martes 22 de mayo de 2018 - Edición Nº181
Dar la palabra » Política » 9 may 2018

Aprovechamiento de la fauna silvestre

Valor o inutilidad del guanaco (Por Adrián Schiavini)

Desde hace ya más de una década, el guanaco es “acusado” de reducir la receptividad de los campos de la Patagonia y de la Tierra del Fuego para la producción de ganado. Más recientemente, en Tierra del Fuego se afirma que compromete la capacidad de regeneración de los bosques de lenga sujetos a producción. A ello se agrega la preocupación por las colisiones entre guanacos y vehículos en las rutas patagónicas. Se levantan así las voces que reclaman por el “control poblacional" del guanaco. Lo que molesta se reduce. Paradójicamente, el año pasado el guanaco fue homenajeado con su figura en el billete de 20 pesos


El guanaco era el herbívoro silvestre de mayor tamaño y abundancia de la Patagonia hasta la llegada de los herbívoros domésticos a manos de los europeos. Era el único ungulado que habitaba las  estepas patagónicas desde el fin del Pleistoceno (10,000–12,000 años atrás) hasta la introducción del ganado. La presión de herbivoría doméstica del siglo XX, la erupción del volcán Hudson en 1991, el abandono posterior de los campos, y la progresiva reducción de la capacidad productiva de los suelos por causa del pastoreo y del clima, han llevado a que, en algunos sectores de la Patagonia, se deban reunir 10 hectáreas para poder criar una oveja. Algo muy lejano de la receptividad de 2 hectáreas por oveja de antaño.

Desde hace ya más de una década, el guanaco es “acusado” de reducir la receptividad de los campos de la Patagonia y de la Tierra del Fuego para la producción de ganado. Más recientemente, en Tierra del Fuego se afirma que compromete la capacidad de regeneración de los bosques de lenga sujetos a producción. A ello se agrega la preocupación por las colisiones entre guanacos y vehículos en las rutas patagónicas. Se levantan así las voces que reclaman por el “control poblacional" del guanaco. Lo que molesta se reduce. Paradójicamente, el año pasado el guanaco fue homenajeado con su figura en el billete de 20 pesos.

Actualmente existen iniciativas que promueven la coexistencia de la ganadería con la fauna silvestre mediante prácticas ganaderas amigables con el medio ambiente, que benefician al productor­­ mediante la obtención de precios diferenciales para sus productos. Una creciente tendencia global en mercados que ven como un valor en sí mismo la conservación de las características “silvestres” de los paisajes. Adoptar estos enfoques permitiría reemplazar la visión del guanaco como competidor de los herbívoros domésticos por las pasturas nativas, por la de una coexistencia con los componentes naturales integrantes del paisaje. En este contexto, lograr el uso sustentable de una especie silvestre como el guanaco, que tiene un alto potencial económico y factibilidades para su manejo en silvestría, podría resultar en una interesante actividad complementaria a la ganadería.

Una iniciativa, de inminente inicio en Santa Cruz, propone realizar una prueba piloto de uso de guanacos silvestres, cosechando hasta 6000 individuos. Los animales serían encerrados, esquilados, y luego algunos de ellos sacrificados para producir carne y fibra. Esa iniciativa ha sido propuesta por el Consejo Agrario de la Provincia de Santa Cruz, con una fuerte presión de parte de los productores que quieren reducir la presión de herbivoría silvestre para destinarla a la herbivoría doméstica. La iniciativa además está motorizada desde Nación por los Ministerios de Agroindustria y de Producción, de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, y de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, en acuerdo además con el INTI, el INTA, y con participación de otras instituciones y sector privado.

Varios investigadores con experiencia en manejo de especies silvestres y, especialmente en el guanaco, discutimos recientemente acerca de las condiciones necesarias para que un proyecto de esta naturaleza se lleve adelante. Estos proyectos deben integrar un proceso de aprendizaje orientado a resolver las incertidumbres, hoy existentes, acerca del aprovechamiento de la especie, mediante lo que se conoce como manejo adaptativo. Hacer y usar lo hecho para aprender y corregir. Este proceso debería desembocar en un desarrollo tecnológico de conocimiento aplicado al manejo del guanaco.

La experiencia en marcha parece discurrir más por extraer la mayor cantidad posible de animales, que por realizar una experiencia de la cual poder aprender. Existe una urgencia incomprensible en iniciar las operaciones en el mes de mayo, desoyendo el consejo de los científicos, manifestado por en diversos medios y foros. Varias debilidades han sido identificadas en esta iniciativa, entre las que puedo citar siete:

  1. La superabundancia del guanaco: Existen dos estimaciones que hablan de cerca de un millón de guanacos en Santa Cruz, una hecha en base a relevamientos del 2005 y otra del 2014 llevada a cabo por el INTA. Aún cuando este último relevamiento tiene falencias que lo tornan inútil para la toma de decisiones, en el mejor de los casos  la población se habría mantenido estable del 2005 al 2014.

  2. La superabundancia del guanaco parte 2: En todo caso, el guanaco recupera niveles poblacionales previos a la llegada de los herbívoros domésticos.

  3. La superabundancia del guanaco parte 3: En Argentina muere casi una persona por hora en accidentes de tránsito en promedio. La principal causa es sin duda el exceso de velocidad.  Por otro lado los guanacos son abundantes en algunos tramos de algunas rutas. Por lo tanto, medidas precautorias que alerten de esa situación, como cartelería, reducción de la velocidad, etc., pueden reducir el riesgo.

  4. Extraer guanacos para recuperar la receptividad de los campos (receptividad = cuánto tolera una superficie en números de cabezas de ganado o masa de herbívoros): Si se extraen los guanacos para poner más herbívoros domésticos, ¿cómo se recuperaría la receptividad? Además, las evaluaciones actuales de receptividad focalizan en lo que consume el ovino, desestimando lo que consume el guanaco y no consume el ovino. Debemos buscar nuevas maneras de medir la receptividad.

  5. Planificar las experiencias de extracción en estancias aisladas cuando el guanaco es una especie muy móvil. Si el día de mañana los guanacos se mueven de una estancia por el manejo realizado allí, la conclusión errada sería que esa estancia debería desestimar el aprovechamiento futuro.

  6. Extraer guanacos durante el otoño y el invierno, privilegiando capacidades “ociosas” en un frigorífico de Santa Cruz. Al extraer las hembras, se extraen tres individuos: la hembra, el feto en gestación y el chulengo que está al pie de esa hembra. La planificación de las extracciones deben contemplar la biología de la especie en cuestión si se pretende sustentabilidad.

  7. Promover el uso sin fortalecer la capacidad de fiscalizar por parte del estado provincial: el resultado es no poder aprender de la experiencia y derivar en un mercado negro de productos de guanaco, un incentivo perverso para argumentar que el uso sustentable del guanaco es imposible. Dado el carácter de recurso natural que debe ser administrado por el Estado provincial, el fortalecimiento de estas capacidades es indispensable para la sustentabilidad (biológica y social) del uso del guanaco.

  8. Avanzar sin considerar los riesgos de boicots derivados de organizaciones de la sociedad civil que defienden los derechos de los animales: El resultado puede ser “manchar” a la producción ovina con “sangre de guanaco”, con el impacto que eso puede tener para toda la producción ovina. Un verdadero boomerang.

Estas debilidades, y otras que se han identificado, hacen probable que una experiencia de aprendizaje mal diseñada concluya en desestimar el uso sustentable del guanaco. Una oportunidad perdida, y a partir de lo cual será difícil volver a plantear el uso sustentable de la especie. 

La complejidad y el desafío de aprender sobre el uso sustentable del guanaco requiere instancias de trabajo cooperativo entre la gestión, la investigación y el sector privado, estableciendo vínculos para desarrollar un programa a largo plazo de manejo y aprovechamiento sustentable, contribuyendo así al diseño de políticas públicas que lo habiliten, regulen y fiscalicen.

¿Y por casa cómo andamos? El guanaco está protegido en Tierra del Fuego (Ley 101). En 2012 la Legislatura Provincial sancionó la Ley 919 (Programa de manejo sustentable del guanaco), una copia textual  de la Ley 3039 de Santa Cruz del 2009 (si no me cree búsquela en Google) que no agrega nada al manejo de la especie. Entre otras cosas adolece de errores epistemológicos graves dado que habla de “planteles” al referirse a una especie silvestre.

En la actualidad trabajamos en conjunto con el Gobierno provincial para aportar dos elementos para el manejo de la especie. Mirando lo que han hecho en otros lugares del mundo, con creatividad y trabajo colaborativo, se puede avanzar. En concreto:

El guanaco es objeto de percepción disímil entre productores, desde aquellos que lo ven como un problema hasta quienes no lo ven como tal. Planeamos contrastar su percepción con un relevamiento poblacional hecho recientemente en buena parte de la Tierra del Fuego. Pensamos así acercar las percepciones de “mucho” o “poco” a datos duros.

La ruta 3 es escenario de encuentros, a veces fatales, entre guanacos y vehículos. ¿Cómo reducir el riesgo de colisiones? La zona de mayor riesgo abarca unos 60km desde la salida a la  ruta 18 y el norte de Punta María. Bajar la velocidad en ese tramo, de los 110 km/h del límite legal de velocidad a 80 km/h, agregaría 37 minutos a nuestro viaje, y aumentaría nuestra probabilidad de reaccionar ante un guanaco. 37 minutos vs cuatro patas en el parabrisas: la ecuación no parece muy difícil. Por otro lado, estamos trabajando en una aplicación para que los conductores denuncien sus avistajes de guanacos a lo largo de la ruta y mantener así un mapa “vivo” que avisa de los guanacos observados en las últimas horas antes que un conductor salga de Tolhuin o de Rio Grande. Otra idea (no analizada aún) sería generar un “mapa del miedo” en los guanacos apostados en la ruta, mediante acción directa. Sin embargo, eso requiere de recursos humanos y materiales permanentes.

El aprovechamiento de  una especie silvestre es posible. Lo hemos hecho y lo hacemos desde antes de caminar en dos patas, y en ese proceso aprendimos mucho sobre qué hacer y sobre qué no hacer. También hemos aprendido que es mejor manejar agendas propias y no salir corriendo a imitar experiencia ajenas.

Hace unos meses, un funcionario provincial me planteó que “había que hacer algo con el guanaco”, porque Santa Cruz estaba iniciando la cosecha, y porque “había que darle alternativas a los productores”. Mi respuesta fue que si el gobierno quería ayudar a los productores agropecuarios, en vez de meterse en un emprendimiento lleno de incertidumbres y riesgos como la extracción de guanacos, podía avanzar en tres cosas factibles: controlar el cuatrerismo, garantizar las comunicaciones (rutas y puentes) y permitir el acceso a telefonía celular e Internet a todos los establecimientos. Si a eso le agregamos la reducción del daño por perros asilvestrados, estaríamos mejorando mucho más las condiciones de la producción agropecuaria que intentando cosechar guanacos.

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