lunes 24 de septiembre de 2018 - Edición Nº306
Dar la palabra » Cultura » 19 abr 2018

El arte de comer en el trabajo

Bitácora gorda: la vianda (por María Fernanda Rossi)

Cosa compleja para resolver es el almuerzo cuando trabajamos lejos de casa. Lo peor es el enorme riesgo de terminar comiendo cualquier porquería-no-saludable al paso, rápida y barata. Todo porque somos desorganizados o porque queremos evitar el momento de viajar en el transporte público con el pescado en la cartera.


Cosa compleja para resolver es el almuerzo cuando trabajamos lejos de casa.

Lo peor es el enorme riesgo de terminar comiendo cualquier porquería-no-saludable al paso, rápida y barata. Todo porque somos desorganizados o porque queremos evitar el momento de viajar en el transporte público con el pescado en la cartera.

Que si hace frío y quiero comida caliente. Que si hace calor y la vianda me llega arruinada. Siempre tenemos una excusa para terminar comprando entre todos una docena de empanadas (o dos. O varias).

Empiezan a aparecer las excusas que están perfectamente aceitadas como: "mañana sí o sí me traigo vianda, hoy ya fue, tampoco me puedo morir de hambre".

Y mi favorita "es que hacer dieta/comer sano es tan caro". Claro, porque comprar el menú de la esquina cinco días a la semana es una cosa baratísima…

Lo primero que tenés que hacer es conseguir un recipiente hermético práctico y que tenga un tamaño justo para respetar porciones. Ideal sería tener un bolsito térmico para que la comida se conserve mejor, pero sino la bolsita reutilizable del supermercado será una gran aliada. Funciona perfecto, no hay excusa.

SPOILER ALERT: ahora que está tan de moda poner cualquier cosa en un frasco te cuento que es una opción muy efectiva que podés tener en cuenta si hay algunos en tu casa y querés evitar el gasto del tupper.

En segundo lugar armate un menú (lo podés cambiar cada 15 o 30 días así no te aburrís). Yo intento preparar lo que voy a comer durante la semana, el domingo; así no tengo excusa después con que se me hace tarde, tengo fiaca, no tengo ganas o lo que fuere. Cada uno encuentra la forma que le quede más práctica.

En el menú podés incluir de todo: carnes, ya sea roja, pollo o pescado *NO CALIENTES EL PESCADO EN EL MICROONDAS DEL TRABAJO, SÉ SOLIDARIO CON TUS COMPAÑEROS*, verduras crudas o cocidas, tartas, crepes, ensalada con pasta fría (y si estás siguiendo un régimen no te olvides de siempre prestarle atención a las recomendaciones de tu nutricionista).

Muy importante también es agregar a la vianda algo dulce para después: fruta, ensalada de fruta, gelatina, yogur, una barrita de chocolate amargo. Tener a mano una opción de postre es fundamental, porque si no es la excusa perfecta para "bajo al kiosco, ¿alguien quiere algo?" y chau, te comiste un alfajor triple.

"Ay pero que paja volver con el tupper vacío después". Bueno, lo siento. No puedo solucionarles todo.

Eso sí, cuando a fin de mes saquen la cuenta de todo lo que ahorraron al dejar de comprar comida hecha y todo lo que se colaboró para mantener una alimentación saludable, pueden recordar esta humilde columna con una sonrisa.

Por último y no menos importante: en la medida de lo posible sentate a comer con tranquilidad. Si podés no comer en tu lugar de trabajo, mucho mejor.

Hagamos del momento de la comida una experiencia placentera y no una tortura con la que solo hay que cumplir.

 

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