lunes 24 de septiembre de 2018 - Edición Nº306
Dar la palabra » Política » 27 mar 2018

Columna especial de Dar la Palabra

Atrévete a saber: Para qué sirve la filosofía (por Pablo Sulima)

Ése será el propósito de aquellas palabras que serán publicadas periódicamente en esta columna. A partir de ciertos hechos de actualidad, trataremos de expresar una postura que sea tan abierta, honesta y lúcida como sea posible. Analizaremos y cuestionaremos las formas tradicionales de entender la realidad, desafiaremos lugares comunes, propondremos nuevas formas de pensar y de actuar.


En la introducción a su obra sobre Nietzsche, el filósofo francés Gilles Deleuze afirma lo siguiente respecto al cuestionamiento de la utilidad de la filosofía: “Cuando alguien pregunta para qué sirve la filosofía, la respuesta debe ser agresiva, ya que la pregunta se tiene por irónica y mordaz. La filosofía no sirve ni al Estado ni a la Iglesia, que tienen otras preocupaciones. No sirve a ningún poder establecido. La filosofía sirve para entristecer. Una filosofía que no entristece o no contraría a nadie no es filosofía. Sirve para detestar la estupidez, hace de la estupidez una cosa vergonzosa. Sólo tiene éste uso: denunciar la bajeza del pensamiento en todas sus formas”. Y poco más adelante dice que su propósito es “hacer hombres libres, es decir, hacer hombres que no confundan los fines de la cultura con el provecho del Estado, la Moral o la Religión”.

Ése será el propósito de aquellas palabras que serán publicadas periódicamente en esta columna. A partir de ciertos hechos de actualidad, trataremos de expresar una postura que sea tan abierta, honesta y lúcida como sea posible.

Analizaremos y cuestionaremos las formas tradicionales de entender la realidad, desafiaremos lugares comunes, propondremos nuevas formas de pensar y de actuar.

Por supuesto, hablaremos de política, de economía, de cultura. Del pasado y del futuro. De nuestras grandezas y nuestras bajezas. De nuestros héroes y nuestros villanos. De nuestros padres y de nuestros hijos. Hablaremos de Tierra del Fuego, de Argentina y del mundo.

Alguna vez le preguntaron a Aristóteles sobre los motivos de sus críticas a la filosofía de Platón, quien había sido su maestro en vida. Su respuesta fue la siguiente: “Soy amigo de Platón, pero más amigo de la verdad”.

Pocas anécdotas reflejan tan bien el sentido de lo que pretendemos hacer aquí. Es probable que haya gente que se sienta molesta, ofendida, ridiculizada con las cosas que digamos. La razón es clara: muchas veces la verdad duele, ofende y deja en evidencia, pero no deja de ser necesaria si pretendemos construir un mundo mejor. No se cura a un enfermo ocultándole su diagnóstico, el cual no cambia por mucho que se pueda sentir ofendido o atacado.

Nietzsche decía que el valor de un hombre está dado por la cantidad de verdad que éste puede soportar. En un mundo en el que se exaltan socialmente la vanidad y el orgullo,  una verdad que va en contra de nuestros deseos y expectativas es un golpe que suele ser demasiado difícil de asimilar.

Pero se trata, de una vez, de un síntoma de madurez, de asumir esa especie de “mayoría de edad” que reclamaba Immanuel Kant a la sociedad de su época, sintetizada en la frase Sapere aude (“atrévete a saber”).

Porque estamos, en este momento de la historia, frente a un escenario sin ningún tipo de precedentes en nuestra historia como especie. El calentamiento global, la superpoblación humana (y la consecuente sobreexplotación de recursos), los avances en inteligencia artificial, la aparición de internet… son sólo algunos hechos que están transformando el mundo de manera inédita, y pareciera que tanto la política como la economía no estarían sabiendo muy bien cómo enfrentarlos.

De esas cosas hablaremos en este lugar.

Sapere aude, estimado lector.

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