martes 22 de mayo de 2018 - Edición Nº181
Dar la palabra » Urbanismo » 16 may 2018

Debate sobre el crecimiento de la ciudad

Yo señor, no señor ¿Entonces quién planifica? (Por G. Worman)

Los problemas son todos iguales o muy parecidos en cada conflicto urbano. El síntoma de la crisis pueden ser cada vez más autos o cada vez menos estímulos para evitar su uso. Le echamos la culpa al auto. Las ciudades que no respetan criterios de planificación crecen. Aumentan su tamaño y la cantidad de viviendas, pero no se desarrollan.


Los problemas son todos iguales o muy parecidos en cada conflicto urbano. El síntoma de la crisis pueden ser cada vez más autos o cada vez menos estímulos para evitar su uso. Le echamos la culpa al auto.

Cada uno de los barrios que no tienen agua potable sufren del mismo mal: las casas se construyeron sin infraestructura básica; en muchos casos varias decenas de metros por encima de las cisternas que envían el agua por gravedad hacia la ciudad. Le echamos la culpa al que construyó para tener un techo.

Es tarde. La noche está fría y los cristales de los autos ya muestran la delgada capa de hielo que se consumirá un par de minutos extras de calefacción a la mañana. Barili de TELEFE podría hacer un informe sobre como sobrecalefaccionamos los autos sin gente adentro por las mañanas con nafta o gasoil, dos combustibles no renovables.  No voy a describir la escena dantesta sobre esa inteligencia ambiental y la lógica de preservación del ambiente de arrancar todos los autos por la mañana con los vidrios congelados, y tratar de no destrozarnos los unos a los otros. No es la idea de esta nota.

Las ciudades crecen de muchas formas. En algunos remotos lugares, primero autorizan la construcción de viviendas, luego se debate cómo y por dónde deben pasar los colectivos, para después aprobar la extensión de la recolección de residuos. Atrás vienen los vecinos con el reclamo de tener agua potable y que las cloacas de sus casas ya construidas con permiso estatal no transformen sus jardines en protoriachuelitos.  Después el gas natural. Como a lo último de todo.

Las ciudades que no respetan criterios de planificación crecen. Aumentan su tamaño y la cantidad de viviendas. No se desarrollan. No hay un fenómeno de evolución, sino de expansión. La ciudad se vuelve más grande, pero sin mejor calidad de vida.

La planificación, en este caso urbana, no es un concepto neutro. Permite desarrollar proyectos de intervención e inversiones ideadas para mejorar la forma de vivir de los vecinos que habitan una ciudad.  

A las 7.38 de la mañana hacía -1 grado. Y 8 bajo cero de sensación térmica. A las 13.41 el cielo estaba nítido, con el color celeste otoñal diáfano. Con el frío, el cielo pierde intensidad de color. Es el momento del día en donde el sol(cito) le pega de frente a la ciudad y encandila la península o el Atlántico. Se posa sobre la cadena montañosa que le da forma de anfiteatro a la ciudad o en uno de sus fondos. Como todo lo encantador, no dura para siempre. Un rato. Es el momento para salir a caminar por el centro, pero las plazas y veredas están todas invadidas por los autos. Los hay arriba y debajo del cordón. Los espacios públicos justamente carecen de espacio, y así pierden la lógica de su naturaleza. Como no hay lugares para brindar servicios para los cada vez más motothome que visitan la ciudad entre octubre y marzo, todos terminan estacionados en eso que llamamos equivocadamente ¨espacios públicos¨. De allí que uno pasa en las mañanas por una vereda y convive con un individuo que está dentro de un vehículo en pleno centro en pijama y con un cepillo de dientes dentro de su boca.

Los motorhome vienen igual, estén o no los espacios planificados para que ellos puedan estacionarse. Entonces lo hacen donde quieren, no donde deberían.

Las ciudades crecen en la cantidad de autos que la circulan. También en el número de viviendas. La ciudad crece hacia arriba, a lo alto y los costados.

Pero no hay lugar para desarrollarse. Dónde pasar un buen momento al aire libre porque los espacios no fueron pensamos en los vecinos, sino en sus autos. Los planes son de pavimentación, no de veredas o bici sendas. Por ejemplo, el tren en Ushuaia no es un medio de transporte urbano sino un producto turístico.

Hagame el siguiente favor estimado lector o lectora: piense cuántos lugares para pescar con caña hay en las dos ciudades costero-marinas de Tierra del Fuego. Este es un ejemplo hermoso. Para pescar tenemos que irnos de las ciudades en donde vivimos, cuando los frentes costeros de Ushuaia y Río Grande son, sin duda, sus principales y más grandes espacios públicos

Tal vez sirva probar con la planificación. Y allí verdaderamente pensemos en la población. O sigamos creciendo hasta que el límite a todo esto nos diga basta, y que las ciudades ya no sean lugares para vivir sino un estímulo para rajarse hacia las afueras los días lindos y los fines de semana.

Hace unos años un joven arquitecto fueguino me dio un ejemplo seductor. Vivió un tiempo en otra ciudad donde estudiaba, alquilando un departamento muy chiquito. Pero no era un problema el tamaño del departamento: los espacios comunes de la ciudad eran tan lindos y pensados en la gente que disfrutaba de deambular por espacios que habían sido pensados para ser vividos. La ciudad también era fría, pero no tenía necesidad de esconderse de una ciudad que no había sido pensada para la gente que vivía dentro de ella.

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