martes 22 de mayo de 2018 - Edición Nº181
Dar la palabra » Política » 8 may 2018

Entre montañistas y el G20

Sherpas de acá y sherpas de allá (por Adrián Camerano)

Hace algunas horas nada más, mientras se escribía este artículo, los sherpas habitaron dos de los lugares más bellos del planeta: el Monte Everest, en la frontera entre China y Nepal, y la ciudad de Ushuaia, en nuestra Tierra del Fuego. Identificarse con unos u otros sherpas puede decir mucho acerca de qué madera estamos hechos.


Hace algunas horas nada más, mientras se escribía este artículo, los sherpas habitaron dos de los lugares más bellos del planeta: el Monte Everest, en la frontera entre China y Nepal, y la ciudad de Ushuaia, en nuestra Tierra del Fuego.

El primer caso no es noticia: hubo un sherpa en la cima de la montaña más alta del globo ya en 1953, en la primera y heroica ascensión. El hombre se llamó Tenzig Norga, cedió el honor de pisar cumbre primero a su jefe, el inglés Edmund Hillary, y hasta fue nombrado caballero británico. A partir de aquel día glorioso, fue una constante la presencia de estos orientales en las expediciones al Everest, siempre como empleados de andinistas con ganas de entrar al Guinnes.

Nadie puede trepar allí y hacer cima sin un sherpa al lado.

El segundo caso es bien distinto: de golpe y porrazo nos enteramos que algún ocurrente bautizó “sherpas” a los funcionarios del G-20 que recorren Ushuaia y sus alrededores.

Enumerar las diferencias entre unos y otros nos llevaría más tiempo del que contamos. Sí vale decir que los “sherpas” que recorren el extremo sur de la isla conocieron el trencito turístico, pasearon por Bahía Lapataia y hasta tuvieron un cóctel con la gobernadora Rosana Bertone. Leo por ahí que los enviados por los gobiernos más poderosos de un mundo cada vez más desigual e injusto “almorzaron un ceviche hecho con pesca del día, variedad de carnes a la parrilla y ragú de cordero, acompañados por vinos de bodegas de la región de Cuyo. Las distintas comidas también incluyen empanadas, una selección de embutidos y postres argentinos como flan casero, chocotorta, tarta de dulce de leche y coco, y rogel”.

Mientras en Ushuaia se digería la panzada, a 16.418 kilómetros de distancia los otros sherpas  combatían el frío extremo y la altura de montaña con su dieta habitual de arroz y legumbres, regada con agua que recogieron por el camino y que debió ser hervida para arrimar al estatus de potabilizada.

Como viven desde hace siglos a más de 4000 metros de altura, estos hombrecitos de las nieves tienen una fisiología que administra mejor el oxígeno y les permite generar un 30 por ciento más de energía. Así, estos tibetanos no tienen necesidad de utilizar oxígeno envasado para hacer cumbre, y son los únicos que pueden guiar a los deportistas a la cima más alta del planeta.

Pese a ello, no la tienen fácil: las vías de ascenso al Everest están jalonadas de sherpas muertos, víctimas anónimas de la aventura mayor que pueda realizarse sobre la corteza terrestre.

Así está el mundo hoy: unos sherpas con todo pago aprovechando un hueco en la agenda oficial para conocer el fin del mundo, otros homónimos cargando decenas de kilos ajenos a 8 mil metros de altura, por 20 euros diarios.

En la película “La sociedad de los poetas muertos”, el australiano Peter Weir postuló que "el mundo se divide entre quienes se quedan sentados, por miedo a moverse, y quienes se alzan dispuestos a ver la realidad desde más alto”.

Identificarse con unos u otros sherpas puede decir mucho acerca de qué madera estamos hechos.

 

(*) Periodista

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