martes 17 de julio de 2018 - Edición Nº237
Dar la palabra » Medio Ambiente » 1 may 2018

Debate por el Corredor del Beagle

Deconstruyendo el corredor (charla de café) (Por C. Zampatti)

—¿Viste qué bueno? Por fin van a construir el Corredor del Beagle, desde Ushuaia hasta cabo San Pío. Que, entre paréntesis, no tengo ni puta idea dónde queda. —¿Qué le ves de bueno? Van a hacer mierda todo. —¿Cómo mierda todo? Va a permitir un acceso más rápido y fácil a Almanza y a los emprendimientos costeros. —Sí, pero vamos a reventar yacimientos arqueológicos que tienen más de siete mil años de antigüedad. —Bueno, supongo que eso está estudiado.


—¿Viste qué bueno? Por fin van a construir el Corredor del Beagle, desde Ushuaia hasta cabo San Pío. Que, entre paréntesis, no tengo ni puta idea dónde queda.

—¿Qué le ves de bueno? Van a hacer mierda todo.

—¿Cómo mierda todo? Va a permitir un acceso más rápido y fácil a Almanza y a los emprendimientos costeros.

—Sí, pero vamos a reventar yacimientos arqueológicos que tienen más de siete mil años de antigüedad.

—Bueno, supongo que eso está estudiado.

—¿Estudiado? ¿En qué parte de Noruega creés que estás viviendo? Todavía ni siquiera proyecto hay.

—Está bien, pero cuando hagan el proyecto, seguro que tendrán eso en cuenta, habrá mitigación y todas esas cosas. Además, los beneficios económicos…

—¿Qué beneficios económicos? No me jodas. Pura especulación inmobiliaria. Y ni qué hablar de la especulación política.

—Che, bajá un cambio. Es un proyecto turístico de primera: va a ser una ruta escénica de la puta madre. ¿Te imaginás las vistas al canal Beagle?

—¿Van a ser mejores que las que ya tenemos?

—No sé si mejores, pero sí distintas. El canal se verá desde otras perspectivas y servirá además para descongestionar los tradicionales circuitos turísticos. Lapataia, por ejemplo, que cuando llega un crucero se hace imposible llegar hasta allá sin tragar toneladas de tierra.

—El tema es el costo que hay que pagar. Vamos a endeudar media provincia.

—¿Cómo el costo? Es normal, más o menos lo que sale una ruta de montaña.

—Sí. Mil setecientos millones de pesos. Ochenta y cinco palos verdes para 132 kilómetros. Algo así como 640 mil dólares el kilómetro. ¿No te parece mucho?

—Y… qué sé yo.

—Te doy una pista: la pavimentación de 35 kilómetros de la ruta 3, desde Ushuaia a Rancho Hambre, en 1998/99, costó 20 palos verdes. 570 mil dólares el kilómetro para movimiento de suelos (hubo que hacerla casi de nuevo) y pavimento.

—Bueno, pero el dólar de hace veinte años no es el mismo de ahora. Recargale la inflación de los gringos; qué sé yo, pensá en un 20%.

—Tal vez, pero además sobró guita. Con eso pavimentaron la Alem e hicieron el camino a Playa Larga, desde el Olivia hasta Escarpados.

—Bueno, pero los tiempos cambiaron.

—La licitó Menem, ¿te dice algo?

—Son otras épocas. Además, en ésta hay que hacer muchos kilómetros de ruta nueva, en donde no hay nada abierto, ni siquiera una huella.

—Sólo 47 kilómetros de los 132. Un 35%. Poco más de la tercera parte.

—Sí, bueno. Lo que quieras. Pero para el desarrollo económico de toda esa zona va a ser importante.

—Sí, claro. Y se llenaría la costa de intrusos, como la ruta J.

—Está bien, pero algún día vamos a tener que aprender a que eso no se debe hacer.

—¿No me digas? ¿En serio? Lo vengo escuchando desde que llegué a la Isla, hace más de treinta años.

—Lo que es cierto es que necesitamos desarrollo económico. No podemos vivir siempre con las fábricas de la 19.640. Debemos explotar nuestros recursos naturales.

—Todo suena muy lindo cuando lo parlan los políticos, pero en la práctica la cosa es distinta. ¿Alguien calculó los daños ambientales de semejante obra?

—No se puede hacer una tortilla sin romper huevos.

—Y, además, una vez que esté abierta, a algún iluminado se le va a ocurrir la idea de crear nuevos centros poblados. En Punta Segunda, por ejemplo.

—¿Y por qué no? Ushuaia ya está saturada. ¿O te parece mejor que sigamos avanzando hacia la montaña? Si ya estamos trepando el Susana.

—Pasa que sobra gente acá. Habría que limitar la cantidad de habitantes.

—¿Y cómo vas a hacer? ¿A quién vas a echar? ¿Por orden de antigüedad? ¿Quién tiene el fueguinómetro para decidir quién se puede quedar y quién no?

—Todo lo hicimos mal. Desde que creamos el presidio. ¿No viste las fotos viejas, de hace un siglo? El bosque llegaba hasta la bahía. Ahora, para hacer la ruta, desmontaremos muchas hectáreas de bosques e intervendremos kilómetros de costas, vírgenes de la maldad y la desidia humana.

—Todo lo que se haga tiene un costo ambiental, es inevitable. El tema es saber minimizarlo. Algún día tendremos que comenzar a hacer las cosas bien. ¿Por qué no pensar que ésta puede ser nuestra oportunidad?

—¿Y por qué pensar que, si siempre hicimos las cosas mal, en esta ocasión la vamos a hacer mejor? Muchas especies se han perdido y si seguimos así, muchas más desaparecerán. Debemos salvar el planeta.

—¿De quién?

—De nosotros. Queremos eliminar a los castores, pero nosotros somos más nocivos que ellos.

—Los castores crean lagunas, desvían chorrillos, inundan y matan hectáreas de bosques…

—Exacto. Tal como lo vamos a hacer nosotros con esta ruta. Queremos erradicar los castores, ¿no sería mejor erradicarnos nosotros?

—¿No se te está yendo un poco la mano?

—Lo que quiero decir es que no hay un plan de manejo.

—Cuando esté la ruta van a poder manejar los que tienen carné.

—No hagas chistes boludos. Estoy hablando de que no hay un manejo ambiental. ¿Hicieron un estudio de impacto ambiental? ¿Fueron consultados los de la colina dorada? ¿Le preguntaron a los propietarios de las tierras? ¿Va a ser para tránsito liviano o camiones? Qué sé yo, viejo, esta ruta es pura improvisación.

—Pero fijate que se va a cerrar un circuito entre esta ruta, con la jota y la tres: Ushuaia-Almanza-Rancho Hambre-Cerro Castor-Ushuaia.

—Sí. Va a estar bueno para que vayan de noche a chupar cerveza y tirar las botellas por la ventanilla, como en Playa Larga y el camino al Martial.

—Bueno, qué sé yo. Veámosle la parte positiva: al menos licitaron un paquete de buenas intenciones.

—Por 1.700 palos.

—Está bien, por ahí es caro, ¿cómo saberlo? Y la obra puede terminar en cualquier cosa. Pero una de las alternativas es que termine bien. Apostemos a eso.

—Tal vez eso suceda, pero sería una anormalidad.

—¿Qué cosa?

—Que una obra pública termine bien. Mirá a lo que nos han acostumbrado nuestros gobernantes. Rutas sin terminar… algunas, incluso, ni siquiera las empezaron.

—Basta, ya me cansaste. Me tenés aburrido con tu mala onda.

—Y vos a mí con tu candidez galopante.

—Se te enfrió el café.

—Y a vos se te calentó la tónica.

 

 

(Por Carlos Zampatti)

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