viernes 14 de diciembre de 2018 - Edición Nº387
Dar la palabra » Política » 10 mar 2018

La evolución de la lucha feminista

Del #NiUnaMenos a la construcción de consensos (Por Luz Scarpati)

El 3 de junio de 2015 nació el #NiUnaMenos -fuertemente motorizado a través de las redes sociales- como una pulsión de las mujeres hartas de la violencia extrema. Salimos a pedir algo básico: dejen de matarnos, dejen de violarnos.Y ese movimiento amorfo, comenzó a darle forma a los reclamos. Y del “no me mates”, derivamos a “la soberanía de nuestros cuerpos”


 

Los movimientos feministas tienen una larga trayectoria en el mundo y en la Argentina. Basta con recordar a Julieta Lanteri, quien en 1911 decidió que tenía derecho a elegir a sus representantes y ese mismo año se convirtió en la primera mujer sufragista de nuestra historia.

Pero el patriarcado es -entre muchas cosas- caprichoso, y cambió la norma para excluirla. Julieta le puso el cuerpo al voto femenino y después de muchas peleas, también se convirtió en la primera mujer candidata de Argentina, en 1920. Pocos conocen la vida de la doctora, pero la Historia ¿quién la escribe?

El año pasado, el Congreso Nacional sancionó la ley de paridad de género. Tuvieron que pasar 107 años para lograr la equidad en la representación política. Muchas Julietas y muchas Evas. Y todavía hay organismos que se resisten, como el Concejo Deliberante de Ushuaia.

El 8 de marzo fue institucionalizado como “Día Internacional de la Mujer” por la ONU en 1975. Y la verdad es que nos cagaron. Porque el patriarcado, además de caprichoso, es hábil y absorbe ciertos discursos que buscan subvertir el orden establecido y los transforman en funcionales. Así las cosas, nos quitaron un día de reflexión en homenaje a las mujeres trabajadoras que luchan por sus derechos, por chocolates y flores.

Pero, como Julieta, a la igualdad le ponemos el cuerpo, porque si hay algo que aprendió el movimiento feminista en todos estos años de lucha, es a insistir. Entonces, insistimos.

El 3 de junio de 2015 nació el #NiUnaMenos -fuertemente motorizado a través de las redes sociales- como una pulsión de las mujeres hartas de la violencia extrema. Salimos a pedir algo básico: dejen de matarnos, dejen de violarnos. Feministas de la primera hora, se encontraron con mujeres sindicales y referentes partidarias, con amas de casa, con empleadas domésticas, con ingenieras, con niñas y adolescentes, con periodistas, con médicas, con maestras, con abuelas... Y empezaron a hablar entre ellas, porque el cuerpo en la calle motiva al encuentro y el encuentro a la pregunta y la pregunta a la reflexión. Punto en contra para la hiperconectividad.

Entonces, ese movimiento amorfo, comenzó a darle forma a los reclamos. Y del “no me mates”, derivamos a “la soberanía de nuestros cuerpos”. Y al Estado no le quedó más remedio que hacerse eco de las demandas de las mujeres, porque hoy no hay ningún movimiento que congregue tanta gente como la que vimos en las diferentes plazas del país este 8 de marzo. Aunque el Estado siempre llega tarde, y ese tiempo que se toma le cuesta su vida a muchas mujeres.

La discusión que estuvo postergada desde el regreso de la democracia hasta ahora, tiene que ver con la legalización del aborto. En 2015, en la primera marcha de #NiUnaMenos, algunas con mayor o menor vehemencia lo sugerían. Este 8 de marzo lo gritamos todas. Vale la pena decir que esta es la 7ma vez que se presenta la iniciativa y que pareciera que esta vez el tema será discutido en el recinto. También, tenemos que recordar que la campaña nacional por el aborto legal, seguro y gratuito, tiene 13 años, repito, el feminismo sabe de insistencias.

Algunos de los datos concretos que tenemos sobre el tema son: que aproximadamente 500 mil mujeres abortan al año. Que 47 mueren por abortos no seguros. Y que son las más pobres. Sabemos, entonces que hay clínicas privadas que lucran con el secreto y que lo pagan las pobres con la vida o con la cárcel. Sabemos que es un tema exclusivo a las personas con capacidad de gestar. No es un tema de las creencias religiosas, ni de la ciencia. Es un tema de la política; quienes integran el Congreso Nacional deberían preguntarse, si están de acuerdo con que las mujeres mueran por abortos clandestinos. Y hasta que resuelvan esa pregunta la sangre de esas mujeres, está también en sus manos.

Lo otro que deben saber, es que la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo, será legal en Argentina, tal vez este año, tal vez dentro de 15, lo que deriva en el segundo planteo hacia los congresales: ¿qué lugar en la historia quieren ocupar?

Hoy recuperamos nuestro 8 de marzo. Nos empoderamos, reclamamos por nuestros derechos, dejando flores y bombones de lado, y le gritamos al Congreso que despenalice el aborto. Haber llegado hasta acá con la agenda feminista, es un logro de las mujeres que se basa en la capacidad de construir consensos de forma horizontal.

Las pulsiones en la calle, son absolutamente necesarias, como dije al comienzo del artículo, pero es el sostenimiento de los espacios, el debate constante y la formación, lo que permite deconstruirnos, para pensar en qué rasgos tiene que tener una sociedad más justa e igualitaria.

Desde el feminismo entendimos, que esa sociedad debe contar con que el aborto sea, legal, seguro, libre y gratuito.

NEWSLETTER

Suscríbase a nuestro boletín de noticias

OPINIÓN