conseguir un turno, aunque en este área se está tratando de informatizar más ese trámite.

Este hospital invierte en salud más de lo que uno puede imaginar y les voy a dar un par de datos: al lado mío estaba internado el muchacho que chocó recientemente en el puente amarillo. La imprudencia y estupidez humana hizo que este cristiano, por suerte, llegue a manos de los profesionales de terapia intensiva del HRU, que lo salvaron de una muerte segura.

Observé en varias oportunidades como cinco profesionales, entre médicos y enfermeros, ingresaban todos al mismo tiempo al área donde se encontraba este joven para compensarlo en distintos horarios, de día, tarde o madrugada. Y ni que hablar de todos los insumos, drogas, aparatología y horas hombre que fueron destinadas a salvarle la vida. Todo a cargo del Estado, claro.

Otro caso para destacar es el de un paciente al que también el Estado le proveerá un marcapaso por un problema cardíaco y todo a cargo de los contribuyentes. Esto también es Salud Pública. Y por último para no aburrir, valga mencionar que a otra paciente de terapia intensiva se le provee un medicamento que cuesta por frasco unos $10.000 y que se lo suministran tres veces por semana.

Todo esto sin mencionar que a cientos de pacientes que pasan por el nosocomio a diario se les suministran aparte de medicamentos y material descartable, servicios de laboratorio que también significan insumos que el Estado cubre. Saquen la cuenta, señores lectores y se sorprenderán.

Para concluir con este tema podría afirmar que son tres las áreas que deberían modificar su metodología de atención (dicho esto desde el lugar de paciente). El primero es el área administrativa de las tiras, en donde algunas empleadas no parecen tener en claro su función. Allí se puede apreciar cierto destrato hacia los pacientes que llegan angustiados (convengamos que nadie va al hospital a pasar el tiempo). Detrás de la ventanilla aparece una persona digna de representar al personaje de Antonio Gasalla, a la que solo le falta gritar ¡Atrás! ¡Atras! ¡¡¡Atrás!!!!.

A esto le podemos agregar las esperas en las guardias sin la debida contención de los angustiados vecinos que van por una solución a su padecimiento. Y por último hay que informatizar más, agilizando así el sistema de turnos y por sobre todas las cosas difundir las especialidades que están atendiendo en los distintos centros de salud que se encuentran repartidos por toda la ciudad, y que descongestionarían mucho la demanda hospitalaria.

Tal vez sea un momento para replantear la estrategia en la dirección del hospital y que profesionales de administración hospitalaria sean los que realicen esta labor importante y sensible del HRU.

A ver, nadie puede pensar que a un gerente sanitario se lo llame para operar a un paciente de tiroides, entonces ¿¿¿por qué un médico tiene que gerenciar un hospital ???. Me atrevería a afirmar que un cambio así modificaría la imagen de la institución. Y los profesionales médicos, que son excelentes en muchos casos, podrán dedicarse a lo que ellos conocen más y muy bien, que es tratar las patologías de los pacientes.

Pero volviendo al área de terapia intensiva les puedo decir que no les deseo que algún día pasen por ahí, por obvias razones, pero que si por alguna circunstancia grave tienen que pasar por ella, quédense tranquilos que serán atendidos de una manera especial, con profesionalismo ante todo y trato humanitario como complemento. Ser contenido aparte de atendido es una de las tareas fundamentales para aquel paciente que la incertidumbre de su situación le carga un problema más al que ya tiene.

Enfermeros que están continuamente pendiente de las alarmas del aparataje que uno tiene pegado al pecho o a otras partes del cuerpo, momentos de anécdotas y chistes que se interrumpen al menor indicio de molestia del enfermo, hacen que la terapia intensiva modere esa sensación de gravedad que atenaza el alma.

Los médicos y enfermeros son un capítulo aparte. Algunos muy serios que esconden detrás de esa fachada esa mirada compasiva hacia el que está postrado pero que acompaña con la explicación permanente del diagnóstico en el que uno se encuentra. Y los más extrovertidos acompañan con anécdotas y experiencias de vida, para aliviar la preocupación del enfermo, con algún chiste que otro.

¿Quiénes son estos profesionales terapistas que cuentan con títulos que van desde licenciados en enfermería hasta médicos terapistas con más de 25 años de experiencia en trauma y que trabajan todos los días sin que les duela la panza o pidan artículo?

Ellos son: en enfermería, Andrea Sosa, Mariana Balbín, Mabel Velázquez, Mariana Caillac, Edith Leguizamón, Sabrina Petray, Alicia Lora, Teresita Pereyra, Miguel Noriega, Carlos Alienó, Pedro Martínez, Arnaldo Apaza, Eduardo Cortéz, Cristian Seguí y Daniel Panza.

Los médicos son Eduardo Sierra, Eduardo Perrault, Marcos Colman, Adrián Tobal, Fabián Aliano y Sebastián Rossi.

Y un agradecimiento especial a la cardióloga Ana Grassani, por su paciencia, dedicación y contención, quien junto con el doctor Aliano pudieron darle en la tecla a mi dolencia cardiaca.

¡Gracias infinitas a todos! (Y prometo no deschavar los apodos que tienen algunos y que son muy graciosos y que fueron parte de la alegría que me brindó esta experiencia en un lugar fuerte, heavy como dicen los pibes…)

Sinceramente y de corazón, gracias…

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